Foto portada. Caja San Fernando, Alberto Pesquera y Rocky Jarana. Autor M.A. FORNIÉS
Una entrevista de JAVIER BALMASEDA
Tras casi 40 años de historia, el Baloncesto Sevilla o Caja San Fernando para los más nostálgicos, va a desaparecer. Sirva este capítulo de Historias de Baloncesto para rendir homenaje a uno de los clubes históricos del baloncesto nacional, aquel que llegó a disputar dos finales de la ACB y una de Copa en los noventa.
Si hay una figura importante en el baloncesto sevillano ese es Rocky Jarana. Llegó al Caja San Fernando en la temporada 89/90, cuando el equipo subió a ACB, y ha permanecido allí hasta el final de la temporada pasada. Han sido 36 años ininterrumpidos en el club de su vida y, aunque Rocky está pasando por una situación muy complicada por la inminente desaparición de su equipo, atiende nuestra llamada para dar luz a multitud de historias vividas a lo largo de tantos años en el Baloncesto Sevilla. Han sido muchos los jugadores y entrenadores que han estado codo a codo con él, de modo que sería imposible hablar de todos. No obstante, han salido muchos nombres en el transcurso de nuestra charla, y es sorprendente que nuestro protagonista recuerde anécdotas tan buenas junto a ellos, a cada cual mejor.
Conozcamos a Rocky Jarana.
Yo jugué en la cantera del Madrid, en el júnior, también en Baskonia y en otros equipos. Nací en Sevilla y cuando dejé de jugar me ofrecieron entrenar. Empecé entrenando al equipo juvenil que teníamos, estuve dos años y coincidió cuando subió el equipo a ACB, y me llamaron para que estuviera de ayudante en este equipo. Desde entonces, en diferentes etapas, siempre he estado en el primer equipo o dirigiendo la cantera. En el primer equipo siempre me he encargado de hacer el scout de los equipos rivales y de nuestro ataque, más o menos es lo que he hecho siempre. Luego, cada entrenador te exigía alguna cosa distinta, pero básicamente siempre he hecho eso.
¿Por qué te llaman Rocky?
Eso es otra historia con poco glamour.
¿Cuáles eran los jugadores que más quebraderos de cabeza te daban cuando estudiabas a los equipos rivales?
Andre Turner, por supuesto. Y luego ya, en los últimos tiempos, Luka Doncic porque no sabíamos qué hacer con él, tú lo veías y decías: “Vamos a ver, no es rápido, no salta, no es potente… pero te mete 20 y no hay manera de pararle”. Y no había manera, yo decía: “¿Qué le hacemos?”. Daba igual. Era un jugador que tú lo analizabas y decías: “Joder, pero cómo puede ser tan bueno”. Pues lo era. Pero tú lo ves, y no es un tío rápido, no es un tío potente, no es un tío especialmente fuerte, no saltaba… pero es que era buenísimo, de lo mejor que he visto en mi vida. Y luego, bueno… disfrutar, disfrutar, porque ese sí que era imposible de parar, cuando Sabonis jugaba tanto en Valladolid como en el Madrid, ahí sí que no teníamos nada que hacer, era tan bueno… ya no solo él, sino lo bueno que hacía a los demás.
Aleksandar Petrovic fue el entrenador en la 95/96 y 96/97. Tengo entendido que se picaba con sus jugadores haciendo series de tiro.
Sí (risas). Él había dejado de jugar hacía muy poquito tiempo. Aza siempre fue un buen tirador, un tío muy seguro, no era un tirador de muchos números, de tirar muchas veces, pero era muy seguro. De hecho, en algún entrenamiento, recuerdo un día que estuvo tirando con la prensa delante y metió 50 triples seguidos, sin fallo. Y luego con Benito Doblado y Raúl Pérez se solía picar bastante, tenía bastantes de esas.
Recuerdo que con Benito tuvo una anécdota muy graciosa en un partido, no recuerdo en qué partido fue. Lo sacó porque nos estaban haciendo zona, no nos entraban los tiros, Benito salió tiró dos triples seguidos y los falló, tiró otros dos y los volvió a fallar. Y Aza pidió un tiempo muerto solo para besarle la muñeca, le besó la muñeca de la mano derecha, fuera todos y el siguiente triple lo metió, y al final metió 15 o 18 puntos, todo triples. Aza era muy de sensaciones con la gente, sobre todo con los tiradores. A los buenos los manejaba muy bien, a los suplentes ya era otra historia.

Foto interior. Aza Petrovic. Autor M.A. Forniés
Has estado en muchas series de tiros pasando la bola.
Sí, demasiadas (risas).
¿A qué jugador has visto hacer las mayores barbaridades tirando?
Como tirador a Brian Jackson. Nosotros teníamos un ejercicio que hacíamos siempre… él jugaba contra sí mismo, le llamamos el fantasma, empezaba tirando y si cuela vale 1 y si falla -1, y era ver quién llegaba antes a 10. Pues Brian llegó a hacer, si metía valía 1 y si fallaba valía -10, y ganaba el tío. Yo ha sido al único que le he visto hacer eso porque todos llegaban hasta -3 o -4, hasta ahí máximo, pero Brian llegó a tener -10 por cada tiro fallado, y ganaba, o sea, tiraba 10 seguidas y las metía. Empezábamos con +1 -1, si llegabas a 10 empezábamos +1 -2, luego +1 -3, +1 – 4, pero Brian llegó a hacerlo con +1 -10. Lo hacía tirando de tres.
Brian Jackson. Era un encanto de jugador, una maravilla. Como jugador excepcional, pero como persona, aunque suene a tópico decirlo, era igual. Con él nos reímos mucho, con él y con Steve Trumbo, que los tuvimos unos años juntos. Como eran mormones les hacíamos putaditas, sobre todo Chinche Lafuente y Chus Llano. Cuando íbamos en algún viaje en autobús, les ponían películas porno y, claro, estos se ponían delante, se levantaban los dos tapando la pantalla que había encima del conductor para que nadie viera nada porque para ellos eso era pecado, pero pecado mortal (risas). Lo hacíamos para reírnos un rato.
Steve Trumbo. Era un poquito… como él decía (risas): “Yo, de cintura para arriba soy americano, de cintura para abajo (del bolsillo) soy español, que son los que me pagan”. Steve era un tío muy peculiar, era tacaño hasta unos límites insospechados. Recuerdo que el primer año que jugamos competición europea nos tocó jugar una eliminatoria en Portugal, cerca de Oporto, y fuimos en autobús de Lisboa hasta allí, y de camino paramos a tomar un café y algo de comer, evidentemente lo iba a pagar el club, estaba claro. Pues nos bajamos todos, y de pronto le decimos a Pesquera: “Martínez (su segundo apellido), di que cada uno se paga lo suyo. Y tal como lo dijo, Steve Trumbo se dio la vuelta y se fue para el autobús” (risas). Si lo paga el club sí, si no marcho (risas a carcajadas), era una cosa… Era divertido. Luego, claro, evidentemente lo pagó todo el club, y él se quedó sin nada, el tío nos miraba y nos odiaba a muerte en ese momento.
Tengo una anécdota muy graciosa con un jugador que te sonará, Abdul Jeelani. El año que subió el equipo a ACB con Alberto Pesquera de entrenador, cuando terminó la temporada oficial, en la fiesta de celebración, estaba uno de los jugadores, Miguel Ángel Morate, que luego fue jefe de cantera y director deportivo bastante tiempo, va y coge a Abdul Jeelani y dice: “Mira, ven Abdul, te voy a presentar a una persona, este es Pepe Lorente, el preparador físico”, no se conocían (risas), no había ido a ni una sesión de preparación física en todo el año. Dice: “Abdul, Pepe Lorente, el preparador físico. Pepe, este es Abdul Jeelani, el jugador estrella del equipo” (risas). Ahí nos partimos el culo todo el equipo. Es verdad que no fue a ningún entrenamiento, y a ver quién le decía que sí (risas). Era buenísimo, de los mejores jugadores que he visto en mi vida, tenía una calidad brutal.
Richard Scott. Era un tío muy divertido. De hecho, a Richard lo fiché yo, no lo fichó el primer equipo, lo fiché yo para el equipo de liga EBA que teníamos entonces, y con el equipo de liga EBA jugó dos o tres partidos. Recuerdo que el primer partido, con Aza de entrenador, se lesionó el base, Anderson, y tiraron de él para jugar en Badalona, aquel día hizo 25 puntos y 18 rebotes. Luego, a las dos semanas, se lesionó Marvin Alexander, se rompió el tendón de Aquiles, y ya lo ficharon y se quedó, fue un éxito brutal. El año anterior había jugado en EBA en Valencia y el ayudante de Miki Vukovic, Fernando Jiménez, era muy buen colega mío, le digo: “Oye, Fernando, ¿qué tal es este tío?”. Y dice: “Rocky, fíchalo con los ojos cerrados porque este tío es un jugador de ACB, no es para jugar en EBA”. Fue una maravilla, un fichaje espectacular. Medía 1,98 nada más, pero tenía una fuerza física y una calidad en los movimientos de pies brutal. Había sido boxeador. De hecho, recuerdo una pelea en Zaragoza, que estaba Ken Bannister, que era un animal, y no tuvo cojones de poder con este. Richard lo enganchó y el otro le tuvo que decir: “Por favor, déjame, eh”, y era Bannister, no estamos hablando de… El tío… uf, era un tío muy pacífico, pero cuando se ponía, joder, daba miedo. En los entrenamientos nunca se peleó.
Yo la única pelea que vi en los entrenamientos fue Antonio Bueno con Lou Roe, y Lou Roe le soltó una hostia y Antonio, que era un tío muy echado pa’lante, se quedó tumbado en el suelo, y de ahí no pasó a mayores. Ya luego le digo: “Antonio, tío, ¿por qué no se la has devuelto?”. Y dice: “¿Qué quieres, que me de otra? Estas tonto tú o qué, bastante tengo con una que me ha dado, ya no quiero más”. Lou Roe era un animal, físicamente era un animal. Peleas no hemos tenido muchas, esta fue la única que recuerdo en los entrenamientos. Normalmente a la hora de los fichajes siempre hemos hecho bastante incidencia en que los tíos fueron buena gente, y en eso hemos tenido bastante suerte, no hemos tenido ningún… algún jugador rarillo así ha habido, por indisciplinado, por no ir a entrenar o por salir de fiesta más de la cuenta, pero no más.
¿Qué tal Dan Godfread? Me han contado alguna cosilla peculiar de su etapa en Cáceres.
Aquí se portó muy bien, el tío aquí no dio ningún problema, todo lo contrario. De hecho fue MVP de la liga. Luego era un cerdo en su casa, se dejaba las pizzas debajo de las camas… los trozos y las pizzas enteras. Cuando fuimos a limpiar la casa una vez que se fue, fue horroroso. Yo no tenía huevos para ir allí con los dos niños que tenía. Pero aquí lo hizo muy bien el tiempo que estuvo, de hecho se fue al Barça.
Michael Anderson. Era muy buen jugador. Era el base de la primera final de ACB que jugamos, con Petrovic de entrenador, porque luego jugamos otra con Javier Imbroda, pero ahí el base era Andre Turner. Los dos, Anderson y Turner, distintos, pero eran dos genios, uf… más egoísta, diría yo, de alguna manera Anderson que Andre, porque Andre era más espectacular. De hecho yo recuerdo el primer año que Andre vino a España que jugó en Ourense con Tim Shea de entrenador, nosotros ese año jugamos cuatro veces con ellos y no tuvimos cojones a ganarle ninguna, o sea, nos destrozaba cada vez, y a raíz de eso lo quisimos fichar, y aquí jugó a un nivel brutal.
Darrell Lockhart. Quizá el tío con más clase de todos, estando cojo. Era un 5, pero con movimientos de 4, porque de 5 con sus rodillas ya no podía, pero jugando en el poste alto era una maravilla, pero una auténtica maravilla. Un jugador un poco egoísta, pero con una calidad, una visión del juego… y un tío muy implicado con el club y con la ciudad, de hecho se casó con una sevillana.

Foto interior. Caja San Fernando temporada 90 91. Autor M.A. Forniés
¿Cuál es el jugador que más te ha impresionado en el día a día de los entrenamientos?
A mí, fíjate, en el día a día, quizá de los jugadores extranjeros, Darryl Middleton, o sea, no era un jugador para decir: “Me la juego en un partido con él”. Pero era cada día, cada entrenamiento, cada partido… daba siempre el 100%, era brutal el nivel de intensidad que te daba tanto en los entrenamientos como en los partidos. Era un animal, no se relajaba nunca, no entendía entrenar sin mucha intensidad, siempre entrenaba al máximo, era un jugador increíble.
Me acuerdo que el año que fichamos a Perasovic de entrenador, que era su primer año como entrenador, Perasovic era un animal de la hostia entrenando, o sea, como era de jugador, era de entrenador, un nivel de exigencia desde el primer día. Recuerdo que en plena pretemporada a Raúl Pérez se lo cargó porque Raúl venía de una lesión y no le permitía relajarse. Pero hubo un entrenamiento de un viernes, que normalmente son un poquito más suaves, y nosotros entonces teníamos de base a Matt Santangelo (risas), y el bueno de Matt va y le pregunta: “Coach, ¿puedo entrenar un poquito más relajado para estar más fresco para el domingo”. Y este (Perasovic) para el entrenamiento, llama a todo el equipo, lo reúne en el centro y dice: “Mirad lo que me dice vuestro compañero Matt, que si puede entrenar más flojo para estar más fresco para el partido. Se está riendo de todos vosotros”. Bueno, le montó una bronca… ya lo crucificó. Matt era muy buen jugador tanto física como técnicamente, pero mentalmente era un tío débil, en el sentido de que si sentía que se tenía confianza en él era brutal, pero si sentía que no se confiaba mucho en él, uf, pues estaba ahí el tío… y a raíz de esa historia el año para él no fue nada bueno.
Con Manel Comas tengo muchísimas anécdotas. Se convirtió en uno de mis mejores amigos hasta que, desgraciadamente, murió. En un partido jugando en la cancha del Madrid, éramos Caja San Fernando, a Manel Comas lo quisieron detener (risas). Manel le pegó una patada al balón porque estaba cabreado con el árbitro y le pitaron una técnica. Y estábamos en el tiempo muerto y, de pronto, se nos acerca el señor comisario de mesa y nos dice que se tiene que llevar al entrenador detenido (risas) a comisaría. Montamos un cristo allí de dos pares de cojones: “Pero, ¿dónde coño crees que estás? ¿Qué estás diciendo?”. A Manel lo expulsaron, pero es que el tío se lo quería llevar detenido. Siempre tiene que haber un comisario de policía en los partidos, el jefe de seguridad. Ese señor se vino al tiempo muerto y se llevaba a Manel detenido, vamos, le quería poner las esposas allí mismo… montamos un cristo (risas). Imagínate a Manel con el genio que tenía. Al final se metieron los del Madrid y se calmó todo, y a este señor se lo quitaron de en medio, pero fue divertido en ese momento. Normalmente el comisario de policía está detrás de los banquillos, el máximo responsable de la policía está siempre detrás de los banquillos, sentado allí pegado a la grada. Justo estaba detrás de nuestro banquillo y vino a detener a Manel Comas, bueno, Manel lo quería matar. Allí nos pusimos todos en medio como pudimos hasta que vinieron los del Madrid. Pero el tío con las esposas en la mano… Fue simpático. No sé en qué año fue, pero sí recuerdo que Elmer Bennett era nuestro base.
Otra. Recuerdo un triple gracioso, jugando en Huesca con Chinche Lafuente de base. Íbamos ganando relativamente cómodos y Huesca, que lo entrenaba Iñaki Iriarte, nos estaba presionando mucho la salida de balón. Chinche recibió en la esquina y le hicieron 2 contra 1, se quitó el balón como pudo, soltó un gancho intentando salir de la presión y la metió directa en nuestra propia canasta. Nos metió un triple en nuestra propia canasta. Fue simpático en ese sentido.

Foto interior. Manel Comas. Autor M.A. Forniés
Elmer Bennett. Vino ya en su última fase, pero quizá ha sido el jugador con más clase que yo he visto nunca en posición de base. Lo que pasa es que cuando nosotros lo tuvimos estaba ya en su último… Él estuvo la segunda vuelta completa y al principio de la temporada siguiente. Nosotros le habíamos prometido una serie de cosas que no cumplimos, como que iba a jugar máximo 15 minutos, pero al final queríamos que jugara 30. Entonces el tío dijo que no estaba preparado para eso y que lo dejaba, y lo dejó. Pero cuando vino, la segunda vuelta que jugó con nosotros, recuerdo que nosotros habíamos ganado dos partidos en la primera vuelta y a falta de cinco jornadas ya estábamos lejos del descenso, o sea, hicimos una segunda vuelta brutal.
Unas pinceladas de los entrenadores con los que has estado. Lo primero que se te viene a la cabeza al nombrarlos.
Manel Comas. El mejor dirigiendo partidos.
Alberto Pesquera. Buen director de grupos determinados, concretos, o sea, para veteranos.

Foto interior. Rocky Jarana durante un tiempo muerto con Alberto Pesquera. Autor M.A. Forniés.
Aza Petrovic. Gen ganador. Era un tío de entrenar lo justo, pero daba en el clavo. Me acuerdo que me decía: “Rocky, en el baloncesto hoy en día hay que saber 1×1 y 2×2, punto, a partir de ahí todo lo demás te sobra”. Entonces él era mucho de jugar partidos y hacer mucho tiro. Eran entrenamientos cortos, igual que Manel, entrenamientos de hora y media como máximo.
Perasovic. Un animal, pero un animal en todos los sentidos.
Pedro Martínez. Para mi gusto es el más honrado y el más completo de los entrenadores que hay en España.
Luis Casimiro. Por definirlo de alguna manera, como se define él, un tío normal, que hoy en día es complicado. Y una persona excelente.
Gustavo Aranzana. Buena persona, buen tío.
Los momentos de mayor tensión.
No hemos tenido demasiadas situaciones tensas, la que te he contado de Manel Comas con el comisario de policía. Bueno, sí, recuerdo un partido de liga en campo de Unicaja, que nos ganó Unicaja de 48. Manel quería matar a todo el mundo y teníamos justo el descanso de navidades y quería cortarlo. Recuerdo que fue muy tensa la reunión en el vestuario y en el autobús con la directiva y los jugadores. Pero intentamos calmarlo de alguna manera y al final lo conseguimos.
Los momentos de mayor felicidad.
Las dos finales de ACB fueron muy espectaculares de jugar, pero para mí fue más especial cuando nos clasificamos por primera vez para jugar competiciones europeas, y todo lo que fue ese transcurso por cómo era el equipo entonces y por lo que significaba. Hicimos una buena competición, jugábamos con equipos brutales, entonces era la Copa Korac, y como experiencia jugar por primera vez en la historia del club una competición europea fue mucho más gratificante que jugar la final de la ACB.
Momentos de buen rollo fuera del campo.
Con Manel era de puta madre, fuera del campo era genial. Las sobremesas con Manel eran divertidísimas. Cuando los jugadores se iban era obligatorio tomarse un chupito, una cervecita, un café, lo que fuera… él se tomaba sus chupitos de JB, y eso era obligatorio y divertido. También recuerdo que ibas al aeropuerto cuando ya estaba prohibido fumar en sitios interiores y Manel cogía un papel y decía: “Dame una hoja, Rocky”. Y te ponía allí una hoja y hacía un cuadradito y ponía, zona de fumadores. Y se ponía a fumar en medio del aeropuerto, le daba igual, no tenía problema ninguno.
Y quizá el entrenador que más ha unido al cuerpo técnico ha sido Luis Casimiro. Con Luis Casimiro salíamos muchísimo después de los partidos, también algún día durante la semana. Siempre salíamos a cenar o a tomar alguna cosita. Ya te digo, un tío muy normal y muy accesible para todos.
El entrenador más peculiar con el régimen disciplinario.
El año que estuvo aquí, bueno, no llegó a estar un año entero, estuvo cuatro o cinco meses, Salva Maldonado, el régimen disciplinario que puso te multaba casi hasta por respirar. Venía de ser campeón de la Copa del Rey con Manresa, lo fichamos y bueno… todos alucinados porque era una cosa… o sea, es que no podías hacer nada sin su permiso. De hecho lo hablamos luego con Pedro y dijo: “Joder, pues Salva conmigo en Manresa no era así, antes no era así, no sé por qué coño este año con vosotros…”. Pero fue brutal.
La situación ahora mismo del club.
Ahora mismo el club va a desaparecer porque no tiene objeto social ninguno, no estamos inscritos en ninguna competición, con lo cual se tiene que disolver la sociedad anónima. Estamos pendientes, los que somos trabajadores del club, en ver cómo nos afecta, cómo nos despiden, cómo nos indemnizan. Yo llevo aquí ininterrumpidos 36 años, desde que entré en la 89/90 hasta la temporada pasada. Mientras no me digan oficialmente que estoy despedido, porque yo soy entrenador del club, no puedo moverme para hacer nada. El presidente no ha querido inscribirse en Primera FEB, si no te admiten en ACB al menos tienes la otra carta, pero él no ha querido, se lo ha jugado todo a una carta y así se va a cargar de un plumazo a un club con 38 años de historia.
¿Cómo estás viviendo estos últimos días? ¿Has hablado con el presidente?
No, no, ni una sola palabra. Es una situación en la que estoy muy desubicado. Para mí esto no es solo mi sitio de trabajo, es mi vida porque solo he trabajado aquí. Yo, desde que dejé de jugar y dejé de estudiar, solo he trabajado aquí. Y luego es el club de referencia de mi ciudad, yo soy de aquí, nací aquí y vivo aquí. Y para mí esto es un palo brutal, estoy desubicado. Hasta que no me ubique, a ver qué pasa. Todo lo que estamos viviendo ahora es lo peor en todos mis años en el club. Ver desaparecer tu casa es duro, se hace duro.

Foto interior. Rocky Jarana con Caja San Fernando. Temporada 94 95. Autor M.A. Forniés
POR JAVIER BALMASEDA
Colaborador JGBasket
MIGUEL ÁNGEL FORNIÉS nació en Badalona el 18 de septiembre de 1952. Estudió en los Salesianos Badalona y en el Colegió Badalonés. Servicio Militar en Campo Soto, Cádiz.
Fotoperiodista de Devoción. Colaboró con Eco Badalonés, 5Todo Baloncesto. Desde 1981 con Nuevo Basket como fotógrafo. Primer fotoperiodista en viajar a ver y fotografiar partidos de la NBA en 1984. Europeo de 1973, cinco Mundiales Júnior (de 1983 a 1999). Quince meses trabajando, viviendo y jugando a baloncesto en Argelia (Sidi Bel Abbès).
Mundial de España 1986, Mundial de Argentina en 1990. JJOO de Barcelona 1992 como adjunto del jefe de prensa de baloncesto. Ha escrito dos libros, Crónica de un viaje alucinante (en 2009) y Memorias Vividas (en 2015). Durante 19 temporadas (1996-2014) responsable de prensa del Club Joventut Badalona.





