La prepotencia y arrogancia de la que peca, en muchas ocasiones, Estados Unidos, le ha pasado factura a España. Los jugadores estadounidenses llegaron hipermotivados al Mundial, molestos con las críticas que había recibido su juego interior. Por eso, después de machacar a Lituania con otro tercer cuarto espectacular –¿qué se hablará en ese vestuario en los descansos?– y pasearse hasta plantarse en la final, Faried no dudó en cargar contra los españoles, sintiéndose decepcionado, ya que “queríamos ganarles el título en su país”.

La derrota ante Francia aún colea. Sáez se vio obligado a salir a dar la cara, pero en la rueda de prensa quiso ser tan políticamente correcto que dejó las mismas dudas que antes de su comparecencia. Orenga ha pasado el primer corte, aunque si hubiese que apostar, el actual seleccionador no llegará a la cita del próximo verano. Los jugadores, si alguna vez la tuvieron, han perdido toda la confianza en él y el presidente de la FEB sabe que puede ser su salvavidas en caso de que la cosa se complique.

La falta de rotaciones en la selección española ha sido un aspecto determinante a la hora de afrontar el partido ante Francia. Jugadores que se sentían infravalorados (Ibaka o Calderón) fueron perdiendo confianza en sí mismos, viéndoseles acelerados por querer demostrar, en los pocos minutos que tenían, de lo que eran capaces de hacer; otros como Felipe, Claver y Abrines fueron espectadores de lujo en la fila 0. Todo lo contrario que sucedió a franceses o serbios. Collet y Djordjevic fueron implicando a todos durante la primera fase, conscientes de que, con Estados Unidos por el otro lado del cuadro, daba igual el rival (Argentina, Grecia o Croacia), ya que, a priori, iban a tener el mimo nivel de dificultad.

En un choque a cara de perro, Serbia y Francia se jugaban un puesto en la final. En esas lides, los balcánicos siempre tienen un plus en su haber. Pasaron de dominar a sufrir, gracias al excelso partido de Batum (35 puntos), pero a eso han venido. Nadie les dijo que fuera a ser fácil. Y así, como quien no quiere la cosa y con tres derrotas se han plantado en la final.

En estos torneos hay pequeños detalles que marcan la competición. El día del duelo ante España, Djordjevic, con el partido perdido, dio muestras de su carácter –ese que le hizo levantar los brazos para celebrar el título de Liga y retar a todo el Palau, vistiendo la camiseta del Madrid– enfrentándose a los árbitros y a Orenga. Fue expulsado, pero antes felicitó uno por uno a sus jugadores por el esfuerzo que habían realizado. Para muchos, un brindis al sol, pero para su pupilos una muestra de que su entrenador estaba a muerte con ellos. Ese gesto les ha dado la confianza suficiente para ir creciendo y luchar por el oro.

Por cierto, la apuesta de Mediaset por el baloncesto volvió a quedar latente en los deportes de Cuatro, en los que, durante más de dos minutos y sin haber echado un resumen del partido entre Estados Unidos y Lituania, sacaron un reportaje –sólo enfocando a la grada– de lo bien que se lo pasaban los futbolistas del Barça durante el choque. España demostró que no ha estado a la altura, pero las retransmisiones televisivas tampoco lo han estado.

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Analista Mundial 2014 para JGBasket

Foto: FIBA

 

 

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