En una temporada en la que no eran los favoritos y más tras sus dos grandes batacazos después de dominar la liga regular en las últimas campañas, Milwaukee Bucks se ha coronado campeón de la NBA por segunda vez en su historia. De Oscar Robertson y Kareem Abdul-Jabbar a Anteto ha pasado medio siglo, pero ha merecido la pena.

Pocos pueden dudar de las condiciones físicas y técnicas de Antetokounmpo, pero ya eran muchos los que cuestionaban su capacidad para liderar una franquicia. El jugador griego, lejos de hundirse, mostró su carácter y su capacidad de trabajo y, aunque este verano podía ser agente libre, decidió seguir en Milwaukee y firmó en diciembre el contrato más caro de la historia de la NBA –228 millones de dólares por cinco años–. Una barbaridad que ahora tiene su recompensa.

Para ser campeón está claro que hace falta un poco de suerte y, sobre todo, saber sobreponerse a los problemas que vayan surgiendo. Ese quizá haya sido el gran cambio de estos Bucks. Desde el no triple de Durant que les hubiese dejado fuera en las semifinales de conferencia hasta el alcance de la lesión de Giannis que, vista una y otra vez, todavía es difícil de explicar cómo pudo volver a jugar solo una semana después.

Cuando peor pintaban las cosas en la final de conferencia, con la eliminatoria empatada a dos frente a Atlanta y sin el MVP de la temporada regular de 2019 y 2020, el equipo dio un paso al frente y jugadores como Middleton, Lopez, Holiday, Portis o Connaugthon fueron claves para lograr la victoria. Fue también la reivindicación de Budenholzer, muy cuestionado y cabeza de turco de los fracasos anteriores.

La final midió a dos equipos que, viendo la clasificación de la liga regular, podrían no entrar en las quinielas, pero esto es lo maravilloso del deporte, que los partidos para ganarlos, hay que jugarlos. El Big Four de Brooklyn Nets, que se fue mermando por las lesiones; la ambición de Utah tras su espectacular temporada; la consolidación de los Sixers; o el enésimo intento de los Clippers por dejar de ser la cenicienta de Los Ángeles; parecían apuestas seguras, pero, finalmente, el ganador saldría del duelo entre Bucks y Suns.

Los de Phoenix estaban a un paso de hacer historia y confiaban en que a la tercera iría la vencida. Tras empezar la final con dos victorias claras, a pesar de la reaparición de Giannis, con Booker y Paul en plan arrollador, los Suns se las prometían muy felices. Todo parecía encarrilado, pero subestimaron a los Bucks. Los de Milwaukee tiraron de orgullo y defensa para darle la vuelta a la eliminatoria.

Después de vencer en el quinto en Arizona, los de Budenholzer tenían la oportunidad de conquistar el anillo ante su público y no la desaprovecharon. Anteto –merecidísimo MVP de las Finales– se puso la capa de superhéroe y firmó un partido, simplemente, espectacular. A sus 50 puntos, 14 rebotes y 5 tapones, sumó un sorprendente 17/19 en tiros libres, su punto débil, que ha sido motivo de burlas en todas las canchas. A este nivel, Giannis es invencible y los Bucks, los nuevos campeones.

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete técnico JGBasket

Foto: NBA Photo

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