España regresó a las ventanas FIBA sumando dos contundentes victorias ante Macedonia del Norte y Georgia en su camino hacia el Mundial de 2023, que se celebrará en Indonesia, Filipinas y Japón, para el que la selección nacional tratará de clasificarse y poder defender así el título de campeona, logrado en China.

Desde que la FIBA se inventase este sistema de clasificación al que, quitando raras excepciones como Shengelia, no acuden jugadores de equipos de Euroliga ni por supuesto de la NBA. Lo que desluce y desvirtúa la competición y puede dar lugar a sorpresas, quedándose por el camino, equipos que no cuenta con una segunda unidad de garantías.

Eso, por suerte, no sucede en España, que ha demostrado, desde el principio, contar con un bloque amplio y muy comprometido, en el que se combina juventud y veteranía. Es una gran oportunidad para que algunos jugadores de gran nivel, que, por desgracia, no tienen hueco en las grandes citas, puedan demostrar su calidad y darse a conocer, sin dejar de soñar con la posibilidad de poder entrar en alguna lista definitiva.

Un equipo formado por la base exterior de Unicaja –Alberto Díaz, Darío Brizuela y Jaime Fernández–; la experiencia de Joan Sastre, Dani Pérez y Quino Colom; el talento de López-Aróstegui y Jaime Pradilla; el físico de Oriol Paulí, Dani Díez y Yankuba Sima; y la pelea bajo los tableros de Joel Parra y Fran Guerra. Todo ello, bajo la batuta de Scariolo, que siempre sabe sacar el máximo de sus plantillas.

Con esas mimbres, España despachó esta primera ventana con dos victorias, la primera ante una Macedonia del Norte muy inferior y que cayó con contundencia por 65-94. El debut de Sima no pudo ser mejor y presentó sus credenciales con 15 puntos y 7 rebotes, bien secundado por López-Aróstegui, Brizuela y Jaime Fernández.

El segundo rival, Georgia, con muchas caras conocidas por la afición española –Shermadini, McFadden, Burjanadze y Shengelia, que no pudo jugar por lesión– era una piedra de toque para conocer el nivel de esta selección. Lejos de amedrentarse, los españoles salieron muy intensos en defensa y con la intención de darle un altísimo ritmo de juego, sabedores de la falta de efectivos en el banquillo visitante.

España había conseguido romper el partido antes del descanso, liderados por un gran Jaime Fernández. Los de Scariolo se empezaron a gustar y fueron un ciclón para un equipo en el que Shermadini, McFadden y Burjanadze estuvieron muy poco acompañados y se vieron muy superados (89-61) por un equipo que disfrutó e hizo disfrutar con su juego. España empieza con buen pie su camino hacia el Mundial.

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete técnico JGBasket

Foto: FEB

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