Se antojaba difícil la contienda, la derrota ante Eslovenia en la fase de grupos complicaba el camino a las medallas. Había que derrotar a Estados Unidos, la bestia negra de la selección española en los Juegos Olímpicos desde Atenas 2004. En aquella ocasión, como ahora, fue la rival en cuartos y, desgraciadamente, la historia se repitió y se acabó perdiendo por 81-95.

Al igual que en aquella ocasión, parecía que esta vez, sí podía ser. Las dudas de los norteamericanos en su preparación y la derrota ante Francia en la primera jornada, les hacían más asequibles. Además, si algo tiene esta España es que siempre da la cara y compite y así saltó a la pista. Tras un primer cuarto igualado en el que los de Scariolo se fueron con una mínima ventaja (23-21) con un Ricky –¡vaya campeonato!– en estado de gracia que mantenía ofensivamente a la selección.

Los jugadores de banquillo dieron otra marcha más a España, sobre todo, Chacho –16 puntos–, en ataque, y Willy –10 puntos y 10 rebotes–, en ambas zonas, imponiendo su envergadura y cerrando el aro con tres tapones casi consecutivos, que daban a España la máxima renta del choque (39-29), pero en un abrir y cerrar de ojos, con varias pérdidas y algún desajuste defensivo, sumado a un gran triple de Durant –29 puntos–, Estados Unidos consiguió empatar antes del descanso (43-43).

La segunda mitad no empezó de la mejor manera para los españoles, Gregg Popovich, cuestionado por sus resultados con la selección, consiguió que sus jugadores compartiesen su filosofía de dar un pase más –recordando a la mejor versión de San Antonio Spurs–,  permitiendo tiros cómodos desde el triple que iban abriendo brecha en el marcador (49-65).

Scariolo recurrió a Ricky, Chacho, a la energía de Garuba y al mayor de los Hernangómez, ya que ninguno de los Gasol estuvo a la altura. Estaba claro que era el último partido de Pau con la selección y veremos si de su carrera, pero la sorpresa llegó cuando su hermano anunció que también dejaba el equipo. El destino, siempre caprichoso, ha querido que el último encuentro de Marc –desaparecido durante todo el torneo– con España sea en el mismo escenario que le dio el espaldarazo a su carrera en aquella final del Mundial del 2006.

Volviendo al duelo, Estados Unidos había subido su intensidad defensiva y canastas, a priori, fáciles ya no entraban. Tocaba tirar de épica y allí estaba el MVP del último Mundial –38 puntos– para echarse el equipo a la espalda y recortar distancias (63-69), dejando las opciones intactas para el último cuarto. España trataba de agarrarse al partido e iban haciendo la goma, pero un último arreón de los estadounidenses cerró definitivamente la puerta a las semifinales para el combinado español.

Después de dos platas y un bronce, la selección no podrá conseguir su cuarta medalla consecutiva. A pesar del partidazo de Ricky y la gran actuación de Willy, España acusó demasiado las pérdidas de balón y la nula aportación ofensiva de Rudy, Abrines y Abalde, cero puntos entre los tres. Toca ya pensar en el futuro y renovar una generación que ha marcado una época y hecho historia en el baloncesto mundial.

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete técnico JGBasket

Foto: FIBA

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