Otra medalla más y ya van seis consecutivas. España logró el bronce en su Mundial tras imponerse a Bélgica por 67-60. Una generación excepcional que supo sobreponerse a la presión y, sobre todo, a la decepción por la derrota de semifinales ante Australia. Pero si algo ha demostrado esta selección, es que tiene un gen competitivo fuera de lo normal, peleando cada balón y trabajando como un equipo.

Había que superar la derrota en semifinales para seguir haciendo historia. Mondelo lo tenía muy claro: “no me he levantado hoy para perder”. Ni a él ni a ninguna de sus jugadoras se les pasaba por la cabeza. Delante Bélgica, el equipo que empezó a sembrar dudas en el camino de las españolas en la fase de grupos. Ya habían ganado a las anfitrionas y saltaron a la cancha con la convicción de que podían volver a hacerlo.

Las españolas parecían sumidas en la depresión y volvieron a arrancar mal el choque (5-15). Primer punto de inflexión y momento para que Alba Torrens tirase del carro y con un parcial de diez cero, igualasen el duelo al final del primer cuarto. Las de Mondelo parecían lanzadas y Xargay cogió el relevo anotador dando a las suyas la máxima renta (28-21). España dominaba no solo en el marcador sino también en el rebote, Laura Gil se pegaba por cada balón suelto, dando segundas y terceras opciones a sus compañeras.

El paso por vestuarios no bajó la intensidad de las nuestras que seguían aumentando paulatinamente su ventaja, con una Ndour excecpional –13 puntos y 6 rebotes–, elegida en el quinteto ideal de la Copa del Mundo, el bronce parecía encaminado (55-43) con solo diez minutos por delante y con la belgas muy desacertadas de cara al aro.

Pero nadie dijo que esto fuese a ser fácil, así que, de nuevo, tocaba sufrir. Al igual que pasase en semifinales, en donde Australia consiguió remontar a las españolas ocho puntos al comienzo del último cuarto. La historia se repetía. Bélgica, con una Meesseman sublime –24 puntos y 9 rebotes–, en tres minutos, ponía el 55-54 en el electrónico y vuelta a empezar. Los minutos pasaban y costaba un mundo anotar.

Con menos de tres minutos, la selección solo dominaba por dos puntos (60-58). Lejos de aparecer las dudas, las de Mondelo sacaron su mejor versión y con cuatro puntos seguidos de Nicholls y una defensa agobiante fueron apuntalando la medalla, que se certificó con un triple de Xargay. España lo había vuelto a hacer. Un bronce muy merecido para una generación de oro.

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete comunicación JGBasket

Foto: FIBA

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