Lolo Sainz está considerado uno de los mejores entrenadores españoles de la historia. Después de colgar las botas en el Real Madrid, a los 27 años, pasó por todas las categorías inferiores del club antes de que Pedro Ferrándiz le ofreciese la oportunidad de ser su ayudante en el primer equipo. Durante dos temporadas estuvo al lado de su maestro, aprendiendo de él y, sin saberlo, preparándose para coger el relevo. Todo un reto por delante.

Su afición por entrenar ya le venía de lejos. Con solo 20 años, llevaba a un grupo de chavales en el colegio Claret. Lo hacía clandestinamente, ya que lo tenía totalmente prohibido por el club –aunque Ferrándiz lo sabía y ese detalle le gustó–, pero eso no le impedía disfrutar haciéndolo en sus ratos libres. Lolo siguió haciendo méritos a los ojos de su entrenador cuando, después de regresar de una gira por África, tuvieron que operarle del dedo meñique y debía guardar reposo, pero prefirió dirigir a un grupo de chavales en el torneo social de Mahou, en el que los jugadores del primer equipo ejercían de entrenadores. Sin darse cuenta, empezaba a escribir su legado.

Su primer reto fue dirigir al infantil y, durante tres temporadas, fue creciendo en el organigrama de la cantera del club hasta llegar al Vallehermoso en 1972. Siempre supervisado en la distancia por Ferrándiz, aprendía a pasos agigantados. Llegó al banquillo del filial, pero su etapa fue efímera, ya que tan solo un año después, Ferrándiz le reclamaba para ser su segundo entrenador en el primer equipo. Era su oportunidad de seguir formándose al lado del mejor.

Sainz, en su etapa de segundo entrenador con Pedro Ferrándiz, durante la temporada 1974-75.

Es difícil saber cuándo Ferrándiz tomó la decisión de que Lolo iba a ser su sustituto, si ya lo había empezado a percibir cuando le dio los mandos del Real Madrid como base. Lo que está claro es que el grado de exigencia a su pupilo era máximo. Sin ir más lejos, fue el profesor más duro que tuvo en el curso nacional de entrenadores. Cualquiera hubiese dudado a la hora de aceptar el reto de ser el sucesor del entrenador más laureado de la historia del club, pero no Sainz.

La misión era muy complicada, pero, en su primera temporada, Lolo ya disipó todas las dudas. Conocía muy bien a la plantilla y supo motivarles para no perder la ambición por ganar, una ambición que mantuvo intacta durante las catorce temporadas que dirigió al Real Madrid, en las que sumó dos Copas de Europa, ocho Ligas, cuatro Copas del Rey, tres Copas Intercontinentales, dos Recopas, una Copa Korac, un Mundial de Clubes y una Supercopa de España. En total, 734 duelos que le convertían en el entrenador con más partidos en la historia del club, registro superado por Pablo Laso el pasado mes de febrero.

Tantos años al frente del equipo, le dieron para vivir muchos éxitos, pero también algunos fracasos, provocados por el renacer, en los años 80 del Barcelona, con el que se vivieron batallas épicas. Aunque acabó su etapa en el banquillo con más de un 80% de victorias, su perfeccionismo le hacía analizar minuciosamente las derrotas para aprender de ellas y que el equipo saliese reforzado. Es difícil quedarse con alguno de los veinte títulos, pero Lolo recuerda con especial cariño la final de la Copa de Europa de 1980 en la que se impusieron a su gran rival, Maccabi.

Por sus manos han pasado algunos de los mejores jugadores de la época: Brabender, Emiliano, Szczerbiak, Luyk, Fernando Martín… Pero hay dos que, aunque tuvieron un corto periplo en el Real Madrid, han quedado grabados en la memoria de Sainz. El primero fue Mirza Delibasic, un talento diferente dentro y fuera de la cancha, con el que sintió una conexión especial. El segundo, cómo no, Drazen Petrovic, un jugador querido y odiado dependiendo de si estaba en tu equipo o en el rival, con un carácter que le hizo tener sonados enfrentamientos con sus compañeros.

A pesar de haber conquistado la Copa del Rey y la Recopa, la temporada 1988-89 supuso un gran desgaste para Lolo, la llegada de Petrovic chocó contra los pesos pesados del vestuario y aunque, de puertas para fuera, la situación parecía controlada, fue un año difícil de gestionar, en especial, por el temperamento del genio de Sibenik. No se sabe si ese fue el detonante para que Sainz abandonase el banquillo, pero la decisión estaba tomada y empezaba una nueva etapa para él como mánager del Real Madrid que, al contrario de lo ocurrido en sus épocas como jugador y entrenador, fue efímera y duró solo un año, en el que una de sus decisiones fue contratar como su sustituto a George Karl.

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete técnico JGBasket

Fotos: Real Madrid

Publicado el 31 Marzo de 2021 a las 22:48

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