Michael Jordan, Matt Doherty, Sam Perkins y Dean Smith en North Carolina. Foto Charles Cooper
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De la Universidad seguían saliendo excelentes jugadores, pero el título no llegaba y los más escépticos ponían en cuarentena el programa de Smith, tras seis apariciones en la Final Four y tres finales perdidas; las últimas ante Marquette en la campaña 76-77 y ante la Indiana de Bobby Knight e Isiah Thomas, que les metió 19 de sus 23 puntos en la segunda parte, en la 80-81.

Tras veintiún años Dean obtuvo su premio en la temporada 81-82. La escrupulosa selección de jugadores (alguno se le escapó como Danny Ferry que acabó en Duke) que siempre llevaba a cabo hizo diana ese año. Como nos contaba después de un clinic en el Colegio Joyfe uno de sus entonces ayudantes, un doble del actor Samuel L. Jackson que dominaba cinco idiomas y que hablaba con la gracia de un chulapo de Chamberí, los primeros informes sobre (cuyo jugador predilecto era David Thompson de la contigua State) fueron más bien modestos y no le fue tan fácil destacar entre los cuatrocientos chicos de toda la nación que acudieron a las pruebas. Es más, sobre los jugadores que llegaron al proceso final, votaban cinco entrenadores y el resultado que obtuvo El Hijo del Viento fue de 1 a 4 en su contra. Ya, pero el sufragio favorable fue el del Coach Jefe, , que decidió reclutarlo. Dónde manda patrón no manda marinero. Aún así, comenzada la campaña, la revista Sports Illustrated requirió al entrenador Smith una sesión de de su quinteto titular. En el reportaje solo aparecieron cuatro. Dean había prohibido al debutante Jordan acudir: “Todavía no has hecho nada para salir en la portada de una revista. No todavía”, le explicó.

Y a fe que Michael respondió a la confianza que sobre él había depositado su entrenador otorgándole la plaza de Al Wood que había marchado a la . Con un equipo muy corto, donde Sam Perkins y Worthy eran las figuras, salvaron las semifinales ante la Universidad de Houston de los Olajuwon, Drexler, Micheaux o Young y se plantaron en la gran final. La rival, la Georgetown entrenada por John Thompson y comandada por Pat Ewing y Eric “Sleepy” Floyd. Más de 60.000 personas en el Superdome de Nueva Orleans contemplaron una de las finales colegiales más recordadas, que decidió un en suspensión de foto a falta de 16 segundos del gran Michael Jordan en una jugada preparada por el Smith. “Mételo” le había murmurado a la salida del tiempo muerto. “Él puede hacerlo todo”, le alababa ante los medios. “Has anotado el mejor de tu carrera”, le comentó su compañero Buzz Petersen a Michael. A lo que éste respondió “el tiempo lo dirá”.

En el 93, Dean (el decano, traducido su nombre de pila al castellano) Smith volvió a cortar las redes con un grupo de jugadores más discreto que en anteriores citas, pero que formaron una piña para llegar al récord de victorias del Colegio (34) y cargarse contra pronóstico a los Fabulous Five de Michigan University, de los excepcionales Chris Webber, Juwan Howard o Jalen Rose que luego triunfarían como profesionales. Webber cometió un error histórico al solicitar un tiempo muerto cuando el cupo estaba agotado. La técnica con los tiros libres convertidos por Donald Williams finiquitó el partido, en la primera fase final que dio Canal Plus. Al inicio de la temporada el entrenador había retado a sus jugadores, entregándoles una foto de la cancha donde se jugaría la final, que era la misma del último trofeo once años antes. ¿Premonitorio? El título supuso el culmen de una década de los noventa inolvidable con seis comparecencias en la Final Four.

 

Por Juan Pablo Bravo
Contraataquede11.com

Foto: Herald Sun. Charles Cooper

Publicada el: 5 diciembre 14:08 pm