Por Javier Balmaseda | Foto portada Miguel Ángel Forniés

Hablamos con el mítico presidente del CAI Zaragoza, José Luis Rubio, y con una leyenda del equipo maño, Indio Díaz, para acercarnos a la figura de Mel Turpin, uno de los jugadores más grandes que han pasado por la ACB.

Melvin Harrison Turpin, pívot estadounidense de 2,11 m, nació en Lexington, Kentucky, el 28 de diciembre de 1960. Los Bullets lo seleccionaron en el puesto 6 del Draft del 84. Sin embargo y pese a tener un futuro más que prometedor por entonces, el exceso de peso y algo más no le dejaron brillar en el baloncesto. Su última temporada como profesional fue la 89/90, cuando era jugador de los Bullets. Solo tenía 30 años, pero ya no tenía fuerzas para seguir jugando al basket. Desgraciadamente, el 8 de julio de 2010 fallecía a los 49 años de edad en Estados Unidos, cuando apareció muerto en su domicilio, en Lexington. Se había pegado un tiro aunque, según contaron, nadie llegó a entenderlo porque no parecía deprimido y tampoco había dejado una nota.

Mel Turpin jugó en la ACB una única temporada, la 88/89, cuando José Luis Rubio lo fichó para el CAI. Pese a que fueron solo unos meses los que permaneció en España, Indio Díaz y Rubio recuerdan con cariño algunas anécdotas junto a él. Está claro que vino sobrado de peso, pero los kilos no era lo único que le sobraba a Mel cuando estuvo en Zaragoza.

JOSÉ LUIS RUBIO SOBRE MEL TURPIN

Lo curioso de Mel Turpin es que yo tenía fichado a Piculín Ortiz, que lo fiché por tres años y estaba drafteado por los Utah Jazz. Pero al final no contaron con él y se vino a Zaragoza. Resulta que durante la temporada vino a verlo el vicepresidente de Utah porque tenía referencias de que estaba jugando muy bien. Llegó y nos ofreció llegar a un acuerdo y cambiárnoslo por otro jugador. Yo era reacio, pero Ranko Zeravica, que era el entrenador en aquella época, al principio de fichar a Piculín estaba enamorado de él porque decía que era como un jugador del este, yugoslavo. Sin embargo, al final de temporada no estaba tan contento con él. De tal modo que, cuando nos ofrecieron la opción de elegir a un jugador de la plantilla de Utah y cambiarlo, finalmente lo aceptamos. Ranko Zeravica se fue a Estados Unidos, yo no pude ir, y eligió a Mel Turpin, que estaba cobrando en aquella época 1 millón de dólares. El acuerdo era que nosotros no íbamos a poder pagar esa cantidad, le pagábamos 250.000 dólares y el resto Utah. Y Mel Turpin vino a Zaragoza, estuvo un año con nosotros. Yo a lo mejor no lo hubiera cambiado, pero Ranko vino enamorado de él cuando regresó de Estados Unidos. No obstante, el Mel Turpin que vino aquí no era el Mel Turpin, digamos al cien por cien, vino un poco de turista.

Era un tío especial, a este sí que le iba un poco más la marcha. Era un tío que iba sobrado de dinero. Cuando quería se ponía las pilas y jugaba a tope, y entonces no había ningún americano en España que pudiese pararle. Pero la mayoría de los partidos jugaba un poco al paso, como digo yo, ya que no mostraba un interés de dar el cien por cien. Al año siguiente no contamos con él.

Te puedo contar una anécdota. Fuimos a jugar a Málaga y al acabar el partido, estábamos en el aeropuerto de Málaga, y  Mel dice que se ha dejado la cartera en el hotel, que llevaba una barbaridad de dinero, no sé… se había dejado 100.000 pesetas en la cartera. Y todos pensamos: “Pero, ¿este está loco?”. Y dice el tío: “No os preocupéis. Me da igual, no pasa nada”. Y nosotros: “No, no”. Y le dijimos al delegado: “Pide un taxi, que estamos a tiempo, vete al hotel y coge la cartera que se ha dejado allí”. Y así fue. Mel iba sobradísimo de dinero.

Foto Miguel Ángel Forniés

Foto Miguel Ángel Forniés

 

INDIO DÍAZ SOBRE MEL TURPIN

Yo creo que como venía de la NBA, se pensaba que en Europa le iba a ser todo más fácil. Sin embargo, vino un poco pasado de peso y le costó mucho adaptarse. Pero calidad tenía para dar y tomar.

Anécdotas solamente me acuerdo de una (risas), que fue muy divertida. Veníamos en autobús de jugar en Barcelona, y el autobús siempre paraba al lado de lo que era la oficina del club, que antiguamente era un pub que se llamaba El Basket, o algo así. Y en  esa calle estaban todos los garitos de moda en aquella época, de tal modo, que siempre que nos bajábamos del autobús, como llegábamos alrededor de las 12 o la 1 de la madrugada, todos nos tomábamos allí unas cervezas. Todavía estaban las pesetas. Mel venía con nosotros porque le gustaba mucho… en fin, la diversión y tal. Una noche de estas que estábamos pidiendo cervezas y tal, Mel va a pagar y le traen la vuelta y lo deja allí. Y nosotros: “Oye, Mel, joder, has pagado con un billete de 5000 pesetas”. Y le traen el cambio de lo que era la cerveza. Claro, eran 4000 y pico pesetas. Cada uno pagaba lo suyo, estaba estipulado así porque si no era un rollo. Y llega Mel, paga, se da media vuelta, se toma la cerveza y se pira a casa. Y nosotros nos quedamos: “Oye, Mel, tu dinero”. Y él: “Que no, que no…”. Claro, cogimos las 4000 pelas y nos las fundimos nosotros (risas).

Él no sabía en aquel momento hacer el cambio de moneda, pero ya aprovechamos el resto para decir: “Bueno, pues nada. Vamos a tomarnos un par de ellas más…”. (risas)

Mel ganaba en aquel momento tanta pasta, que yo creo que al final se te va un poco la onda. Yo creo que no sabía muy bien cuántos dólares eran 1000 pesetas. No sé si ganaba 800.000 dólares por aquella época… por ahí más o menos, eran cosas que se rumoreaban, que una parte se la pagaba la NBA y otra el club. Nosotros no estábamos al tanto de eso. Y claro, al ganar tanta pasta, el tío dijo: “Buah, qué más da”. Nosotros flipábamos, imagínate, se dejaba 4000 pelas y a nosotros nos rompía los esquemas: “Este tío, no sabe lo que deja ahí…”.

¿Es verdad que comía tantas hamburguesas?

Recuerdo una vez en Barcelona, habíamos acabado de comer y, de repente, no sé quién nos llamó, el jugador que estaba con él en la habitación. Fuimos a ver, y se había pedido del Kentucky Fried Chicken la caja grande, llena de pollo, o sea, le miramos y dijimos: “No puede ser, no puede ser”. Y hamburguesas se tomaba unas cuantas. Claro, así estaba, fuera de peso. Tenía un desajuste importante entre el tren inferior y superior, o sea, tenía unas piernas delgaditas, fuertes, pero delgaditas y, sin embargo, tenía un tronco muy grande. Técnicamente era un tío muy bueno, tenía una muñeca fantástica, que era lo que le sacaba de todos los problemas.

Mel Turpin CAI Zaragoza. Foto Miguel Ángel Forniés

Mel Turpin CAI Zaragoza. Foto Miguel Ángel Forniés

 

POR JAVIER BALMASEDA
Colaborador JGBasket

MIGUEL ÁNGEL FORNIÉS nació en Badalona el 18 de septiembre de 1952. Estudió en los Salesianos Badalona y en el Colegió Badalonés. Servicio Militar en Campo Soto, Cádiz.

Fotoperiodista de Devoción. Colaboró con Eco Badalonés, 5Todo Baloncesto. Desde 1981 con Nuevo Basket como fotógrafo. Primer fotoperiodista en viajar a ver y fotografiar partidos de la NBA en 1984. Europeo de 1973, cinco Mundiales Júnior (de 1983 a 1999). Quince meses trabajando, viviendo y jugando a baloncesto en Argelia (Sidi Bel Abbès).

Mundial de España 1986, Mundial de Argentina en 1990. JJOO de Barcelona 1992 como adjunto del jefe de prensa de baloncesto. Ha escrito dos libros, Crónica de un viaje alucinante (en 2009) y Memorias Vividas (en 2015). Durante 19 temporadas (1996-2014) responsable de prensa del Club Joventut Badalona.

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