Hall of Fame 2025: Una gala para el recuerdo en el corazón de la Copa Colegial

En la Copa Colegial, la gran mayoría de citas son en la cancha… pero existen fechas especiales en las que se disfruta en traje, corbata y una elegancia merecida. El Instituto Americano de Madrid, siempre puntual en su exigencia y siempre fiel a la historia, volvió a ser el escenario en el que la Copa Colegial Madrid se mira al espejo y reconoce a quienes la han hecho posible. De hecho, no es fácil reunir a tanta gente a la misma hora, pero cuando se trata del Salón de la Fama, todos llegan a tiempo.

Una edición especial: homenaje y memoria

La edición 2025 del Hall of Fame tenía algo distinto desde el primer aplauso. Tal vez porque el paso del tiempo pesa, o porque la memoria se vuelve más necesaria cuando faltan personas que lo dieron todo. Alberto López-Ribé, presidente de honor de la Asociación de Baloncesto Colegial, lo resumió pronto cogiendo el testigo del conductor de la gala, el gran Pablo Martínez-Arroyo: «Es una edición especial, porque entran dos personas que ya no están con nosotros, pero que hicieron mucho por sus colegios».

Alberto, en su primera intervención, puso sobre la mesa el nombre de José Luis Llorente, acompañado de una sonrisa y una anécdota que puso en contexto la grandeza: «Tuve la suerte de verle ganar la plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles… con un tal Michael Jordan haciéndose una foto con Joe, y no al revés».

A continuación, Álvaro Herranz, director de la ABC, tomó la palabra poniendo en valor el legado común de los presentes: «Si estáis aquí, es porque habéis dejado huella en vuestras escuelas. Y hacerlo en el año del 20º aniversario de la Copa Colegial lo hace aún más especial». A lo que el propio Pablo, antes de comenzar a reconocer a los galardonados y consciente de la responsabilidad que los premiados adquieren, añadió: «Entráis en un lugar cuyos miembros no dejan de hacer cosas para que esto no se detenga».

Recordar también es resistir

El acto avanzó hacia la gratitud para los 7 magníficos con un silencio contenido. Ese que aparece cuando se mira un lustro atrás y se recuerda que, aunque salimos mejores, también perdimos mucho. Entre esas ausencias, la del Padre Manuel Beaumont, del colegio Agustiniano, a quien Martínez-Arroyo definió con precisión: «Una persona que llevaba el deporte dentro, un referente del baloncesto colegial. Cada vez que le pedíamos algo, decía que sí».

Agustiniano, escuela campeona del torneo en varias ocasiones y uno de esos colegios pioneros de este éxito que es la Copa, estuvo representado. Lo hizo subiendo al estrado el Padre Lorenzo, para dejar una reflexión que caló hondo: «Dice mucho de esta institución que cinco años después sigáis recordándole. Además, gracias, entre otros grandes momentos, a la Copa Colegial, Manuel vivía con pasión sus cuatro aristas: deporte, sacerdocio, vida religiosa y educación».

El segundo homenaje a título póstumo fue para Antonio Torres, director del colegio San Ignacio de Loyola, alguien que creyó en el torneo incluso antes de que el torneo creyera en él. De hecho, Antonio llamó para informarse, apostando por el deporte (y la Copa) como herramienta educativa, y de paso convertir un sueño en realidad: pasar de 200 alumnos a más de 2.000 en la escuela de la localidad serrana bajo su legado. Desde luego que el 16 de diciembre dejó instantes y momentos muy emotivos, y uno de ellos fue la placa a Antonio: presencia de su familia, su viuda… y un detalle pionero que nos hizo esbozar una sonrisa nostálgica: por primera vez, unos nietos subieron al escenario, abrazando a su abuela y haciendo eterno el legado.

Baloncesto que deja huella

Con la emoción aún flotando, llegó el turno de los protagonistas en pista.

La primera, la ‘duende’ Elena Ortiz, la base que todo el mundo quiere: mente rápida y lectura privilegiada. «Los bases siempre son los listos porque llevan el balón», bromeó Pablo. MVP de la Pequecopa, «la niña del baloncesto» en Alameda de Osuna y futura farmacéutica, Elena habló con firmeza de los largos viernes de nervios antes de los choques colegiales, y de profesores que te ven crecer desde la grada. Su padrino, Dani Martín (coordinador de Alameda), fue quien le entregó la metopa.

Después, el rugido de Santa María del Pilar. Álvaro Masip, máximo anotador de 2021, recogió su reconocimiento de manos de Vicente Morales. Ingeniero de cálculos y estructuras, jugador de valores y símbolo de un colegio que vive la Copa con intensidad. «Es un torneo único y que se vive de forma diferente», confesó alguien que incluso recogió un BSAA en muletas tras caer lesionado en una final. Masip, desde luego, bebió de muchos de los valores de la Copa para hacerse mejor ser humano y, como consecuencia, recibir un premio a la altura de su ascendencia en el colegio que le vio crecer.

Llegó entonces el turno de un apellido con historia para nosotros: el de López-de las Heras. Irene no es la primera de la saga, pero sí ayuda con su distinción a alcanzar un legado único: dos hermanas en el Hall of Fame de Madrid. Carmen lo hizo antes; Irene, en 2025. Su madre le entregó la metopa y, tras (a buen seguro) una de las fotos más especiales de su vida, llegó un discurso que levantó al auditorio. Probablemente, uno de los mejores que se recuerdan en un Salón de la Fama. Resiliencia, dos colegios (Jesús y María y Fomento Fundación), lesiones superadas, y una frase que lo resumía todo para la BSAA de 2021 y máxima anotadora del torneo ese curso: «Lo imposible puede ocurrir mientras seamos lo suficientemente valientes para luchar por ello».

La gala avanzó entonces hacia Pablo Ardila, campeón colegial, uno de los principales lobos históricos de Escolapios Pozuelo, tirador letal y líder de una generación que rozó el éxito en 2019 y lo conquistó en 2021. Fueron sonrisas eternas en tiempos de mascarillas. Loreto Flores le entregó una metopa sembrada años atrás, cuando Pablo jugaba su primera Copa con 13 años. «Ahora tenemos otras metas, pero los recuerdos son para siempre».

Cierre con sabiduría

La ceremonia la puso término como distinguido José Luis ‘Joe’ Llorente. Internacional, medallista olímpico, padre de campeones colegiales y eterno aliado de la Copa. Su padrino, Juanjo Hernández, le entregó el reconocimiento y dio paso a que Joe dejara una reflexión para todos: «No soy nadie para dar consejos, pero pensad cuánto de aleatorio hay en un premio así. La duda ayuda a caminar firme». Rodeado de amigos y familiares (por ejemplo el nombre de Paco Gento, familiar de aquel legendario jugador), Joe nos avanzó las bonitas fechas que llegan con un recuerdo maravilloso: «En casa esperábamos el torneo como un regalo de Reyes».

Así lo sentimos también nosotros. Manuel, Antonio, Elena, Álvaro, Irene, Pablo y José Luis. Clase 2025 del Salón de la Fama de la Copa Colegial Madrid. Leyendas que honran a lo grande una competición con la que ya guardan un vínculo eterno gracias a una firma estampada en el Instituto Americano con sangre colegial.

 

Cámaras: Alex Gómez-Landriscina, Gabriel Alemany
Edición directo: Gabriel Alemany
Equipo audiovisual JGBasket

#20AñosDeLocuraColegial

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