Cuando uno iba ganando años de como en un club o en un colegio era habitual que las nuevas generaciones de técnicos lo tuviésemos como espejo en el que mirarnos, sobre todo a la hora de preparar los entrenamientos y elaborar diferentes . Desgraciadamente, ese interés se ha ido perdiendo con el paso de los años y son, cada vez menos, jóvenes que se quedan a ver entrenar a otros equipos de su club para aprender cualquier matiz que les sirviese para poner luego ellos en práctica.

El problema no viene por el desinterés que puedan tener sino por la inmediatez con la que tienen que hacerse cargo de los equipos. Hay algunos entrenadores que tienen que compaginar sus estudios de Bachiller con entrenar un e incluso muchos jugar ellos mismos. El tiempo es limitado y se están jugando su futuro académico por lo que bastante tienen con entrenar y dirigir los fines de semana.

Se les está dando una gran responsabilidad aunque, a veces, no nos demos cuenta. Nunca han entrenado, pero se pretende que formen jugadores, principalmente en benjamines y alevines, y que sirvan de ejemplo a un de unos, pongamos, 10 jugadores. La falta de entrenadores hace que, sobre todo, los colegios tengan que tirar de ellos. Cuando antes, por lo menos, se buscaba que estuviesen echando una mano a algún equipo con otro entrenador, más o menos veterano, para que se fuesen soltando, aprendiendo y ganando en tablas, principalmente, de cara a los más pequeños, porque hay a quien le cuesta soltarse en público y más con un grande.

Y, ¿por qué explicó esto? Porque, desde mi punto de vista, ha habido un considerable del nivel en categorías inferiores. Lógicamente sigue habiendo buenos equipos, bien entrenados, pero la diferencia entre los, digamos, del grupo de cabeza y el resto se ha ido ampliando. Las distancias cada vez son mayores y no solo en los resultados que, incluso, son menores, ya que algunas federaciones autonómicas han rebajado la barrera de puntos a la que se cierra el marcador, sino en el juego. Ver a jugadores alevines, que llevan algunos, mínimo, dos años jugando y no saben botar, es curioso.

Muchos entrenadores que empiezan creen que porque llevan jugando desde pequeños no necesitan preguntar y copian en su sesión de algunos ejercicios que hacen ellos en su equipo júnior, sin valorar que, por poner un ejemplo, hacer un contraataque de 11, en benjamines implica tener al menos 6 jugadores totalmente parados, sin contar que solo hay un balón para todos. Lo que supone que el más espabilado puede pasarse todo el tirando a canasta, mientras que unos cuantos compañeros no habrán tocado el balón durante el tiempo que dure.

Por eso, es importante el trabajo del coordinador o director técnico, que, además de marcar unas pautas a seguir, es bueno que se pasen por los entrenamientos para ver cómo se desenvuelven en la práctica sus entrenadores y, por supuesto, tratar de orientarles en su lenguaje, en su forma de explicar o si los ejercicios que realizan son más o menos idóneos para la categoría en la que entrenan. He visto clubes en la que a los entrenadores que empiezan les mandan que envíen sus sesiones de entrenamiento para ver lo que están haciendo y poder reconducirles, me parece una gran idea, pero tiene que estar refrendada con la presencia del coordinador en algún entrenamiento, porque es muy fácil reflejar un entrenamiento sobre el papel y que quede muy bien, pero a la hora de plasmarlo en la pista hay muchos factores que influyen y eso, solo se puede comprobar in situ.

Pero el problema no es solo la inexperiencia de los jóvenes entrenadores, muchas veces quieren hacer ejercicios de bote y no cuentan con el material suficiente porque entrenan cuatro equipos a la vez y hay quince para cuarenta jugadores. Sin contar que muchos colegios entrenan al aire libre y cuando llega el invierno y llueve o nieva, tienen que buscar gimnasios o soportales dentro de las propias instalaciones del colegio para poder llevar a cabo el entrenamiento.

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de
Gabinete técnico JGBasket