Win or go home, ese es el acertado slogan que los gurús del marketing han diseñado para esta temporada en la NBA, mensaje corto, simple, y muy directo. Ayer en el TD Garden de Boston se celebraba el sexto partido de la final de la Conferencia Este, la única todavía en juego, con unos Miami Heat contra las cuerdas. Los fantasmas de las derrotas del pasado acechaban las conciencias de los aficionados de Miami. El record de Lebron, máximo referente del conjunto de Spoelstra, en este tipo de partidos no era muy halagüeño, 2-6. El peso de la Historia también jugaba en contra de los de South Beach, y es que el Garden se vestiría con sus mejores galas rememorando tiempos pasados en los que engullía figuras como las de Magic Johnson en aquellos míticos duelos de la década de los 80.

Pero cuando hay que dar un paso al frente el líder suele ser el primero en realizarlo, y llevar en sus espaldas al resto del equipo, y eso lo hizo a la perfección Lebron James, y es que el Rey demostró su categoría de tres veces MVP, y acalló a sus detractores con una de esas actuaciones sólo al alcance de los más grandes de este deporte, 45 puntos, 15 rebotes, y 5 asistencias, números siderales que permiten volver a Miami con la serie igualada, y con el factor cancha a favor, y aunque no deben confiarse como en el quinto partido, la eliminatoria, y el pase a la final parece darse por hecho, salvo hecatombe. Esta vez bien secundado por Wade, entre los dos anotaron prácticamente el 60% de los puntos de Miami, algo que entra en los esquemas del entrenador Spoelstra, y del Presidente, que observaba atentamente desde la grada, Pat Riley. Mientras Bosh todavía recupera sensaciones tras salir de la lesión, jugadores como Chalmers, o Battier asumen su rol a la perfección, engrasando la maquinaria de los Heat.

Desde el principio las sensaciones fueron positivas para James, en ningún momento Boston salió al partido con la actitud de ser un win or go home, permitiendo anotar con facilidad a Lebron, cuyos porcentajes en el lanzamiento fueron del 73%, la tibieza con la que afrontó Boston el partido supuso también la desactivación de su público, que esperaba algo más, dada la importancia del partido, y conocedores de la dificultad que entraña volver asaltar el American Airlines de Miami por segunda vez. Sólo Rondo estuvo a la altura, aunque sus 7 pérdidas de balón fueron demasiado lastre para su equipo, desaparecidos en combate Allen, Garnett, o un Pierce horrible en el lanzamiento, el conjunto de Doc Rivers firmó un pésimo 1/14 en lanzamientos desde el permímetro, en esta ocasión la segunda unidad no salió al rescate, y las diferencias en el marcador nunca fueron recortadas.

El próximo Sábado se disputará el definitivo séptimo partido de esta eliminatoria, en la que pocos apostaban por unos veteranos Celtics. Sin embargo la decepcionante segunda unidad de Miami, fichada con el objetivo de compensar carencias del año pasado, ha permitido con su ausencia en los partidos, llegar a esta situación. El gran secreto de los Celtics al parecer ha sido no entrenar desde el comienzo de los playoff, seguro que las piernas cargadas de kilómetros de sus jugadores importantes lo han agradecido, pero cuando tienes en frente a una fuerza incontrolada como Lebron James, deberías plantearte estructurar algo más las ayudas defensivas, rotaciones, y 2×1 sobre este jugador para que el impacto sobre el juego no sea tan determinante como lo visto ayer. Lebron dejó su estado natal de Ohio con un objetivo, desde entonces su juego ha evolucionado hasta elevarle, junto a Durant, a la cúspide de la NBA, él es consciente, pero su ambición no se para en la consecución de galardones a nivel individual, sabe perfectamente que si quiere empezar a ganarse el cariño, y admiración de los aficionados, y conseguir un buen puesto dentro de la Historia de la NBA, debe imperiosamente ganar anillos, para ello no duda, ni dudará en desplegar todo su potencial ofensivo. Mientras Oklahoma espera, y en las oficinas de la NBA más de un ejecutivo, incluyendo a David Stern, se frota las manos pensando en el duelo Durant-Lebron.

 

Por Alex Senra del Cerro
Analista NBA JGBasket

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