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La necesidad de ganar la Copa de Europa obligó al Barça a dar un cambio de rumbo y Salvador Alemany, director de la sección de baloncesto, mandó a Aíto a los despachos y fichó a Maljkovic, pero la situación no mejoró y el serbio tampoco fue capaz de vencer en la de la Copa de Europa a la Jugoplastika. Es más, la tensión entre García Reneses y el entrenador fue en aumento, hasta tal punto que su relación es nula y, en sus enfrentamientos posteriores, ni se saludaron.

El experimento había salido mal y los azulgranas decidieron devolver la confianza a Aíto, en contra de la prensa y de muchos aficionados que no le veían capaz de guiar al Barcelona hacia la Copa de Europa. Además, en su regreso tomó la decisión de no contar con Solozábal, un estandarte del club, que abandonaba la disciplina para dejar espacio salarial para poder fichar a un tercer extranjero (Mike Jones).

Las tiranteces iban en aumento y al principio de temporada se vivió una situación rocambolesca. Su vuelta al banquillo azulgrana era criticada por los medios de y para evitar conflictos decidió no dar ruedas de prensa tras los partidos, pero la al cabo de tres jornadas le obligó. Aíto quiso dar un giro a la situación y se colocó de segundo entrenador, intercambiando su puesto con Quím Costa para que fuese éste el que diese las ruedas de prensa. En vez de encontrar el efecto deseado, la prensa se cebó más con él.

El Barça se encontraba un par de peldaños por debajo del Joventut –ganador de los dos últimos títulos ACB y subcampeón de Europa–. Con jugadores jóvenes y sin mucha experiencia (Montero, Galilea, Esteller…), Aíto tenía un gran reto por delante y para ello dotó a su plantilla de jugadores duros y rocosos como Quique Andreu, Salva Díez o Massenburg para hacer frente al de Sabonis –uno de los jugadores favoritos de Aíto–, a pesar de la teórica inferioridad, el Barça sólo tardó dos temporadas en conquistar la ACB, con Xavi Fernández y Middleton como . Dos títulos de Liga consecutivos más para devolver la hegemonía a los azulgranas.

Sólo faltaba la Copa de Europa y el Barça volvería a tener una nueva oportunidad en París. Delante ya no estaba la Jugoplastika, pero sí un viejo conocido, Bozidar Maljkovic, que, después de abandonar Barcelona, había sido capaz de hacer de al Limoges. Ahora dirigía a un Panathinaikos que se había convertido en uno de los nuevos ricos de Europa y se había hecho con los servicios de Dominique Wilkins. Pero si por algo se recuerda aquella final es por el tapón ilegal de Vrankovic a Montero que privó a los azulgranas de su primer título.

No sería su última oportunidad, ya que un año más tarde volvieron a disputar la final, esta vez su rival era el Olympiacos. La presión por ganar les pasó factura y despacharon uno de los peores partidos de su historia, no teniendo opción en ningún momento y viendo como otra vez la historia se repetía y les dejaba sin la gloria europea. Ese fue el punto de inflexión en el que muchos consideraron que Aíto nunca podría hacer al Barça campeón de Europa, poniéndole la vitola de gafe.

El técnico madrileño no estaba pasando por su mejor momento y las críticas eran continuas, de ahí que decidiese tomarse un año sabático para desconectar. Su amigo Manel Comas fue el elegido para sustituirle, pero sólo aguantó doce jornadas, los malos resultados hicieron que fuese destituido y su cargo lo ocupó Joan Montes, segundo entrenador azulgrana. No fue una buena campaña y Aíto ya había recuperado fuerzas para volver al banquillo.

Cuatro temporadas más en las que dio la alternativa a jugadores como y Pau , ganando dos Ligas ACB, una Copa del Rey y una Copa Korac. En su primera temporada, empezó jugando de alero por su físico, “era muy delgado y muy alto”, aunque su explosión llegó jugando de cuatro. Aíto fue crítico con la marcha de Pau a la al creer que no estaba preparado, pero el tiempo ha demostrado que se equivocó. El club hizo un gran esfuerzo económico en busca de la Copa de Europa y, en el de 2000, fichó a Rony Seikaly. Una estrella venida a menos, pero con la que se esperaba dar un salto de calidad al equipo. No hubo feeling entre ambos y Seikaly pasó sin pena ni gloria por el club azulgrana, rescindiendo su contrato antes de finalizar la temporada.

Tras quince años en el Barcelona y, después de ganar nueve ligas ACB, cuatro Copas del Rey, una Recopa y una Copa Korac, era el momento de poner punto y final a una relación en la que el crédito de García Reneses se había agotado ante los numerosos intentos fallidos por conquistar la Copa de Europa. Había que buscar una alternativa y para ello llegó Pesic, que, a la primera, ganó la Euroliga.

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete comunicación JGBasket

Foto: ACB Photo

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Un entrenador de leyenda (III). El gafe de la Copa de Europa, 5.0 out of 5 based on 1 rating