Corría la temporada 84/85 cuando la lesión de Bernard King marcó el devenir de unos Knicks que alcanzaron la paupérrima cifra de 24 victorias, pocos creían que esa marca cosechada por el equipo de Hubbie Brown pudiese repetirse, pero los infames Knicks de la temporada 2005/2006 lo consiguieron, estableciendo en 23 una nueva marca, deshonrosa por otro lado, para una de las franquicias con más historia de la NBA.

En esa ocasión, jugadores en un claro ocaso y dejadez como Marbury, o Steve Francis capitanearon la nave dirigida por Larry Brown a una ruina deportiva, y económica, en la que los contratos de Allan Houston, Penny Hardaway, o Antonio Davis ahogaron durante las temporadas siguientes a la franquicia de la gran manzana. Bajo un manto de cierta mala suerte instalado permanentemente en el equipo, los posteriores proyectos deportivos mejoraron la pésima imagen de los Knicks, pero aún quedaron lejos de poder asaltar el gran sueño del anillo.

La llegada del gurú Phil Jackson a la ciudad de Nueva York cambió radicalmente la ilusión de unos aficionados acostumbrados a las decepciones de su equipo, una nueva era empezaba.

La llegada al banquillo de Dereck Fisher, y la instauración del triángulo ofensivo como sistema de juego parecía que elevaría el nivel del equipo a niveles semejantes a los de equipos aspirantes como Bulls, o Cavs, la realidad es que a esa dupla de aspirantes se ha ido uniendo los Atlanta Hawks de Mike Budenholzer. Sobre el papel todo era ilusión, y más contando con jugadores de calidad contrastada en la liga como Carmelo Anthony, gran objeto de deseo este pasado verano en la agencia libre, Stoudamire, Hardaway, Shumpert, o José Manuel Calderón. Entonces, ¿Qué ha ocurrido para que en 3 meses de competición el balance de este equipo sea 5-32, y esté en posición de superar la deshonrosa marca de los Knicks de la 2005/2006?

Los focos de culpabilidad se centran principalmente en la figura del entrenador novato Fisher, los jugadores no terminan de ajustarse a los principios básicos del triángulo ofensivo, y ya se han escuchado los primeros gritos en el Madison pidiendo la cabeza de Fisher.

Imponer un sistema de juego en ocasiones es complejo, y más cuando no tienes en cuenta las características de tus jugadores. Carmelo Anthony refleja en su juego todo lo contrario a los principios del triángulo ofensivo, pero no es el único, JR Smith, o Hardaway Jr son jugadores que necesitan mucho tiempo el balón en sus manos, aunque todos ellos son muy versátiles en su juego, el movimiento de balón con un propósito no es precisamente su mayor punto fuerte. Esta retención del balón limita considerablemente las ventajas que se generan en el triángulo ofensivo, y favorece considerablemente el trabajo de las defensas contrarias, el uso de los espacios suele ser caótico, rompiendo otro principio y cualquier tipo de equilibrio en el plano ofensivo. Otro de los principios básicos se basa en la importancia de cargar el rebote ofensivo, y el trabajo del balance defensivo, y de nuevo en esta área nos encontramos un déficit que es castigado seriamente por los rivales, que encuentran una autopista sin ningún tipo de peaje para anotar con facilidad. Los parciales encajados por los Knicks suelen ser determinantes para romper los partidos en el marcador. El obcecamiento de las estrellas a resolver de forma individual los partidos ha degenerado en algunas disputas internas dentro del equipo.

Si en el plano ofensivo las estadísticas avanzadas de la NBA sitúan a los Knicks como peor equipo de la liga, echando un vistazo al plano defensivo se entiende perfectamente los graves problemas a los que se enfrenta este conjunto. La pasividad de jugadores como Anthony, Hardaway o Stoudamire es alarmante.

Aunque mención aparte merecen jugadores como Shumpert, una versión incompleta y desmejorada de jugadores como Jimmy Butler, o Kawhi Leonard, un Amare Stoudamire en claro ocaso de su carrera, o Bargnani, cuyo compromiso brilla por su ausencia. Jugadores como Samuel Dalambert, el poste titular, tendría serios problemas para poder jugar en un equipo de perfil medio en Europa, al igual que Jason Smith, Cole Aldrich, o Quincy Acy.
Si ya fuesen pocos los problemas de la franquicia, en la noche de reyes se produjo un movimiento que generará bastante debate, en el cual los Knicks se han desprendido de Iman Shumpert, y JR Smith a cambio de Alex Kirk, y Lou Admunson, en un traspaso con Cleveland Cavaliers, que a su vez enviaron a Dion Waiters a Oklahoma. ¿Tiene sentido desprenderse de dos de tus jugadores más importantes a cambio de dos suplentes que no tendrán peso en la rotación de los Knicks?. El movimiento puede ser interpretado como un ejemplo claro de tanking con la intención de obtener más opciones para conseguir el número uno del próximo draft. Más allá de lo obvio, este movimiento sirve para liberar dos contratos elevados de cara una reconstrucción necesaria este verano. Aún quedan piezas como Stoudamire o Bargnani con unos contratos desorbitados que lastran opciones futuras de reconstrucción de la plantilla.

La salida de Shumpert y Smith, o las posibles este verano de Amare y Andrea no deben suponer un caos, dado que las características de todos ellos no encajan con los principios que Fisher desea instalar en el equipo. En el horizonte aparece la alargada figura de Jahill Okafor, el excelente poste de Duke que es el objeto de deseo de todas aquellas franquicias que optarán a conseguir la primera elección del draft. Inteligencia, y movilidad al servicio de un equipo que anhela ese perfil de jugador en posiciones interiores. Con espacio salarial suficiente la siguiente pieza por la que lucharán ferozmente los Knicks será Marc Gasol. Ambos cambiarían radicalmente la dinámica del equipo por sus características.
Todo apunta a que estos Knicks pueden convertirse en el peor equipo de la historia de la franquicia, no hay excesivos motivos para esperanzarse con una recuperación que parece muy lejos de producirse. Aún quedan cuatro meses de competición que serán un tormento para todos los aficionados de los Knicks, pero la transición continúa su proceso, y aunque éste se haya alargado más de lo esperado, Phil Jackson sigue confiando en poder alcanzar el anillo de campeón de la NBA con los New York Knicks.

Por Alex Senra del Cerro
Entrenador superior baloncesto y especialista baloncesto USA.
Colaborador JGBasket

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