En el baloncesto no solo son importantes los fundamentos tácticos y técnicos. La actitud de los jugadores es esencial en un deporte de equipo y, muchas veces, los entrenadores no le damos la suficiente relevancia y dejamos pasar aspectos que harían crecer al individuo no solo como jugador sino también como persona.

Lo primero que tiene que aprender un jugador es a comportarse. De nada sirve que se le dé bien o no el deporte, si no es buen compañero. Aunque parezca mentira, los primeros años son los que van a forjar el carácter del jugador, en todas las categorías, pero, sobre todo en minibasket, resulta chocante ver a buenos jugadores que, cada vez que un compañero comete un error, hacen aspavientos o se lo recriminan, sin darse cuenta de que va a causar en su compañero un efecto negativo, ya que se va a poner más nervioso cuando reciba el balón y va a perder confianza a la hora de realizar cualquier acción.

Por el contrario, los hay que, en vez de eso, animan a sus compañeros, sabedores de que todos cometen errores y de que hay algunos a los que les cuesta un poco más. Una actitud que es la mejor para el equipo porque para corregirles ya está el entrenador. Al igual que también está para tratar de evitar que haya compañeros que se crean que están por encima y riñan al resto.

Otro detalle importante es respetar no solo al compañero sino también al rival, tanto cuando se gana como cuando se pierde. Está claro que, si se pudiese elegir, a todo el mundo le gustaría ganar, pero no siempre es posible. Por eso, el jugador debe aprender a asumirlo y no comportarse de forma agresiva y poco deportiva cuando no gane y, de igual manera, cuando su equipo consiga la victoria.

El jugador también tiene que saber controlar su ira cuando algo no le sale como esperaba. No da muy buena imagen que pegue una patada al balón o pague su frustración con el material. Eso no es lo peor. Lo peor es aquellos jugadores que cuando cometen un error le dan un puñetazo o una patada a la pared o al banquillo, no siendo conscientes de que se pueden lesionar. No sería el primer caso de un jugador que se pierde varios meses de competición por hacerse realmente daño.

Lógicamente, a medida que van creciendo los jugadores, a la hora de entrenar pueden no estar concentrados al cien por cien, debido a factores externos como pueden ser los estudios, problemas familiares… Es cierto que, muchas veces, no se pueden separar, pero el jugador tiene que aprender a convivir con ellos y tratar de evadirse para que no le afecten durante su rendimiento durante el entrenamiento, perjudicando a su vez al resto del equipo.

Por último, pero no menos importantes, esos pequeños detalles que sirven para respetar el formar parte de un grupo: la puntualidad y la asistencia a entrenamientos y partidos. Algo que parece obvio, pero que a algunos jugadores les cuesta entender y su compromiso no es total, no dándose cuenta de que perjudican al resto. El baloncesto es un deporte de equipo y hay que tratar de que cada jugador se integre y forme parte de ese todo, dejando a un lado las individualidades.

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete técnico JGBasket

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