Tristemente vemos como cada fin de semana se producen, en partidos de fútbol de categorías inferiores, peleas y enfrentamientos entre padres y jugadores. Surgen entonces las preguntas sobre qué tipo de educación están recibiendo los jóvenes y sobre los valores que se están inculcando son los correctos.

Muy pocas veces se ve a un entrenador de hablar tan claro y poner los puntos sobre las íes como lo hizo Geno Auriemma, entrenador del femenino de la UConn. Después de clasificar a su para la Four de la NCAA y batir el récord de victorias en la competición (113), no dudó a la hora de afirmar que cada vez le resulta más difícil “reclutar a jóvenes con entusiasmo, porque todos ven en la televisión o y ven a los jugadores de forma fría y distante”. Ese es el espejo en el que se miran los jóvenes y creen que “así es como tienen que ”. Nada más lejos de la realidad, porque lo que tienen que hacer es “amar la vida, el y alegrarse cuando sus compañeros hacen algo bien, pero eso es lo complicado”.

Ese comportamiento pasa por el egoísmo que se vive en la sociedad actual, en la que los jugadores “sólo piensan en sí mismos y en si «yo no he anotado, ¿por qué voy a estar contento?», ya que si no están metiendo puntos, sus padres les van a chillar”. Por eso, Auriemma reconoce que no permite a sus jugadoras “pensar sólo en sí mismas y salirse con la suya, ellas saben que cuando miro después los partidos me fijo en el banquillo y si alguien está dormido ahí, si a alguien no le interesa lo que está pasando en la pista, si alguien no está comprometido con el juego no va a volver a jugar”.

Pero, ¿por qué ahora se llegan a estas situaciones? Ex jugadores profesionales como José Beirán o Joe Llorente creen que ahora los padres “siguen más a sus hijos y van a ver los entrenamientos y partidos, participando más en la actividad”, algo que en su etapa como jugadores no pasaba. Lo que conlleva una mayor presión para los jóvenes que están sometidos al examen constante por parte de sus progenitores.

Lo importante es que los valores que promueve el deporte que elijan los jóvenes vayan acorde con los que sus padres les intentan inculcar o, por lo menos, que los complementen y no los contradigan. También es importante no sólo el deporte que practiquen sino también dónde lo practican. En función de los valores que les quieran inculcar no es lo mismo que lo hagan en un club o colegio más ambiciosos que en otros que quieren impulsar la práctica deportiva.

Uno de los valores que más se está perdiendo, desgraciadamente, es el del compromiso, tanto por parte de los padres como de los hijos. Si participan de un equipo de baloncesto y se antepone cualquier actividad a los entrenamientos o partidos, aunque no se den cuenta, están fastidiando a sus compañeros. A cuántos no os ha faltado un jugador por un cumpleaños o comida familiar. El problema ya no es que eso suceda un día puntual sino que los padres como castigo a sus hijos por las notas o por su comportamiento les quiten una temporada de ir a entrenar. Como en todo, habrá opiniones para todos los gustos, si nos preguntan a los , diríamos que hacen mal castigándoles, pero sería bueno que lo meditasen bien y ver en qué favorece quitarles el baloncesto y cuáles son los inconvenientes tanto individuales como colectivos.

Por último, el deporte sirve, en contra de lo que piensan muchos, para que los jugadores se planifiquen mejor, tengan una disciplina y una responsabilidad. De ahí que cuando oímos a algunos padres decir que sus hijos dejan de jugar porque no les da tiempo a compaginarlo con los estudios, hay que preguntarse cómo organizan su tiempo. El pasar toda la tarde en casa no es equivalente a que la van a aprovechar entera para estudiar, siempre encontrarán una distracción en la televisión, el móvil o la videoconsola. Compaginar los estudios y el deporte les servirá para economizar su tiempo y organizarse mejor en el día a día.

 

Por Prada
Entrenador superior de baloncesto. Periodista
Gabinete técnico JGBasket

Publicada el: 30 Mar de @ 21:31