Para todo apasionado del deporte, no hay nada mejor que una buena discusión sobre los grandes, sobre aquellos jugadores que marcaron época y cuyo legado forma parte de la historia del deporte y de nuestra memoria colectiva.

Así, nos encanta debatir sobre quién es mejor, Messi o RonaldoPelé o Maradona, o ya que este artículo va de tenis, quién es El Mejor de Todo los Tiempos, el GOAT (Greatest of All Time) RogerNole o Rafa.

Una discusión que, en el caso del Big Three, nos lleva a valorar el número de Grand Slams obtenidos, el balance de los enfrentamientos cara a cara, de Copas Davis ganadas, de semanas como número 1, pero que, indudablemente, está marcada por nuestras emociones, vivencias y preferencias personales, y que , ante unos números tan excepcionales y parejos, significa que no haya un consenso claro sobre quién es EL MÁS GRANDE.

Pero en esta discusión, en este debate, y de cara al futuro, va a entra un cuarto actor. Estamos hablando de un Carlos Alcaraz que, por supuesto, con dieciocho años y al comienzo de su carrera deportiva, aún no puede optar a dicha consideración, pero tiempo al tiempo.

Porque su fulgurante irrupción en el tenis, basada en una combinación única, explosiva, nunca vista de talento, capacidad atlética y mentalidad ganadora, convierte a Carlos Alcaraz en un cisne negro en el tenis y a mí, personalmente, me deja una sensación de «Deja Vù«, de haber vivido algo parecido, pero en otro deporte y en otra época.

Estamos hablando de la NBA, de su etapa dorada en los ochenta y los noventa, cuando el baloncesto profesional americano dio el gran salto y se convirtió en un deporte global.

Una etapa que estuvo marcada en un principio por el duelo entre dos grandes e icónicos jugadores. Así, Magic Johnson, dirigiendo el Show Time de Los Ángeles, era puro talento, clase, magia, asistencias imposibles. Enfrente, en la otra costa, en Boston, Larry Bird, Larry «Legend», encarnaba la capacidad competitiva pura, la mentalidad ganadora, el orgullo de los Celtics.

Las épicas finales Lakers-Celtics, con el duelo entre dos superclases, muy distintos pero inseparables, cuya rivalidad sacó los mejor da cada uno de ello, llevaron al baloncesto a un nivel superior y a todos los que vivimos aquella época nos dejó con la sensación de haber visto la auténtica grandeza del baloncesto.

 

¿Os suena algo a Federer vs Nadal, la clase y el talento contra la capacidad competitiva y la mentalidad ganadora? Y respecto a finales épicas, cambiemos el parqué del Boston Garden o el Fórum por la Central de Wimbledon o la Philippe Chartier.

Magic Johnson, Larry Bird, Michael Jordan, Roger Federer, Rafa Nadal, Nole Djokovic

Y justo en plena rivalidad Magic-Bird, desde Detroit aparecieron unos tipos, liderados por un tal Isaiah Thomas, dispuestos a desafiar el orden establecido.

Eran los Pistons, los Bad Boys que, aunque nunca consiguieron reemplazar en el corazón de los aficionados al verde y al púrpura, batieron tanto a Celtics como a Lakers y consiguieron títulos «Back to Back». Y, caramba qué coincidencia, en el tenis hemos tenido a nuestro Bad Boy particular, a un Nole Djokovic, que, al igual que el equipo de la «Motown», fue capaz de romper la jerarquía establecida y meterse en lo más alto.

Realmente, los que tuvimos la suerte de vivir aquella época dorada en la NBA pensábamos que ya lo habíamos visto todo, que nunca nadie sería capaz de superar a Magic, a Larry. Hasta que llegó Michael Jordan.

Porque «His Airness» representó algo nuevo, diferente, un jugador que tenía la magia y el carisma de Magic, el carácter ganador de Larry, «The killler instinct» de los Bad Boys. Todo ello combinado con un talento físico superior, con una capacidad atlética de otro nivel.

Así, Michael Jordan significó un salto cuántico en el baloncesto, en la forma de jugarlo, en lo que se podía hacer sobre una cancha de baloncesto.

Y todos los que habíamos vivido aquella época inolvidable, ya fuésemos de Larry o de Magic, nos tuvimos que rendir a la evidencia. Podría entusiasmarnos la forma en que el legendario base angelino dirigía el fast break o los triples inauditos de la estrella céltica, pero no hay duda. Cuando se pregunta a cualquiera quién es el Mejor Jugador de Baloncesto de la Historia, el GOAT, la respuesta es clara: Michael Jordan (por mucho que diga un tal Lebrón).

Volvamos al tenis, al presente. Y así, al final de una época dorada, después de haber visto a los tres mejores jugadores que ha dado la historia*, de manera fulgurante, aparece Carlos Alcaraz, un jugador que, combinando en su tenis las mejores virtudes del Big Three, un talento y un feeling a nivel Federer, una capacidad competitiva nadaliana, una defensa que solo se ha visto a Nole, posee unas condiciones físicas superiores y una velocidad de bola nunca vista.

Sin duda, estamos ante algo nuevo, ante digamos una nueva actualización de la forma de jugar al tenis que va a dejar fuera de juego a toda una generación de rivales, ante un jugador que, como hizo Michael Jordan en la NBA, va a significar un salto cuántico definitivo en el deporte de la raqueta.

Y sí, cuesta reconocerlo. Cuando has vivido casi dos décadas inolvidables, mágicas, cuando has disfrutado con el Big Three, cuando has presenciado la épica de la final de Wimbledon 2010, cuando has visto el nivel de Djokovic en el 2016, cuando te has emocionado viendo a Nadal ganar de forma absolutamente épica su veintiún grande, cuesta reconocer que un chaval de 18 años, es, ahora mismo, un jugador de otro nivel, un jugador superior, un tenista de otra dimensión.

Esto no significa que ya podamos decir que es el GOAT. Aún le queda recorrer el camino. Porque, volviendo a Jordan, desde que debutó en la liga tras haber alcanzado la gloria universitaria con los Tar Heels, ya desde su primer partido con Chicago Bulls, estaba claro que estábamos ante otra raza de jugador, ante un nuevo escalón evolutivo del baloncesto.

Pero para llegar a ser lo que fue, para llegar a ser el más grande, tuvo que recorrer un camino difícil, un camino en el sufrió lesiones, en el que fue batido en los playoffs ante los Celtics en el 86, a pesar de que como dijo la leyenda céltica «Dios se vistiese de Jordan» y anotase 63 puntos en el segundo partido de la serie y también y de forma dolorosa, en el 88, 89 y 90 en semifinales y finales de Conferencia ante los Pistons, hasta que, por fin, consiguió su primer título frente a Lakers en el 91.

Un camino que pudo haber sido muy distinto si Phil Jackson no entra como Head Coach y con su Triángulo Ofensivo cambia la manera de entender el ataque para siempre, si Scottie Pippen no se convierte en su lugarteniente o si, después de la muerte de su padre, hubiese decidido prolongar su retiro del baloncesto y seguir intentándolo sobre el diamante con los Birmingham Barons.

Pero todo eso no ocurrió: MJ consiguió seis anillos, fue el indiscutible líder del Dream Team, y el GOAT indiscutible de la canasta y, para muchos, el Mejor Deportista de Todos los Deportes de Todos los Tiempos (no el Más Grande, que como decía él mismo, corresponde a Mohammed Alí).

Con Carlos Alcaraz, estamos en una situación de partida similar. Y esta es la pregunta: ¿Será capaz el explosivo jugador murciano de sacarle partido a todo su potencial, a su condición de elegido, de jugador de otra dimensión? ¿Será capaz su equipo de conducirle por el circuito ATP como el bueno de Phil fue capaz, tirando de filosofía y budismo, de llevar a Jordan a la gloria del baloncesto profesional? ¿Será capaz de mantenerse enfocado año tras año? ¿Le respetarán las lesiones? Eso sí, espero que no intentará, tras ganar un par de Grand Slams, jugar de delantero en el Real Madrid de sus amores, como hizo Jordan con el béisbol.

La respuesta fácil es esta: «Solo el tiempo lo dirá«.

Yo voy a mojarme. Viendo todo lo que tiene Carlos Alcaraz en su arsenal tanto a nivel tenístico, físico como mental, valorando el magnífico equipo, con un grande como Juan Carlos Ferrero al frente, que le rodea y le guía, analizando lo que, a día de hoy, ya ha demostrado, lo voy a decir:

Carlos Alcaraz va a ser el Mejor Tenista de Todos los Tiempos, el GOAT, aunque el camino será duró y en él sufrirá dolorosas derrotas, perderá finales y tendrá momentos difíciles.

MIchael Jordan y Carlos Alcaraz.

Aunque, eso sí, para mí, mi favorito es y seguirá siendo por siempre, Rafa Nadal… Y Larry «Legend».

*Nota: No introduzco en la ecuación a Rod Laver, al igual que, hablando de la NBA, no meto a Wilt Chamberlain o Kareem Abdul Jabbar, pues, respetando su lugar en la historia, pertenecen a unas épocas en las que ambos deportes no habían alcanzado el nivel de plenitud que la NBA en los 80-90 representó y el tenis actual ostenta.

 

Por Pablo Carabias. Entrenador de tenis. Director de Marketing de la Federación de Tenis de Madrid.
Creador de las Series Colegiales / Copa Colegial de Baloncesto.

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