En la temporada más larga de la historia, llegó el decimoséptimo anillo para los Lakers, igualando a su eterno rival, los Boston Celtics y consiguiendo una década después y, tras seis temporadas sin pisar los playoffs, levantar el título para una franquicia que estaba sumida en la depresión y en la tristeza tras la muerte de Kobe Bryant, pero que, de nuevo, volvió a resurgir de sus cenizas para llegar a lo más alto.

Este ha sido, por encima de todos, el título de LeBron James. Es un jugador que te puede gustar más o menos, pero lo es innegable es que récord a récord, temporada tras temporada se ha colado entre las leyendas de la NBA. En Los Ángeles ha conseguido su cuarto anillo, con tres franquicias distintas –Miami, Cleveland y Lakers–, y siendo siempre protagonista, al ser el único que ha conseguido ser MVP de las Finales con los tres equipos. Algo inaudito.

Con esta victoria, LeBron, en solo dos temporadas, se ha hecho un hueco entre las grandes figuras que han vestido la camiseta púrpura y oro: George Mikan, Wilt Chamberlain, Jerry West, Elgin Baylor, Magic Johnson, Kareem Abdul-Jabbar, Kobe Bryant… Y otro que, si sigue así, no tardará en entrar en esta lista es Anthony Davis, que ha demostrado en su primera temporada, ser una estrella, siendo clave en la consecución del título y el complemento perfecto para el “Rey”.

Y ahora, centrémonos en la final. Los Lakers se impusieron por 4-2 a unos Miami Heat que han competido a un nivel altísimo, pero insuficiente para batir los angelinos. Las ausencias, en los primeros choques, de jugadores fundamentales como Dragic o Adebayo acabaron de dar la puntilla a un equipo que ha demostrado en esta burbuja de Orlando una gran versión y, a pesar de la derrota, pueden estar muy satisfechos.

Del 2-0 al 3-1. Llegaba el primer match ball –sirva de homenaje a Rafa Nadal– para los de Frank Vogel, un entrenador valiente que sí cogió el puesto que otros fueron rechazando y que dotó al equipo de una identidad defensiva que ha resultado esencial, que pudieron sentenciar el título, pero Danny Green tuvo el tiro ganador y falló. Los Heat todavía estaban vivos.

La derrota podía haber generado dudas en los Lakers, pero estas se disiparon completamente en dos cuartos (64-36 al descanso). A la habitual gran actuación de LeBron (28 puntos, 14 rebotes y 10 asistencias) y Davis (19 puntos y 15 rebotes) se sumó el renacido Rajon Rondo, el base ha hecho un final de temporada espectacular y aportó 19 puntos en el partido decisivo. Miami no merecía una derrota así y aprovechó la relajación angelina en el último cuarto para maquillar el resultado.

Los Lakers son, nuevamente, campeones. Con dos estrellas por encima del resto como LeBron y Davis, pocos apostaban que el resto de la plantilla estuviese a la altura, sobre todo con jugadores como Rondo o Howard que estaban ya en su ocaso, u otros como Caruso, Morris o Caldwell-Pope que no daban, precisamente, el perfil de secundarios de garantías. Caso aparte es Danny Green que no ha rendido como se esperaba, pero que ha vuelto a ser campeón, revalidando el título del año pasado con Toronto y sumándose a la exclusiva lista de campeones de la NBA con tres franquicias distintas que forman John Salley, Robert Horry y LeBron James.

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete técnico JGBasket

Fotos: NBA.com

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