El trabajo con los más pequeños requiere mucha paciencia. Tenemos que saber que les va a costar estar mucho tiempo concentrados y que las explicaciones que les demos, han de ser breves y concisas para que nos presten atención. Por eso, es importante, tener claro lo que queremos trabajar con ellos en cada entrenamiento y estar encima de ellos corrigiéndoles para que puedan progresar y no adquieran manías o gestos que les resulten difíciles de quitar en un futuro.

Parece que para esas categorías puede valer cualquiera, aunque nunca haya ejercido, y se suele tirar de chavales de la casa para entrenar a los más pequeños. Y no es una mala elección si se está pendiente de ellos y se les tutela, pudiendo ejercer a la vez de ayudantes de algún otro entrenador con más experiencia del que poder aprender y formarse. No olvidemos que, aunque los jugadores sean pequeños, son muy observadores y saben lo que pasa a su alrededor.

Hace poco, oía a una niña de 7 años decirle a su madre que se aburría en baloncesto porque el entrenador les mandaba un juego y se ponía a mirar el móvil, echando a correr niños con el balón en la mano o haciendo lo que les daba la gana. Los niños a esa edad se dan cuenta de todo y, aunque van a baloncesto a pasarlo bien, lo hacen, sobre todo, para aprender a jugar.

Con esto, es importante saber lo que se les quiere enseñar de primeras. No se puede pretender que lo hagan todo en un año. Vivimos en una sociedad en la que la inmediatez se ha instaurado en todos los aspectos, pero los procesos de aprendizaje requieren su tiempo. Lógicamente, no hay una planificación única, hay muchas formas de trabajar los diferentes aspectos del juego y cada entrenador puede darle más importancia a uno que a otro.

Lo que es fundamental es que, en su primer año, hayan trabajado, además del bote, el pase y el tiro, situaciones de 1c1. Habrá quien crea que es pronto para ello, pero es la forma que tienen los jugadores de enfrentarse a una situación real de juego, si siempre trabajan en 1c0, por poner un ejemplo, pueden ir botando hacia la izquierda con la mano derecha y tirar sin problema a canasta, si tienen un defensor, estarán exponiendo el balón y se la quitarán con más facilidad.

Tenemos que hacerles ver que las correcciones y las explicaciones que les damos tienen un motivo. Y qué mejor que ponerles un defensor para meterles en dificultades y obligarles a tomar sus propias decisiones. Al principio, es normal que les cueste y es ahí cuando los entrenadores tenemos que actuar para evitar que se frustren, tenemos que motivarles, haciéndoles ver que si lo van haciendo bien, van a tener más facilidad para irse de su defensor y tratar de anotar. Además, es nuestra misión equilibrar los emparejamientos para que no estén muy desigualados y ninguno de los dos progrese.

Cada jugador necesita su tiempo y a unos les costará más que a otros adquirir ciertos conocimientos, pero a todos les tenemos que exigir respecto a su nivel. No podemos pasar de un jugador porque no le salgan las cosas, ya que ese es el que más necesita que estemos pendientes de él. Está claro que es más difícil enseñar a un jugador de cero que entrenar a aquellos que ya saben jugar. Por eso, dirigir a los más pequeños requiere, no solo de conocimientos, sino de paciencia, compromiso y, sin duda, ganas.

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete técnico JGBasket

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