Nadie conoce como él las canchas de streetball neoyorkinas. Antonio Gil lleva cinco años siendo testigo de excepción de los partidos que se viven en los barrios de la Gran Manzana y ha querido transmitir sus experiencias en su libro El partido que cambió la historia: El streetball en Nueva York ya no será lo mismo. A través de sus páginas rememora la final celebrada en la cancha de Dyckman en el verano de 2011, coincidiendo con el lockout de la NBA, que enfrentó al Team Nike y Ooh Way.

Han pasado ya cinco años desde que el corresponsal de Gigantes y Basket4us en Estados Unidos presenciase su primer partido de playground en Nueva York. Desde entonces, su amor por el baloncesto callejero ha ido creciendo verano tras verano, empapándose de su ambiente, jugando y conociendo de primera mano a sus protagonistas. Gil, que ha cubierto dos All-Star y tres finales de la NBA, es consciente de que lo que vio en Dyckman aquella tarde es algo inolvidable y nunca volverá a repetirse. Por eso, no podía dejar pasar la oportunidad de escribir un libro que encandilará y apasionará a todos los amantes del baloncesto, dando a conocer el streetball desde dentro. Pero esto no es más que el comienzo, aún quedan muchos parques y jugadores por descubrir en la Gran Manzana.

 

– ¿Qué hace histórico al partido del 20 de julio de 2011 en Dyckman?

– Lo que hace histórico aquel partido es que desde que se lanzó el primer balón al aire en una cancha de streetball, nunca antes había habido un partido con la repercusión mediática y social que alcanzó éste. Era el verano de 2011, el del lockout, no había nada de baloncesto, ni Liga de Verano en Las Vegas ni Training Camp. Lo que hacía que los jugadores NBA se quitasen el gusanillo jugando diferentes torneos en las canchas de los barrios de Nueva York. Pero este partido tenía algo especial y es que no había ningún jugador NBA disputándolo.

 

– ¿Por qué la mayoría de los buenos jugadores de streetball no llegan a triunfar en el baloncesto profesional?

– Son baloncestos muy distintos. Hay mucha diferencia entre ellos, al igual que la hay entre el High School y la NCAA y de ésta a la NBA, ya que hay muchos jugadores que llegan como estrellas de su liga y tardan en despuntar o nunca lo llegan a hacer. Además, el ambiente que se respira, el tipo de juego y la anarquía de los jugadores también influyen. En la calle puede jugar cualquiera, pero la NBA es muy complicada y tienes que estar en el sitio oportuno, en el momento oportuno y tener al entrenador idóneo, además, de, por supuesto, calidad para poder llegar.

 

– Esa anarquía, ¿es lo que más dificulta su adaptación?

– Para adaptarse al baloncesto creo que sólo necesitan una cosa, profesionalidad. A un jugador que se ha criado en la calle es difícil hacerle ver que tiene que estar a una hora para coger un autobús, que no puede ver a su familia durante un tiempo o que no puede salir de fiesta. La gran diferencia entre un jugador profesional y uno de playground es saber distinguir cuándo está en el barrio y cuando en un equipo. Tienen que ser conscientes de que hay que poder compaginar los dos mundos, ya que no por ser profesional dejan de ser un tío de barrio.

 

– ¿Por qué crees que tiene tan mala prensa?

– La explicación resulta fácil. Hace unos años And1 realizó una serie de vídeos con los highlights de las canchas de streetball para difundir en los medios. En ellos se veían a los jugadores a modo de Harlem Globetrotters, haciendo caños o vacilando a los rivales, lo que sirvió para que el público le pusiese una serie de etiquetas y clichés. Llevo cinco años viendo muchos partidos y, excepto en contadísimas excepciones y como recurso, nunca he visto a nadie hacer este tipo de acciones. Todos quieren ganar y tener reconocimiento en su barrio. En los medios se ha prostituido su imagen porque se ha le ha relacionado frecuentemente con bandas callejeras, apuestas… pero eso, realmente, está a años luz de lo que verdaderamente es. No pasa nada alrededor de los torneos, ya que si sucediese algo se dejarían de celebrar. Una vez estaba viendo un partido y una madre me dijo que si no fuese por estos torneos su hijo no podría jugar en la calle. El streetball es más positivo de lo que prensa quiere vender.

 

– ¿Qué destacarías de este baloncesto?

– Su pureza. Es baloncesto en estado puro. Hay entrenadores, árbitros, de todo, como en cualquier partido, pero la libertad y el desparpajo que se respira en la cancha hacen que un partido de baloncesto sea mucho más. Cuando vas al Madison Square Garden es un espectáculo, mientras que cuando vas a un partido de streetball es más que baloncesto. Ves al que está vendiendo en su puesto arroz con pollo, a los niños que aprovechan para venderte una chocolatina a un dólar para comprar juguetes… Se respira barrio por todas partes y eso no se respira en ninguna cancha.

 

– En España apenas existe el baloncesto callejero, ¿a qué crees que se debe?

– España es un país de fútbol y no podemos cambiarlo. El baloncesto tiene repercusión porque la selección está consiguiendo muchos éxitos en la última década. A pesar de ello, los niños prefieren ser futbolistas a jugadores de baloncesto. Eso no ocurre en Estados Unidos, en los barrios “marginales” quieren ser jugadores de la NBA. Pueden jugar al fútbol americano, al beisbol, pero saben que la NBA es la forma más rápida de triunfar.

 

– Desde la NBA, ¿qué imagen se tiene del streetball?

– Para mí la NBA es la mejor liga del mundo, ya que la organización que tiene, no la hay ni en la NHL, ni en la NFL, ni en ninguna otra liga. Pero su “gran mentira” es querer guardar las apariencias. Hubo una época en la que se quiso censurar la estética del hip-hop, pero han vivido de ella durante muchos años, ya que los raperos salían en los videoclips con camisetas de equipos NBA y eso les daba mucha publicidad. Siempre necesita un supervillano contra el que ir, cuando no es la forma de vestir, es la forma de actuar y, ahora, les ha dado por el flopping, van a multar a los teatreros porque quieren marcar tendencias. Veo bien que intenten controlar ciertos aspectos de los jugadores porque son un modelo para millones de niños y jóvenes. La NBA vive del streetball. Un claro ejemplo es Jamal Crawford, jugador de los Clippers, que realiza espectaculares crossover, lo que aprovechan desde la NBA para venderlo como el jugador más playground. No pueden censurar algo y a la vez promocionarlo para sacarle rentabilidad. Sin ir más lejos, en 2002, David Stern fue con Bill Clinton y Stephon Marbury a presenciar un partido a Rucker Park. Lo que quieren es un playground elitista.

 

– Después de varios años viviendo en Estados Unidos, ¿cómo se ve allí el baloncesto español?

El partido que cambio la historia. Libro de baloncesto. Antonio Gil– En Estados Unidos lo único que se conoce es el baloncesto de selecciones y, como mucho, los muy aficionados saben algo de la Euroliga. Allí sucede una cosa muy curiosa y es que tienen rabia a la selección española de baloncesto, deseaban que la final de los Juegos Olímpicos de Londres fuese contra España. Aprovechaban cualquier oportunidad para criticar continuamente a los jugadores españoles, sobre todo, por hacer flopping. También cada vez que Rudy destacaba, se recordaba que en la NBA no había triunfado e incluso algunos no entendían como Ibaka jugaba con España y no con los norteamericanos. Cuando un país con la mentalidad ganadora de Estados Unidos tiene esa rabia y envidia a una selección, es que la consideran buena y una gran rival.

 

Entrevista realizada a Antonio Gil por Víctor Escandón Prada para www.jgbasket.net el 4 de enero de 2012

Foto: Showroom Basketspirit.com en Madrid

 

 

Comprar el libro «El partido que cambió la historia» de Antonio Gil Sose

 

Publicada el: 6 enero 2013 22:25 pm

(Visited 1 times, 1 visits today)