Es muy común oír a los entrenadores antes de un choque que la clave para llevarse el triunfo es dominar el ritmo de partido, pero ¿cómo se controla?, ¿se puede trabajar durante la semana?, ¿siempre nos conviene el mismo o depende del rival?

Desde JGBasket intentaremos dar respuesta a estas preguntas y facilitar al la labor de escoger el ritmo que más le convenga. Para empezar debemos de conocer bien a nuestros jugadores, no podemos imponer un ritmo si no se adapta a las características de nuestro equipo. También hay que tener en cuenta las del rival, pero siempre priorizando las nuestras, ya que adaptarnos al contrario nos puede suponer un perjuicio mayor.

Si contamos con un equipo pequeño, lo que mejor le puede venir a nuestro juego es un ritmo rápido. Parece lógico, pero vamos a intentar explicar el por qué. Normalmente, los equipos con jugadores grandes suelen ser más lentos y les cuesta más hacer el balance defensivo. Por lo tanto, si nuestro equipo carece de centímetros, tenemos más opciones de poder generar ventajas si corremos. Además, si conseguimos que no lleguen a colocarse en defensa, tendremos la oportunidad de finalizar cerca de canasta, ya que los jugadores grandes no estarán en posiciones cercanas al aro, impidiendo tiros cómodos desde la pintura.

Nos estamos centrando en el ataque, pero el ritmo de partido se controla desde la defensa, ya que si nos anotan con facilidad o tenemos una defensa endeble nunca vamos a poder correr y poner en aprietos al rival. Siguiendo con la idea de que tenemos un equipo bajo, nos interesa acelerar el partido. Por lo tanto, si el contrario juega cómodo, no estamos logrando nuestro objetivo. Para ello, es aconsejable subir la línea de defensa para tratar de que el rival se precipite y tome decisiones erróneas. Además, si nos ganan en altura, cuanto más lejos del aro se encuentren, menos oportunidades de segundas opciones tendrán.

Lo que es importante recalcar a nuestros jugadores es que un ritmo alto de juego no implica volverse locos. Muchas veces se confunde y los ataques se convierten en un auténtico caos, lo que genera pérdidas de balón o tiros precipitados.

Si por el contrario, lo que queremos es tener un ritmo más lento de juego, debido a que el físico de nuestros jugadores es inferior al rival, tenemos que tratar de ralentizar nuestros ataques y retrasar el juego del equipo contrario, contagiándoles de esa “apatía”. Las claves de cómo hacerlo, las veremos en el siguiente artículo, en el que abordaremos a fondo los trucos para tratar de conseguir cambiar el ritmo de un partido.

Rudy Fernández. Real Madrid.

Por
Entrenador superior de y periodista especialista en
Gabinete técnico JGBasket

Foto: ACB Photo/ A. Villalba

Publicada el: 16 diciembre 2013