Foto archivo don basket, un artículo de Javier Balmaseda
Fue uno de los primeros españoles en machacar el aro en una época en la que solo los americanos la metían para abajo. La Demencia lo apodó el Saltamontes, y en el vestuario de Estudiantes lo mantuvieron con cariño. No era habitual en los ochenta encontrarse con jugadores nacionales exteriores que se colgasen de la canasta, Montero, él y poco más. Sin embargo, Carlos Montes (alero de 1,94 m nacido en Madrid el 3 de octubre de 1965) era mucho más que un especialista en el mate, también era un gran defensor, poseía una gran habilidad para robar balones, de hecho, es el 7º máximo recuperador histórico de la ACB con 900 recuperaciones. Asimismo, destacaba colocando tapones a los rivales gracias a su potencia de piernas. Pero por encima de todo era un jugador que se sacrificaba por el equipo, por eso se ha convertido en un histórico de la máxima competición del baloncesto español, 18 temporadas en la ACB lo avalan (Estudiantes, Caja San Fernando, Granada, Cáceres y Valladolid), estando en el top 20 de los jugadores con más minutos y partidos jugados. Hoy, día en que se cumplen 11 años de su fallecimiento en accidente de tráfico, queremos recordarle y homenajear su figura sacando a la luz esta historia.
25 de febrero de 1987, Estudiantes y Cacaloat Granollers disputan un partido amistoso con motivo de la inauguración de un nuevo pabellón en Ocaña (Toledo). Lleno hasta la bandera, 1400 personas abarrotaban el nuevo recinto deportivo. Comentaron los periódicos locales que mucha gente se quedó en la puerta sin poder entrar y que, incluso, se llegaron a falsificar entradas. Finalizaba la primera parte del partido con 52 a 50 para Estudiantes, que contó con la presencia de José Miguel Antúnez, Abel Amón, Vicente Gil, Javier García – Coll, John Pinone, Pedro Rodríguez y, por supuesto, Carlos Montes. Se echó de menos a David Russell, que no viajó a la localidad toledana. El estadounidense había sido el brillante ganador de los dos primeros concursos de mates organizados por la ACB, en Don Benito (85/86) y Vigo (86/87), por delante de su compatriota Wayne Robinson, el pívot que había llegado a España de la mano del Real Madrid y que ahora formaba parte del Cacaolat, donde destacaban también jugadores como, Heredero, Mendiburu, Craig Dykema, Miquel Pou o Chichi Creus.
Lo curioso o llamativo de este encuentro es que, durante el descanso, se organizó un concurso de mates aprovechando la presencia de Wayne Robinson y Carlos Montes, dos especialistas metiéndola para abajo y que ya habían participado en Don Benito y Vigo. A Montes se le daba muy bien machacar el aro, pero nadie daba un duro porque un español derrotase a un americano, eso era como viajar a la luna. En los dos primeros concursos de mates de la ACB el madrileño había quedado lejos de Russell y Robinson, no obstante hizo algunos mates para el recuerdo, como uno en Vigo en el que machacó con dos balones, algo insólito en aquellos años. Parece que fueron Pedro Rodríguez y Miquel Pou los que acompañaron a Montes y Robinson (20000 pesetas se embolsó cada uno) en el concurso de mates de Ocaña, aunque nadie me lo ha podido confirmar al cien por cien. Lo que sí he podido corroborar es lo acontecido durante el descanso del partido; a lo largo de esos minutos un español consiguió lo imposible, derrotar a un estadounidense en los mates. Eso sí, pasaron cosas muy curiosas en aquel concurso. Pero es mejor que esta historia os la cuente Juan Antonio Comendador, jugador del Maderas Medina de Ocaña y miembro del jurado. Pese a que han transcurrido casi 40 años de aquello, Comendador no olvida aquel particular concurso de mates.
Ná, fue hace una pila de años. Inauguramos el pabellón de mi pueblo, Ocaña (Toledo), con un Estudiantes – Cacaolat Granollers. En el descanso organizamos un concurso de mates. Había buen material, con Robinson y Montes en un gran momento. Robinson empezó a hacer de las suyas, los jugadores locales estábamos de jurado y le puntuamos muy alto. En estas que se nos acerca Vicente Gil, muy dicharachero, como es él, y nos dice: «¡En estas cosas siempre ganan los americanos, demostremos que los españoles también sabemos!».

Foto don basket. Con Estudiantes
Montes hizo un mate con dos balones, y Taberna, Asensio, David, García y yo, todos jugadores de mi equipo, le puntuamos el máximo, mientras que a Robinson le dejamos «un poco abandonado»… Y Carlos ganó. Fue un gran día, muy divertido.
Montes nos lo agradeció mucho y se partía de risa con Vicente Gil. Robinson no hablaba nada, pero pasó una cosa curiosa. Para hacer la votación cogimos simples papeles y pintamos los números con rotuladores, pero la tinta traspasaba el papel, cosas cutres de la época. No tenía mayor importancia, salvo que el 5 por el otro lado era un 2. Bien, Robinson hace un matazo y todos le damos un 5. Y entonces Wayne se me acerca, me echa una mirada asesina que no entiendo… mis compañeros riéndose me dicen: «¡Has cogido el número al revés, le has dado un 2!». Aún nos partimos de risa al recordarlo.
Montes siempre fue una de mis debilidades como jugador. Teníamos una altura parecida, además jugaba en el puesto que a mí me gustaba, y en un grande. Saltaba un montón, mientras que a mí me costaba llegar al mate. Para colmo, nos llevábamos solo tres días. Sentí muchísimo su muerte.
Otros jugadores contemporáneos de Carlos Montes han querido sumarse a este humilde homenaje recordando momentos junto a él.
JOSE MONTERO
Tuvimos una cierta relación, más allá de que fuéramos rivales. Durante la concentración de la selección júnior del Mundial júnior de Palma de Mallorca en el 83, fuimos compañeros de habitación. Recuerdo que era una persona risueña, alegre y le gustaban mucho las bromas. También fuimos compañeros de selección en el campeonato de Europa júnior del año siguiente en Suecia.
Carlos Montes tenía una habilidad especial para el robo de balón, con una actitud defensiva muy positiva. Era un jugador que tenía una envergadura de brazos muy grande y eso le hacía ocupar mucho espacio y le ayudaba en el robo de balón, que le facilitaba que consiguiera muchas canastas fáciles, en mates y bandejas. Además tenía una gran capacidad de salto, que se redondeaba con su envergadura de brazos. Era un jugador, por encima de todo, con unas condiciones físicas muy buenas, estuvo muchos años en la élite porque cada año fue mejorando en aquellos puntos que podían ser más débiles. Tenía un gran compromiso con el trabajo.

Foto M. A. Forniés. Mundial júnior Palma de Mallorca 1983.
CHINCHE LAFUENTE
Coincidí con Carlos en dos etapas, en la etapa de Estudiantes y después en el Caja San Fernando. El recuerdo que tengo de él es magnífico, fue un gran compañero. Era de los jugadores nacionales con mayor capacidad de salto.
Era un jugador que siempre se sacrificaba por el equipo, un gran defensor, tenía una potencia de piernas espectacular, robaba muchísimos balones, y cuando se iba al contraataque y metía esos mates siendo un jugador nacional, pues imagínate la afición como se ponía…

Foto M. A. Forniés. Con Caja San Fernando machacando
En el aspecto personal era un gran conversador, siempre le recuerdo con muchísimas historias, con muchísimas anécdotas que contar. Y recuerdo a su familia, que eran seguidores acérrimos de Carlos, y en especial a su padre, que tenía grabados todos los partidos de su hijo, además de procurar ir a verlo siempre que su trabajo se lo permitía. Creo que tenía una videoteca… en aquella época sería de vídeos Beta o VHS, no lo sé, pero tenía todos los partidos de su hijo. Y es que Carlos es de esos jugadores que se ganan el cariño y el respeto de sus compañeros y de la afición por el compromiso y la entrega que tenía.
Además era un jugador muy ganador, hacía todo lo posible por ganar los partidos, peleaba a muerte… es de esos jugadores que lo quieres tener siempre en tu equipo.

Foto M. A. Forniés. Con Caja San Fernando
PEDRO RODRÍGUEZ
Sobre todo mataba a una pierna, a dos piernas apenas podía, pero viniendo en carrera con una pierna subía muy arriba. Luego se lesionó una rodilla y ya subía menos, pero al principio subía de cojones.
Era bastante alegre y, bajo mi punto de vista, era buena persona.
ABEL AMÓN
Fue un excelente matador, también un gran taponador, yo creo que de los españoles estaría en el top 10 de la historia de la ACB, también es verdad que jugó muchos partidos. Para refrendar esto te puedo decir que el día que estaba su cuerpo presente en el tanatorio, su familia colocó una foto de un tapón que le puso a un jugador del Joventut en el campeonato de España juvenil de 1982 que ganó él con el Inmobanco, dirigido por Miguel Ángel Martín, ‘el Cura’.
Carlos era muy completo, era un jugador con muy buena disposición para la defensa y con una muy buena lectura del basket, y en esto coincidían todos los que integraron aquella plantilla de Estudiantes, como Vicente Gil, Pedro Rodríguez, David Russell, John Pinone, García – Coll o él mismo. Yo participé en aquella plantilla durante dos años, uno en el filial y otro en el primer equipo.
Con respecto a los tapones, le recuerdo yendo a taponar por detrás a jugadores del Madrid, me acuerdo que a Iturriaga le puso varios. Y con respecto a los mates, yo vi a Carlos Montes jugar por primera vez a finales del 81, en un torneo postemporada. Él vino con un combinado de jugadores… no recuerdo cómo se llamaba el equipo, y jugaron contra mi equipo, que era el Claret, recuerdo que comentaban: «Mira, ahí está ese chaval que es de Boadilla». Y el de Boadilla nos metió muchos puntos y algún tremendo mate de esos que dejaba la canasta, las antiguas, vibrando durante mucho tiempo. Al año siguiente lo fichó Inmobanco.
En los entrenamientos era duro, tenía un físico privilegiado, y unas piernas de las más fuertes que he podido ver en un jugador español. Aparte del físico, veía muy bien el baloncesto, quizá le fallaba un poco la espontaneidad del tiro exterior, pero tenía otras virtudes que le hicieron ser de los jugadores con más presencia en la liga ACB. Tenía un timing muy bueno tanto para machacar como para poner tapones, es de los líderes de recuperaciones de la historia de la ACB.
Era un gran profesional, una gran persona que siempre compartió su dedicación profesional del baloncesto con el estudio. Estudiaba INEF, y recuerdo que una de las últimas veces que lo vi, en alguna de las reuniones del Estu, me comentaba que se quejaba de que en Valladolid, como estaba entonces San Emeterio, me decía: «Este jugador, que no estudia ni nada, solo se dedica al baloncesto». Y criticaba ese hecho vehementemente, porque en aquel Estudiantes todos tenían estudios o trabajaban, como era el caso de Vicente Gil, o habían terminado la carrera, como el caso de Pinone o David Russell.
Su muerte fue un mazazo. Recuerdo que el día que murió había una celebración muy grande en Villalba, del aniversario del ascenso a ACB, y lo que iba a ser una fiesta por lo menos para mí, se truncó en algo bastante desagradable. Estaba muy unido a su mujer, Ana, de hecho recuerdo que ella comentó que en cuanto vio que llamó a Carlos por el móvil el día del accidente y este no contestó, sabía que algo muy gordo había pasado.
Posiblemente, junto con José Antonio Montero, el mejor jugador español nacido 1965.

Foto M. A. Forniés. Con Caja San Fernando
MIQUEL POU
Yo jugué con Carlos en Sevilla, allí él era titular y un jugador muy apreciado. Tenía mucha facilidad para robar balones, era muy buen defensor, uno de esos jugadores que todos quieren tener en su equipo. Su tiro era más irregular, yo creo que este fue su hándicap porque si hubiera tenido un tiro más fiable hubiera sido un tío de selección. Era un jugador que no absorbía el juego, no era un chupón, era un jugador de equipo. Jugó muy bien allí. En los contraataques era muy bueno, destacaba haciendo tapones y mates.
A nivel de vestuario en Sevilla era un tío muy poco conflictivo, amigo de todos, no tenía conflictos con nadie, él iba a lo suyo, entrenaba, no se lesionaba nunca… era un buen jugador. Nos presentamos juntos al título de entrenador de baloncesto, fuimos a unas cuantas clases juntos… fue divertido. Aprobamos los dos y nos sacamos el título.
Carlos Montes era, sobre todo, un buen tío, yo me llevaba muy bien con él, estaba siempre contento, siempre con una sonrisa en la boca. En los vestuarios hay un poco de todo, pero Carlos era de los jugadores que siempre quieres tener a tu lado.
Cuando tuvo el accidente no sé… me quedé… he jugado con un montón de jugadores, pero cuando vi lo del accidente me quedé un poco descolocado. No quiero decir que siempre se van los mejores porque es una frase muy hecha, pero era de estos tíos que dices: «Joder, qué pena».

Foto M. A. Forniés. Con Estudiantes.
Por Javier Balmaseda
Colaborador JGBasket
Muchas gracias a Diego Martínez, directivo del Granollers durante más de 12 años, por su colaboración en esta historia.
MIGUEL ÁNGEL FORNIÉS nació en Badalona el 18 de septiembre de 1952. Estudió en los Salesianos Badalona y en el Colegió Badalonés. Servicio Militar en Campo Soto, Cádiz.
Fotoperiodista de Devoción. Colaboró con Eco Badalonés, 5Todo Baloncesto. Desde 1981 con Nuevo Basket como fotógrafo. Primer fotoperiodista en viajar a ver y fotografiar partidos de la NBA en 1984. Europeo de 1973, cinco Mundiales Júnior (de 1983 a 1999). Quince meses trabajando, viviendo y jugando a baloncesto en Argelia (Sidi Bel Abbès).
Mundial de España 1986, Mundial de Argentina en 1990. JJOO de Barcelona 1992 como adjunto del jefe de prensa de baloncesto. Ha escrito dos libros, Crónica de un viaje alucinante (en 2009) y Memorias Vividas (en 2015). Durante 19 temporadas (1996-2014) responsable de prensa del Club Joventut Badalona.






Grandísimo jugador, enormes recuerdos.
Y cómo pasa el tiempo, leches.
Sin duda!!!