Llega el momento de los cruces y empiezan las suspicacias. Australia, que reservó a sus dos mejores jugadores (Ingles y Baynes), perdió contra todo pronóstico ante Angola. Dragic no tardó en su cuenta de twitter en insinuar un amaño, incluso instó a la FIBA a hacer algo al respecto. El motivo, el de siempre, tratar de evitar a Estados Unidos. La jugada, gracias a la victoria lituana, les ha salido bien y no se encontrarían con los estadounidenses hasta semis.

La tensión por la clasificación se ha vivido en las cuatro sedes, pero en Sevilla hubo, además, un factor extra, el rumor de que Repesa podría dimitir antes del choque ante Puerto Rico por la presión del vestuario. El posible motín se quedó en nada y los croatas ganaron con contundencia, asegurando su pase a octavos.

España, que se relajó en defensa en la segunda mitad, y Estados Unidos volvieron a dar muestras de su superioridad y tendrán, a priori, unos cruces más que asequibles ante Senegal y México. En esa ronda no estará Filipinas, pero lo celebró como si lo estuviese. No es para menos, logró su primer triunfo en un Mundial cuarenta años después. Se lo han merecido.

La invasión finlandesa puso su punto y final en Bilbao. La capital vizcaína acogió con los brazos abiertos a una afición numerosa, que soñó hasta el final con la clasificación, pero que, tras regalar el partido a Turquía, cayó en otro apretado final ante Nueva Zelanda. Las lágrimas de los jugadores eran el claro síntoma de frustración y de haber desperdiciado una oportunidad histórica.

El morbo en octavos lo pondrá el enfrentamiento entre Brasil y Argentina. Ambos equipos ya se vieron las caras en esta misma ronda hace cuatro años, con victoria para la albiceleste. Magnano, que guió a los argentinos al oro en los Juegos Olímpicos y al subcampeonato en el Mundial, quiere hacer lo mismo ahora en el banquillo brasileño.

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Analista Mundial 2014 para JGBasket

Foto: FIBA

 

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