
Entrevista de Javier Balmaseda | Foto portada M.A. Forniés
Entrevistamos en profundidad a Óscar Cervantes, un hombre que ha pasado a la historia del baloncesto nacional por ser el primer español en ganar un concurso de triples del All Star de la ACB. A lo largo de la entrevista repasaremos sus comienzos en el Cornellà, las temporadas en ACB, el paso por Portugal, su presencia con la selección española y su peculiar retirada. Y mucho más… Atentos a la cantidad de anécdotas que desvela a lo larga de la charla, algunas no tienen desperdicio.
De la generación del 69, Óscar Cervantes (Barcelona, España, 56 años) ha sido un pionero del baloncesto español. Como hemos dicho, este escolta de 1,93 m fue el primer ganador español de un concurso de triples del All Star de la ACB, derrotando en la final a uno de los mejores tiradores de siempre de esta competición, Brian Jackson. Aquel logro no fue por casualidad, ya lo había acariciado los dos años anteriores, cuando solo Mark Davis consiguió derrotarle en la final. Como él mismo dice, el tirador nace y se hace, a Óscar se le daba bien tirar a canasta, aunque también pasó muchas horas tirando cuando otros ya se habían ido a casa. Pero la carrea de Óscar Cervantes ha sido mucho más que lanzar de 3 y su título en aquel concurso de triples en el antiguo Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid en el 91. Ante todo, es un enamorado del baloncesto, un deporte que continúa estando muy presente en su día a día.

En el concurso de triples de Zaragoza 90. Autor M.A. Forniés
Al otro lado del teléfono tenemos a Óscar Cervantes, que nos atiende de manera muy generosa durante más de una hora.
¿Has seguido a la selección española en el Eurobasket?
Sí, la he seguido casi al 100% y yo soy de los que piensan, creo que como la mayoría, los que somos un poco sensatos, que hay un cambio generacional, han marchado una serie de jugadores con una calidad tremenda que no hace falta ahora explicar, y llegan otros que van a tener también una calidad excelente, lo que pasa es que acaban de llegar y necesitan el tiempo, tanto a nivel individual de aclimatarse a competiciones importantes, partidos, concentraciones… como aclimatarse al juego con los demás compañeros que ya estaban en la selección desde hace años. Yo lo veo completamente lógico, una cosa es que juegues mejor o peor, pero esa fase la tiene que pasar este equipo, y en muchos deportes, en fútbol, en balonmano… cuando hay muchos cambios hay que tener un poco de paciencia.
Aunque más adelante me gustaría ahondar en el tema del tiro ya que has sido un grandísimo tirador, ¿qué opinas de los problemas que ha tenido España en este aspecto, sobre todo con los tiros libres?
Es un tema muy curioso. Hemos estado hablando al principio, antes de empezar la entrevista, que me encuentro con exjugadores, entrenadores, público… y hablamos de muchas cosas, historietas principalmente, pero el tiro libre es un tema muy general. Ayer se lo decía al equipo sénior que entreno, digo: “¿Visteis a la selección española los últimos tiros libres?”. Y digo: “Pues hay que darle la importancia que hay que darle”. Porque es a nivel general, o sea, no es la selección solo, sucede en equipos de formación, en equipos de base, equipos de competiciones que no son profesionales. El tiro libre, no sé por qué razón, no es tan efectivo creo yo, como lo era antes, o sea, antes había muchos jugadores con porcentajes de ochenta y pico %, setenta y pico %, ahora, por lo menos por donde me muevo yo y lo he ido viendo, los porcentajes hay gente que entrena sus horas y está con un sesenta y pico % o con un cincuenta y algo % de tiros libres. No sé si el tema, quizá es una tontería, pero a lo mejor al haberse implantado tanto el tema físico hace que no tengas tanta precisión, la fuerza con la precisión es difícil de compaginar, pero si lo consigues eres un crack. No sé si será eso.
¿A qué te dedicas en la actualidad? ¿Cuál es tu trabajo?
Yo soy funcionario, ese es mi trabajo. Hace ya muchos años, más de 26 años que soy funcionario, con la suerte de poderlo ir alternando con el baloncesto. Ahora en baloncesto estoy en dos clubes, llevando un pre-mini femenino en un club que se llama, Llinars del Vallès, muy cerca de Barcelona, que este año en Cataluña es el club de la capitalidad femenina, es decir, hacemos muchos actos para promocionar el baloncesto femenino. Y luego, en Vilanova del Vallès, que está también muy cerca de Barcelona, entreno un sénior masculino, es decir, alterno. A mí me encanta coger equipos de formación muy pequeñitos y luego tener el equipo sénior que es donde compites, donde le das importancia a ganar o perder… todo lo contrario que los equipos de formación.

Óscar Cervantes en la actualidad, con su club
Tus inicios. Supongo que el baloncesto estaría muy presente en tu vida desde muy pequeñito porque tu padre, Juanjo Cervantes, fue jugador de baloncesto.
Exactamente, es un clásico de los clásicos, mi padre jugaba. Cuando él se retiraba en el Club Bàsquet Cornellà, que había sido en su tiempo como un filial del Barcelona donde jugaron Gasol o Navarro, yo empecé allí, mi formación fue allí. Mi padre se retiró en el Cornellà y yo empecé allí con la escuela de baloncesto y el equipo mini, hasta lo que antes eran juveniles, que ahora son cadetes, que vino el Real Club Deportivo Español que ahora vuelve a tener sección de baloncesto, y me fichó.
Tienes dos hijos.
Sí, Pol y Neus.
Los dos han jugado al baloncesto.
Sí, los dos jugaban. Ahora mi hija, por cuestiones de trabajo, ya no juega. Sin embargo Pol, que dejó de jugar el año pasado cuando era el capitán del equipo EBA de Granollers, este año se ha vuelto a enganchar de manera un poco más tranquila. Vuelve a jugar con un sénior de Granollers, el sénior 3 o 4, y de manera ya que entrenan una vez, juegan el fin de semana… en fin, para estar vinculado al baloncesto, pero ya no tiene, entre comillas, esa obligación. La suerte que he tenido es que he podido entrenar a mi hijo, he podido entrenar a mi hija, mi hija ha podido estar conmigo de entrenador ayudante de un equipo que llevé sénior femenino y de silla de ruedas de Granollers. Para mí la familia, como para mucha gente, es muy importante, y la vinculación en el deporte si está la familia para mí excelente.
Tu etapa en categorías inferiores con la selección española. ¿Cuándo empiezas a tener presencia?
Empecé a tener presencia en la época de júnior, con Manel Comas, que en paz descanse. Me llamó para la júnior, fuimos a jugar el Europeo en la antigua Yugoslavia, quedamos, si no me equivoco, sextos o séptimos. Para mí fue, como para todo el mundo que va por primera vez a la selección, una grata sorpresa estar entrenando, acabar el entreno y venir el director técnico del Español y decirme que estaba en la selección. Luego, posteriormente, fui a la sub-21 con Joaquín Costa, jugamos el Europeo en Sicilia y quedamos segundos. Y posteriormente tuve la suerte de debutar tres veces, dos oficiosas y una oficial, con la selección española absoluta, cuando en aquellos tiempos estaban jugando la final ACB, no me acuerdo si era Barça y Joventut. Por primera vez Antonio Díaz Miguel, que en paz descanse, nos llamó a Albertos Herreros, Jordi Pardo y Óscar Cervantes.
Previo al Mundial de Argentina en el 90, ¿no?
Exactamente. Fue una experiencia… Recuerdo que estaba con Antúnez, Romay, Manel Bosch, Quique Andreu… y los tres que te he comentado, una selección muy joven y con el grandísimo Díaz Miguel. La oficial fue el PreEuropeo, ahora no recuerdo contra qué selección fue, pero hay una anécdota muy buena con Romay (risas). Se acababa el partido y yo no jugaba y me viene y me dice: “Cervantes, ¿tú quieres jugar?”. Digo: “Hombre, pues claro que quiero jugar”. Dice: “Pues te levantas, te paseas por delante del banquillo, por delante de Díaz Miguel, animas delante suyo, que te vea, y ya verás como sales”. Y sí, automáticamente me levanto, me pongo casi delante de él, que lo molestaba incluso, y digo: “¡Venga, venga, chicos, vamos, vamos, fuerte, fuerte!”. Sí, sí, al minuto, “Cervantes cambio”, y salí a jugar (risas).
Qué buena, Óscar.
Sí, sí. Ahora no recuerdo dónde jugamos, me parece que fue por Andalucía, pero no lo recuerdo.
Eres de la generación del 69. He tenido la suerte de hablar con coetáneos tuyos, como Santi Abad, Jordi Soler o Carlos Ruf.
Uf.
Son jugadores que me apasionan y que han tenido historias un poco complicadas.
Exacto.
¿Qué ha pasado con tu generación? Ibais sobrados de calidad en edades de formación y, a pesar de que habéis hecho carrera en la ACB, creo que no habéis destacado tanto como otros jugadores que tenían menos futuro que vosotros.
Exacto. Yo creo, Javi, y lógicamente cuando me estás haciendo esta entrevista mi opinión es muy personal, que aproveché la Ley Bosman para ir a jugar, por ejemplo, a Portugal. A estos jugadores de esta generación y alguna posterior también, digamos 70, 71, muy cerquita a la del 69, nos hizo daño esta ley en casa. Yo recuerdo, no viene ahora al caso el nombre del equipo, estar jugando en equipos, traer a un americano en mi posición, ir pasando los partidos y yo decir: “Oye, pero si este hombre está haciendo lo mismo que yo. ¿Por qué él tiene que jugar y yo no? ¿Porque él hace el mate? Bueno, pues yo meto triples”. Por decir algo, Javi. ¿Qué pasa, que da espectáculo y juega? Pero si aquí lo que cuenta es el juego en equipo y sacar los partidos adelante. Te repito, la gran diferencia a nivel formativo no profesional con los profesionales, es que nosotros… para mí la estadística era importante. Yo nunca he sido un anotador como podía ser Perasovic, cuando lo fui a sustituir a Lugo, u otros anotadores muy bestias. Pero yo metía mis puntillos, mis 12, 13, 14… hubo partidos de veintitantos. Recuerdo que cuando nació mi hijo, que nació en Lugo, una semana después metí 37 contra el Manresa, que es mi récord, pero vaya, nunca había sido un anotador de acabar más de 20 puntos por partido. Hacía mis aportaciones en ataque, creo que pasaba bien el balón, creo que penetraba bien, sí que es verdad que la defensa no era mi fuerte… Yo creo que nos influyó a esta generación que dices… con estos jugadores yo tuve una relación bastante buena con todos ellos, sobre todo con Santi, nos fastidió esa parte, el traer jugadores con menos calidad que nosotros, pero con cierta promoción que no entendía por qué.
Fichas por el Español en el 85 siendo muy jovencito, con 16 años, y consigues ficha en ACB en la 87/88.
Sí, fue una sorpresa porque yo estaba jugando el campeonato de España júnior en Cádiz.
Con el Cornellà.
Exacto. Mira, fue después del partido de Estudiantes contra Azofra y toda esta gente, y leí en un periódico: “Santi Abad, (no sé si era Eduardo Piñero) y Óscar Cervantes, posibles jugadores que se van a quedar en el Español, pese a que el club desparezca”. Digo: “Coño, a mí nadie me ha dicho nada y ya están contando conmigo para el primer equipo…”, con las dificultades que tú sabes que luego hubo al desaparecer y juntarnos el Español con el Granollers. Ahí fue la primera vez que me llegaba que contaban conmigo para el primer equipo del Español, yo estaba alucinando.
¿Qué recuerdas de tu primera etapa en el Español hasta la fusión con el Granollers en la 89/90? Tuviste de entrenadores a Josep Lluís Cortés o Moncho Monsalve, y compañeros como Santi Abad, Manel Bosch, Ferrán Martínez…
Es una época que, como recién llegado a nivel casi profesional, porque entrenábamos con el primer equipo, pero lógicamente no teníamos ficha, pues claro, yo estaba alucinando porque para cualquier chaval en aquella época su gran ilusión era llegar a jugar en la ACB, ya no decir a la NBA que ahora hay tanta información que parece que esté más cerca. Mi gran ilusión era jugar en un equipo profesional, con la coincidencia de que mi padre empezó a jugar también en el Cornellà, jugó también en el Español y jugó también en Granollers, clubes donde yo he jugado, es una casualidad difícil de encontrar. Sí que puedes encontrar que, por ejemplo, en Granollers ha jugado mi padre, han jugado mis hijos y he jugado yo, tres generaciones. Yo creo que ha habido tres generaciones de jugadores que han jugado en un mismo club, pero que hayan seguido los pasos a nivel de clubes padre e hijo, es complicado. Yo estaba más contento… además, eso sí que lo puedo decir, yo soy perico, o sea, que encima más ilusión me hacía jugar en la sección de baloncesto en el club de fútbol del que tú eres seguidor.

Con el Granollers. Autor M.A. Forniés
En la 89/90 el Español se tiene que fusionar con el Granollers. Era como una especie de selección donde os elegían a los mejores del Español para uniros a los del Granollers. ¿Cómo viviste aquel cambio?
Pese a no tener aquella duda de decir: “Oye, yo creo que puedo ir a jugar a Granollers”, siempre estabas un poco ansioso porque bueno… sabía que el entrenador iba a ser Manel Comas y… Pero no hubo duda y quiso que fuese a jugar allí en Granollers, cerquita de mi casa. Y con un sponsor, Grupo IFA, que se hizo cargo del equipo, del cual yo solo tengo excelentes palabras porque el presidente, Enrique Franco, fue una persona con la que tuve un trato excelente, pese a ser el presidente y ya sabes tú que se ven poco con los jugadores. Yo sí que puedo decir que el Grupo IFA, a nivel de jugador como era tan joven, me cuidó muy bien, cosa que a veces, hoy en día, pienso que hay más barreras entre lo que es toda la parte directiva con la parte de jugadores. Pero con Grupo IFA yo estuve genial, me supo muy mal que al final dejaran el equipo, pero entiendo que los negocios van como van.
Tengo entendido que Manel Comas, a pesar de que había sido tu entrenador en la selección española júnior, tenía dudas con tu fichaje por el tema de la defensa. ¿Habló contigo antes de tu fichaje? ¿Recuerdas tus primeras conversaciones con él?
Te puedo decir que sí, que hablamos del tema defensivo, era un tema muy físico, y yo siempre le hablaba del tema de que el ataque lo compensaba un poco. En aquella época había más jugadores más especialistas, ahora todo el mundo hace de todo, coges a un jugador con 2,20 y si lo dejas solo de 3 puntos te la mete, antes un pívot, a no ser que fuese Sabonis, difícilmente te podía meter muchos triples. Pero sí, lo hablamos con Manel Comas, y mi argumento era ese, que aquí intentaré mejorar lo que pueda. Y sí, hubo un momento que quería cederme, pero fue justo el momento que Antonio Díaz Miguel me llamó para la selección, entonces hubo alguien que mandaba mucho en el Grupo IFA, que dijo: “Oye, si Óscar va a la selección, ¿cómo es que lo vamos a ceder?”.
Claro.
Por tanto me quedé un año más, hasta que desapareció el club y tuve que ir a jugar al Breogán de Lugo.
Estuve hablando con Diego Martínez (directivo del primer equipo del Granollers en los ochenta), y me comentó una anécdota sobre un concurso de triples que hicieron para inaugurar el nuevo pabellón del Granollers. Me contaba Diego que ahí fue donde te vio por primera vez. ¿Lo recuerdas, Óscar?
Sí, lo recuerdo perfectamente. Además creo que fue el primer concurso de triples que hice, porque aparte de los del All Star, también se hacían más concursos de triples, sobre todo en pretemporada. Allí hice uno en Granollers, llegando a la final con el grandísimo Chichi Creus, y antes de empezar la final vino Diego y nos dijo: “Oye, ¿queréis jugar la final o repartimos el premio?”. Chichi dijo: “¿Te parece que lo repartamos?”. Y yo dije: “Firmado, con sangre. Repartido”. Y allí nos repartimos el premio, que era lo de menos, pero mi ilusión fue que en un concurso de triples, como especialista que era, demostrarlo llegando a la final con Chichi.
Me dijo Diego que el premio eran 25000 pesetas y que, como acabas de comentar, quedasteis en repartirlo. Además, me contaba que en ese concurso de triples le impactaste y que él también hizo fuerza para que te quedases en Granollers.
Sí, no lo dudo porque Diego ha sido y será siempre una gran persona, de estas personas que pueden pasar años sin tener contacto y de repente nos vemos y es como si lo hubiese visto hace una semana. La gente que tenemos pasión por un deporte lo demostramos con la gente que lo practica.
¿Qué anécdotas recuerdas con Manel Comas? ¿Te machacaba mucho con la defensa?
Con Manel, a veces haciendo ejercicios de 1×1 a toda la pista, pues claro, cuando tienes delante a Chichi Creus o cuando tenía delante a Jordi Millera… es que son gente que con 1,80 y rápidos no, lo siguiente, pues ponte a defenderlos a toda la pista, claro, llegaban y me hacían canasta. Y Manel: “¡Óscar, otra vez!”. Pam, pam, pam. “¡Óscar, otra vez!”. Hasta que hubo un entreno en el que tuve que parar porque estaba mareado, le dije a Manel: “Manel, no puedo más, estoy mareado”. Y los demás animando: “¡Venga, venga, venga!”. Sí, pero era yo el que defendía todo el rato, estaba hecho polvo. Y después otra anécdota muy buena es que, de vez en cuando, Manel antes de empezar el entreno, aquello que nos estaba pegando unas palizas de la hostia en pretemporada, y decíamos: “Manel, ¿cómo será hoy el entreno? A ver si podemos hacer un poco de tiro…”. Y él: “Mira, si la metes de medio campo, vestuario y no entrenamos y nos vamos a echar unas coca-colas o unas cervezas”. Y sí, sí, Manel lo hacía, cumplía su palabra, lo que pasa es que claro, meterla del medio campo era complicado. Pero yo recuerdo que un entreno sí que lo suspendió y fuimos a tomarnos unas coca-colas. Manel, a pesar de su dureza que podía exhibir por televisión o hablando por los medios de comunicación, a mí me trató siempre de maravilla, conocía a mi padre también, y fue un entrenador muy importante para mí.
O sea, os librasteis de un entrenamiento, de los duros de pretemporada, por meterla desde el medio campo.
Sí, no recuerdo quién la metió, pero vaya, metimos y unos saltos y unos gritos… no esperamos ni a que dijese: “Vestuario”, ya estábamos todos dentro del vestuario cuando la pelota todavía no había botado en el suelo. Imagínate.
En tu primera temporada en el Grupo IFA Granollers, los dos americanos del equipo eran Claude Riley y Mike Davis.
Tuve la suerte de que cuando jugué con Claude y con Mike, eran dos americanos como muy españoles, es decir, el idioma que es lo principal, nos entendíamos perfectamente porque antes no se hablaba el inglés que se habla ahora, yo chapurreaba, como ahora, cuatro palabras, pero ellos hablaban perfectamente el español y eran americanos, como decimos hoy, muy jefes. Yo recuerdo los primeros días de entreno con Mike, que a los jóvenes nos decía: “Si llegáis temprano al entreno os traeré un regalo”. Y nosotros: “Hostia”. Pues no sé, si entrenábamos a las 10 de la mañana, a las 9 estábamos ya en la cancha, a ver qué nos va a regalar Mike. Y sí, sí, nos regalaba un chándal, una camiseta, un abrigo… es decir, era como muy papá para los jóvenes. Claude era… yo lo conocía ya porque jugué con él en el Grupo IFA Español, era un súper clase que duró poco porque tuvo un altercado con un jugador, que ahora no viene al caso contarlo, y entonces Manel lo cortó al minuto 1. Pero era un jugador de 19 puntos por partido y 10 rebotes, con el famoso mate de espaldas y su cinta blanca en la cabeza. Dos muy buenos americanos.
Durante estos años en el Español y Granollers, eres compañero de jóvenes españoles con mucha proyección, como Santi Abad, Manel Bosch, Ferrán Martínez… ¿Quién veías en esos momentos que podía llegar más lejos? ¿Quién te impresionaba más de todos ellos?
Yo, sinceramente, y no lo digo por la amistad que tenía con él, Santi Abad era… jugando es que era un animal, o sea, era, no de los primeros, pero sí de las generaciones de jugadores de 2 metros, esa polivalencia ahora que buscamos en ese 3-4, 4-3, ese combo de jugador que ahora todo el mundo ansia, pues él lo tenía. Tiraba más que correcto, penetraba súper bien, reboteaba, era listo dando pases, es decir, era un jugador con una proyección que yo pensé que, cuando desapareció Granollers y se fue con Manel al Taugrés, dije: “De aquí ya verás cómo se lanza otra vez para arriba”. Pero por circunstancias de la vida han hecho que quizá no tuviese la carrera que yo esperaba que hubiese tenido. Es el que me impresionó más. Luego, Manel Bosch también tuvo una carrera… jugó en Barcelona, selección… muy chula, muy competitiva. Pero como impresionarme fue Santi, que cuando me fichó el Español y entrenábamos con los juveniles, ahora cadetes, ya estaba él y yo le veía haciendo mates… pues claro, de donde yo venía, en Cornellà, gente haciendo mates y tal, no era muy habitual verlos. Sí, sí, Santi para mí era el que tenía más futuro.
En Granollers también coincides con Chichi Creus. ¿Cómo era en el día a día? Tengo entendido que era muy metódico y que llegaba muy pronto a los entrenamientos.
Mira, yo de Chichi, siempre lo he dicho a la gente más cercana, yo creo que si tuviese que escribir un libro sobre el jugador perfecto, lo que tiene que hacer, cómo cuidarse, cómo entrenar, cómo cuidar a sus amigos… sería él. Yo, de los cuatro años que coincidí con él, no se perdió ningún partido, 0 partidos, los jugó todos, y solo un entreno que yo sin querer le di un codazo en la ceja y le abrí un poco la ceja, se perdió solo medio entreno. Yo no conozco a nadie que en 4 años no haya tenido el típico esguince, la típica fiebre, no sé… esas pequeñas tonterías que a veces tenemos todos en una temporada, es raro que haya algún jugador que no haya tenido alguna pequeña ausencia en los entrenos o en algún partido, pues él 4 años… Para mí eso es una barbaridad, una locura. Chichi y yo vivíamos muy cerca, nuestras mujeres también se conocían, había una muy buena relación, lógicamente éramos de generaciones muy diferentes, pero nos hemos llevado siempre fantásticamente. Él en verano, cuando los demás descansábamos x semanas, él descansaba muy poco, él siempre estaba corriendo o en bicicleta… se cuidaba muchísimo. En eso chapó con Chichi.
En la 91/92 se produjo un hecho insólito, dos jugadores del mismo equipo ganaron el concurso de mates y triples de la ACB. El de mates Kenny Walker y el de triples Óscar Cervantes.
Exacto. Y fíjate que fue la temporada en que el Baloncesto Granollers no tenía sponsor, nos llamábamos Club Baloncesto Granollers.

Kenny Walker y Óscar Cervantes, campeón concurso mates y triples en Madrid 91. Autor M.A. Forniés
Así es. Os recuerdo jugando con la camiseta azul y blanca sin patrocinador.
Exactamente. La familia Camp, que tenía lo de las empresas del ‘Busque, compara y si encuentras algo mejor, cómprelo’, ¿te acuerdas? Con Manuel Luque, eran los que nos patrocinaban y los que dijeron: “Oye, tenéis x tiempo para encontrar sponsor, nosotros estaremos 2 años y si lo encontráis bien, y si no nosotros desaparecemos”. Y fuimos al All Star con Kenny, que ganó los mates, yo gané los triples, Chichi participó en el partido del All Star. Fue un All Star, yo diría, casi del Granollers, en mi caso era el tercer al que iba, los dos anteriores había quedado segundo, yo alucinando por quedar segundo, y como dice el refrán a la tercera fue la vencida, y gané contra un excelente Brian Jackson, uno de mis ídolos. Fueron unas semanas donde me sentí en Granollers como muy famoso, la gente amigable, hablaban conmigo para que les explicase lo de los triples, montamos aquí una pequeña paradita para que la gente entrara en un local que alquilamos para enseñar el concurso de mates y triples donde estábamos Kenny y yo hablando con la gente… o sea, fue muy chulo, muy bonito. Como he sacado yo el tema de la familia Camp, pues nada que decir, primero gracias por el apoyo que dieron al baloncesto cuando eran tiempos difíciles y el baloncesto era un negocio que era un agujero, o sea, que si te metías era por amor al arte, allí dinero no se ganaba. A mí particularmente, igual que la familia Franco con Grupo IFA, la familia Camp aquí, no sé… yo quizá no era el mejor defensor del mundo, pero yo soy buena persona y enseguida entablo amistad con la gente porque tengo la gran suerte de tener un carácter muy extrovertido, me gusta hablar con la gente, me gusta compartir y esos momentos que hemos hablado al principio de la entrevista, que son las anécdotas, es lo que hacen que yo vaya tirando pa’lante. Mi objetivo hoy como entrenador es enseñar el máximo a mis jugadores y jugadoras, conseguir algún título y, sobre todo, que cuando nos veamos al cabo de los años podamos hacer una coca-cola o una cerveza, y contarnos cómo nos va la cosa. Yo tengo la gran suerte de haber entrenado todas las categorías de Cataluña en masculino y femenino, desde pre-mini masculino y femenino, mini masculino y femenino, infantil… hasta sénior, incluso he llevado con gran honor, el equipo de silla de ruedas de Granollers, o sea, que nadie me podrá decir que no conozco el baloncesto de todas sus edades, eso lo tengo ya a tope, y por eso estoy muy contento.
Hay entrenadores muy buenos que se especializan en adultos, pero yo creo que donde más pueden enseñar es en edades de formación.
Exactamente. Tú piensa Javi, ahora que es muy bueno tener información, a todas las vías del mundo llegas si quieres ver partidos, pero nos olvidamos de que los entrenadores somos docentes también, tenemos que enseñar a comportar, y eso no sale en los vídeos, el llegar puntual, el hacer estiramientos, ayudar a un compañero o a una compañera cuando se cae, levantar la mano cuando pitan falta… todo esto no sale en los vídeos. En los vídeos salen los highlights, todas las canastas que meten los jugadores, por eso ahora hay un poco de preocupación en la frustración que tienen muchos jóvenes al no salirle las cosas. Yo pienso que todo es fantástico por internet, pero cuando llegas a la vida real la cosa no es así.
¿Qué nos puedes contar de Kenny Walker? ¿Machacaba mucho en los entrenamientos?
Sí, sí, sí, se prodigaba todo y más. Piensa que cuando nos avisan para ir al All Star, que no sé si fue un par de meses antes o mes y medio, yo me quedaba tirando triples al acabar el partido, que muchas veces Kenny me pasaba el balón, y luego él probaba mates y yo pasándole el balón cuando quería hacer algún tipo de alley oop. Siempre recordaré el fatídico partido contra el Caja Ronda, donde le colgaron un balón para hacer un mate y se rompió el tendón de Aquiles, que casi casi yo diría que todo el pabellón oyó el ruido. Tú lo veías ahí como muy americano, muy rapero, con los pantalones rotos, trenzas en el pelo, pero era una excelente persona, muy buen compañero, y creo que se integró en Granollers. Claro, de Nueva York a Granollers hay una diferencia, pero el tío se integró perfectamente. Tenía su programa de radio, era muy amigo de Prince, le encantaba la música. Un 10 para Kenny.
Tu última temporada en el Granollers fue la 92/93, a partir de ahí el club no puede continuar en ACB por problemas económicos. Supongo que aquello sería muy duro, ¿no?
Fue muy duro porque además ya sabíamos que, mientras estábamos haciendo los partidos, si no salía un sponsor o un mecenas el club desaparecía. La última temporada fue muy dura porque además yo me había acabado de casar, estábamos esperando mi primer hijo, y cuando acaba la temporada y te dicen, con mi mujer embarazada: “Oye, aquí no se sigue”, y tienes que irte a Lugo, con todos mis respetos hacia Lugo, que estuve muy bien allí, pero marchar de casa fue muy duro. Incluso se hicieron como una especie de cuadros, de litografías en Granollers para sacar dinero, que los jugadores no quedábamos dos o tres cada uno para también colaborar. Pero ya te digo, meterse en el baloncesto en aquella época y ahora también, es por amor al arte y nadie quiso coger las riendas del equipo.
¿En qué momento de la temporada sois conscientes de que el club no iba a continuar en ACB?
Pues mira, aquello que dices, no oficiosamente, sino oficialmente cuando acaba la temporada, que ya se ha acabado y están aquellas semanas, meses que: “Oye, ¿ha salido algo?”. Y era: “Hostia, pues no”. Entonces yo con mi representante ya tenía apalabrado Breogán, me parecía la mejor oferta para seguir mi evolución. Con 24 años tenía que seguir jugando y fui a jugar allí. Llegó algo para ir a jugar a Grecia, pero no me hacía mucha gracia en el sentido de que ya me costaba marchar a Lugo, pues imagínate a Grecia.
¿Sufristeis situaciones de impagos en Granollers?
No, no, yo en Granollers cobré hasta el final, no hubo ningún impago. Pero lo que siempre ha quedado un poquito en mí es que yo tenía contrato por otro año en Granollers, entonces yo no quise ir más allá de pedir que me pagasen el contrato ni nada por el estilo, así que me fui para Lugo. La espinita que tengo clavada es que nadie se preocupó mucho por mí cuando me fui, ¿sabes?, es decir, no hace falta llamar a Chichi Creus cuando se va a Manresa, un tío ya experimentado, estando cerca de casa, pero los jóvenes que nos marchamos, fue acabar el club y nadie nos llamó para: “Oye, ¿qué tal, cómo te va?”. Esa es la única espinita que tengo clavada aquí, que lógicamente no le doy mayor importancia porque ha pasado mucho tiempo.
Pasas dos temporadas en Lugo donde coincides el primer año con Tanoka Beard, recién llegado a España, y en el segundo año tienes de entrenador a Iñaki Iriarte.
Sí. Primero como entrenador Iñaki… es una buena persona, pero es súper exigente. Yo creo que con Iñaki, con todo el respeto del mundo, no hay grises, o es blanco o es negro, ¿sabes lo que quiero decirte? Y no había grises. Era exigente, pero yo con los entrenadores no he tenido ninguno que diga: “Hostia, qué cabrón, me ha puteado y tal y cual”. No, no, tenían su punto de vista sobre que juegue más uno o jugué más el otro, pero todos eran buenas personas. Y luego con Tanoka… llegó súper joven, un animal, una bestia, un 2×2, y encima con cierta clase, a pesar de su juventud. Lógicamente ya viste que voló para Joventut y ya estuvo en equipos más punteros que Breogán. Era buen chaval, pero coincidimos poco. En Lugo estaba mucho con Sergi López, que venía de La Penya, y con Antonio Medianero, porque los tres éramos catalanes y compartíamos más inquietudes. A menudo, estábamos comiendo o cenando juntos con las familias para hacernos un poco de compañía.
¿Se cabreaba mucho Tanoka Beard en los entrenamientos? Me han contado alguna anécdota…
No, no más que tirar algún balón contra la grada o contra algún tablero cabreado, que todos lo hemos hecho, pero no recuerdo ninguna anécdota así como para que se salga un poco de lo habitual.
En tu último año allí vives el descenso de categoría.
Sí, fue durillo porque, como tú bien sabes y me atrevo a decir a nivel muy general, uno de los objetivos que debe tener el Breogán es mantener la categoría. Sí que es verdad que a veces sale una temporada de estas que casi te metes en Europa, pero son clubes que lógicamente tienen un objetivo como es seguir en la ACB. Ya te digo, fue durillo el bajar, teníamos un presidente muy joven, hicimos buena piña porque muchos jugadores no éramos de Lugo… Pero sí que fue durillo porque estaba dos años allí, yo hubiese seguido jugando, y ahora coge y vuélvete a ir, con la circunstancia de que esta vez tuve una oferta de Andorra, con Edu Torres, y me hizo muchísima ilusión, ya no porque está más cerca de mi casa, sino porque Andorra también llevaba poco tiempo en ACB, un equipo con jugadores como Villalobos, Toñín Llorente, Joe Llorente, Paco Zapata. Yo me iba a jugar con gente que había visto jugar por televisión. Me hizo una tremenda ilusión que Edu Torres, para mí también uno de los entrenadores que me marcó sobre todo como persona, me llamase para formar parte del Andorra.
En Andorra precisamente, es donde alcanzas tu mejor porcentaje de triples en toda tu carrera en ACB, con un 45,1% en la 95/96, una auténtica barbaridad al alcance de muy pocos. Pese a todo, aquel año descendéis de categoría y juegas un año más con Andorra en LEB, ahora Primera FEB.
Sí, a veces cuando menos te lo esperas, llega el tema de los triples. Sí que es verdad que jugando en LEB evidentemente hay una diferencia de calidad entre LEB y ACB. Lo jodido de esto es que cuando tú bajas de categoría o destacas mucho o te quedas en esa categoría, o incluso bajas a otra, y así el descenso es progresivo, ¿sabes lo que te quiero decir?
Sí, te entiendo. Es muy difícil regresar a la ACB.
Claro. Y en LEB en Andorra, pese a que seguimos con Villalobos, Edu Torres ya no estaba, yo estaba súper a gusto, a mi mujer le gusta mucho Andorra. Pero la cosa duró ese segundo año donde ya tuve que ir a Portugal.
¿No te llegaron ofertas de España?
No, fui a Portugal ya con la liga empezada. Estuve esperando con mi mánager, Lorenzo, gran amigo de la familia y gran amigo de mi padre, jugaron juntos en el Picadero de Barcelona. Esperé y esperé hasta que le dije a Lorenzo: “Hay que hacer alguna cosa, no puedo esperar más tiempo”. Y él: “Mira, Portugal, están abriendo mercado a los jugadores españoles. Hay un club que se llama Ovarense, ya verás como estás bien”. Y bueno, me fui a jugar allí.
¿Y qué tal tu experiencia en Portugal?
A ver, Portugal, con Ovarense, parecido a Lugo, es decir, gente entrañable, muy acogedora, los campos en Portugal muy pequeñitos, todos llenos, pero campos de 1000 o 2000 personas, no sé… Jugamos como profesionales, pero parecía más un equipo semiprofesional. Me costó muchísimo el estar otra vez fuera de casa, ya con dos hijos que son los que tengo actualmente, cada vez cambia de colegio, cambia de piso… Allí es cuando hicimos un pensamiento con mi mujer y estuve 10 meses allí bien, correcto, sin más, para luego irme al Tarragona en liga EBA y empezar ya a pensar un poco en el retiro profesional.
En Portugal ya veías que esto se acababa.
Exacto. Yo ya veía que no iba a más y lo que tenía que hacer es buscar un trabajo donde afincarme y parar de dar vueltas ya, porque si no, yo creo que no era buena para la familia.
Y ahí ya vas compaginando tu preparación a las oposiciones con el baloncesto.
Exactamente, es el acuerdo al que llegamos en Tarragona, que yo jugaba con ellos si me dejaban prepararme las oposiciones a funcionario. Me dijeron que sí, y fueron dos años en liga EBA donde conseguimos llegar a una final de la Copa Cataluña. Estuve muy a gusto, me encanta Tarragona, yo creo que es un poco como Barcelona, pero un poco más pequeño. Y ya te digo, no te he tenido nunca problemas con nadie por mi carácter, he estado en sitios donde la gente estuvo muy correcta.
Te retiras en Granollers.
Me retiro en Granollers jugando también liga EBA, trabajando y jugando, ya era otro rollo. Me retiro allí porque ha sido el club donde profesionalmente he estado más tiempo, donde me identificaba más, donde vivía, y retirarme ahí… que lo hice con todas las de ley. En mi último partido, un árbitro me dijo: “Óscar, ¿quieres algo?”. Y digo: “Hombre, si pitas una falta cuando tire de 3 para despedirme cuando meta los tiros libres…”. Sí, sí, el defensa ni me tocó, estaba a un metro, el árbitro pitó falta, tiré los tiros libres, me cambiaron, cogí las zapatillas, me las saqué, salí del campo con las zapatillas y cuando me duché las dejé colgadas en el vestuario y me fui. Evidentemente, al día siguiente las zapatillas no estaban, pero yo hice lo que marcaban los cánones, colgué las zapatillas en el vestuario y me fui.
¿En tu taquilla?
Sí, sí, en mi taquilla, las dejé allí colgadas a la vista de todo el mundo, y dije a los compañeros: “Hasta luego Lucas”. Y me fui.
¿Y no sabes quién las pudo coger?
No, no tengo ni idea, la verdad es que no, Javi, ni me interesó. Lo que yo quería hacer cuando me retirase era eso, salir descalzo del campo y colgar las zapatillas, que es lo que hice.
O sea, te quitaste las zapatillas dentro de la cancha.
Sí, cuando acabé de tirar el último tiro libre de los tres, que lo metí, el entrenador me cambió. Entonces yo estaba allí en el tiro libre, me saqué las zapatillas, salí descalzo del campo, con los calcetines…
Y llegaste al vestuario, te duchaste y las colgaste en tu taquilla.
Claro, faltaban unos minutos para acabar el partido, se acabó el partido, saludamos al rival como es de educación, fuimos al vestuario, me duché, mis compañeros: “Hostia, Óscar, muy bien. Encantado de haber jugado contigo”. Y digo: “Que dejo las zapatillas colgadas, ¿vale? Que nadie las toque”. Sí, sí, las dejé colgadas y me fui.
Pero las tocaron.
(Risas).
Qué buena anécdota.
Sí, sí. La verdad es que sí.
Para acabar quería ahondar, si me lo permites, en el tema del triple. ¿La gente te sigue recordando por la calle como Óscar Cervantes, un especialista en el triple, el primer español que ganó un concurso de triples en el All Star de la ACB?
Sí, lo has descrito al pie de la letra. ¿No dicen que somos un país de colgar etiquetas? Pues yo tengo lo del campeón de triples… que se acuerden del 91 ya es más jodido, pero que se acuerden que gané el triple, vaya. Ahora con la familia, mi mujer y mi hijo tenemos una cafetería bar justo delante del pabellón del Granollers, y te puedes imaginar que los fines de semana, cuando hay partidos, raro es el fin de semana que no viene alguien y: “Hostia, ¿dónde está Óscar? Quiero hablar con él del campeonato de triples…”. O sea, que me lo recuerdan a menudo cosa de la que estoy muy muy orgulloso, de ser el primer español que ganó el campeonato de triples de la ACB.
O sea, tenéis una cafetería al lado del pabellón y te dejas ver por allí. Claro, y la gente te reconoce.
Sí, yo estoy por allí… es que está justo delante, no hay ni 15 metros, es cruzar la carretera y está el bar. El edificio que hay delante del pabellón más perpendicular es el bar que tenemos la familia, que lo regenta mi mujer y mi hijo. Y claro, allí, en fin… es una locura los fines de semana la cantidad de gente que pasa. Ya te digo, raro es que no conozca a alguien que he entrenado a su hijo, que lo he entrenado a él o que he jugado con su padre, o con su abuelo… siempre hay alguien que pregunta por mí y eso, Javi, es lo que me llevo.
Al hilo de esto, no sé si alguien en algún momento, después de haberte retirado, te ha comentado algo que te haya hecho especial tilín, no solo ya de los triples. Algún recuerdo con la gente que se te haya quedado grabado a fuego.
Como con todos tenía un trato muy cordial, me llevaba muy bien con todos, no sé… yo creo que la experiencia de haber jugado a nivel profesional es una cosa que, los que ya estamos retirados, no nos la va a quitar nadie. Yo puedo decir bien alto que he jugado contra Petrovic, he jugado contra Óscar Schmidt, he jugado contra Sabonis, contra Ralph Sampson, con Kenny Walker, con Chichi Creus… jugué como juvenil contra Corbalán, Biriukov… He estado en un campus en Estados Unidos cuando me premiaron por subir con el primer equipo del Español, en Boston, con los Boston Celtics. Hay cantidad de cosas que son muy difíciles de olvidar, pero a veces, lo que te hace recordar esas anécdotas son las personas.
Eso es a lo que me refiero.
Sí, y hay tantas y algunas muy graciosas, otras no tanto, que es lo que me llevo.
¿Alguna graciosa que recuerdes?
Bueno (risas), hubo alguna de estas así un poco… te voy a decir el pecado, pero no el pecador.
Perfecto.
Estábamos en un partido y faltaba un jugador que no llegaba, amigo mío.
¿Se puede decir el equipo?
Mejor que no (risas). Y empieza el partido y falta un jugador, y el entrenador: “¿Dónde está?”. Y yo: “Yo qué sé, no tengo ni idea”. Me lo pregunta a mí porque éramos amigos. Y una vez empezado el partido llega el jugador y se sienta al final del banquillo, y le digo: “Coño, ¿qué haces, tío? Pero avisa al entrenador que has llegado”. Y él: “No, es igual, no hace falta”. Digo: “¿Cómo que no? ¿Te vas a meter ahí sin decir nada?”. Total, que luego a la media parte un broncazo entre este jugador y el entrenador que para qué te voy a contar. Pero vaya, yo nunca había visto llegar a alguien tarde en un partido profesional y sentarse en el banquillo sin decir nada (risas).
¿Fue porque se le olvidaron las zapatillas?
Yo qué sé, no quiero ni pensarlo (risas).
Te digo lo de las zapatillas porque me contaron una anécdota muy parecida.
La de las zapatillas es otra, la que te digo yo no tiene nada que ver con esta. Si esto lo lee gente de Granollers ya sabrá por dónde va, ya te he dado la pista clave (risas).
Entendido, o sea, que llegó tarde por el motivo que fuese, no por haber olvidado las zapatillas, y se sentó al final del banquillo…
Sin decir nada a nadie.
Y en el descanso le cayó la bronca.
Claro, tú imagínate que eres el entrenador y miras al banquillo y de repente ves a un jugador que no estaba cuando hemos empezado, y dices: “Coño, ¿qué hace este tío aquí?” (risas).
Siguiendo con el tema del triple, ¿piensas que en la actualidad, con tanto tiro de 3, hubieses tenido una mejor carrera?
A ver, yo actualmente, hace ya dos veranos que doy a través de una empresa que se llama ITW, unos campus de tiro en Barcelona, y vienen chavales y chavalas de todos los niveles, de todos los clubes de Cataluña. Estoy allí durante 3 semanas, cada tarde 3 horas enseñando a tirar. Y siempre hay una cosa en la que recalco en el tema del tiro, o sea, el tiro es tan mecánico… yo siempre pongo el mismo ejemplo con el que tira dardos a una diana, ¿a que no ves a una persona tirar un dardo moviendo todo el cuerpo, dándole el tembleque? No, cuanto menos movimiento haya más preciso será el tiro.
De hecho, tu estilo tirando era de saltar poco y el gesto te salía tan natural que parecía que no forzabas nada el movimiento, es decir, lo que me estás comentando ahora.
Es que es eso, no hay ningún secreto, yo me sentía muy cómodo tirando. No tenía que hacer ningún esfuerzo de decir: “Hostia, ahora tengo que cargar más por aquí”. Yo siempre les digo lo mismo a los jugadores y jugadoras, que cuanto menos movimiento haya mejor. Y luego la clave del tema es que si hay jugadores profesionales, que hay muchos partidos que fallan mucho y entrenan quinientas mil horas, cómo no quieres que la juventud que entrena 4, 5 o 6 horas por semana sean tiradores infalibles, es que es imposible. O metes tú de tu parte tirando o no vas a ser un tirador, mejor dicho, no vas a ser un metedor.
Yo creo que eso es lo que falta ahora. En mis conversaciones con grandes tiradores de tu época, la gran mayoría, por no decir todos, se quedaban horas y horas a tirar antes y/o después del entrenamiento. Hoy en día eso no se hace, ¿no?
No se hace, yo por lo menos por donde me muevo… hay alguno que lo hace, pero muy poco, y antes era muy habitual quedarse a tirar.
Después de haber visto el Eurobasket, ¿se puede decir que no tenemos grandes especialistas españoles en el triple como antes?
Sí, lo que pasa es que… esta es una opinión personal mía, hoy en día ves los partidos y muchos jugadores no son españoles, entonces ya hacen faena suficiente los españoles llegando a la selección y dando el callo. Es que hay jugadores que llegan a jugar en competiciones sub20 o sub21 y quedan campeones del mundo o campeones de Europa y después desaparecen, no llegan arriba. También, como espectador, me preocupa que no consigan llegar cuando han llegado en sus edades.
¿Tú eras de los que te quedabas mucho a tirar? ¿Qué rutinas de tiro tenías?
Sí, yo desde pequeñito, desde que estaba en Cornellà y veía jugar a los grandes cuando estaba de público, había alguna canasta por fuera y estaba todo el rato tirando. También recuerdo ir los veranos con mi padre mientras mis colegas iban a la piscina, y bajar al pabellón y pegarme allí 2 horas tirando y mi padre pasándome el balón, o sea, no hay secreto. Yo creo que el tirador, como bien dicen, nace y se hace.
¿Pero desde pequeñito te dabas cuenta de que se te daba bien tirar a canasta?
Sí, ¿sabes qué pasa? Que inconscientemente si tú ves que se te da bien el tiro, el tirar, el meter puntos, lógicamente si te exprimes mucho en defensa luego llegas al ataque asfixiado, entonces yo tenía que regular eso. ¿Qué me sale bien, el ataque? Pues yo tengo que estar en el ataque a tope y en defensa intentar… mi logro era intentar que el que yo defendía no metiese más puntos que yo. Para mí yo ya había hecho mi trabajo, era el logro que tenía cada partido.

Óscar Cervantes, subcampeón concurso de triples Zaragoza 90. Autor M.A. Forniés
¿Cuál era tu rutina de tiro en los entrenos cuando ya eras profesional? ¿Te marcabas algún objetivo de meter tantos triples?
Yo, como anécdota, cuando preparaba el concurso de triples para el All Star, me quedaba después del entreno y… no tiraba, tenía que meter 300 triples y luego me iba a casa.
¿Tenías que meter 300 triples?
Sí, sí, 300 triples, y cuando los metía, que tardaba hora y pico, me iba para casa.
Eso después de entrenar.
Después de estar 2 horas entrenando, una hora y media más solo tirando.
¿Lo hacías como en el concurso de triples, es decir, tirando desde las cinco posiciones?
Sí porque teníamos los carritos, evidentemente no con la agilidad del concurso, pero sí que nos quedábamos allí con algún compañero y nos quedábamos a tirar, o a veces estaba el equipo de categoría inferior y le pedía a alguien que me pasase el balón, o lo iba a buscar yo (risas) si no había más remedio.
¿Recuerdas alguna racha de triples seguidos que se te haya quedado grabada?
En un calentamiento antes de un partido en Madrid, recuerdo meter treinta y pico triples seguidos, en fin. No sé, quizá suena un poco fanfarrón, pero…
No, Óscar, en absoluto. Es una cuestión que suelo plantear cuando entrevisto a grandes triplistas. Me llama mucho la atención conocer cómo os entrenabais y vuestros topes en series de tiro. Recuerdo que Óscar Schmidt me comentaba que después de haber hecho 1000 tiros, 500 por la mañana y 500 por la noche, tenía que meter 20 triples seguidos sin fallo, y por lo general lo conseguía como máximo al tercer intento. Además, cuando llegaba al 20 continuaba hasta que fallase, y me dijo que una vez llegó a meter 90 seguidos.
Pues imagínate, él que ya es por excelencia el triplista de lujo, con dos metros y pico, desde aquella atalaya… imagínate cómo podía tirar. Yo, con 1,90 m, tenía que sortear más obstáculos. En fin… no hay más solución que tirar, tirar y tirar.
En la final del concurso de triples en Madrid, aquel en el que te proclamas campeón, hiciste una gran marca, 21 sobre 30. ¿Recuerdas cuál fue tu récord en un concurso de triples?
No, en Madrid lo que recuerdo es que metí todas las tricolor, que valían 2, y luego lo que sí recuerdo a nivel de triples fue el partido que metí 37 puntos con el Breogán contra Manresa, metí, me parece, 7 o 8 triples. Ese ha sido mi récord de triples en ACB.
¿Cuándo sentías más presión, cuando estabas tirando en el concurso de triples o lanzando un triple sin oposición durante un partido?
En el concurso de triples. Piensa que son dos jugadores y te están mirando siete u ocho mil personas, como era en Madrid, con la presión de que en los dos años anteriores había quedado segundo y el tercer año la gente decía: “Cuidado con Cervantes que este lleva dos finales”. Me acuerdo, palabras de Moncho Monsalve: “Cuidado con Cervantes”. Y la gente: “No, ya verás como Brian Jackson, ya verás como Biriukov…”. Ni Brian Jackson ni Biriukov, se lo llevó Cervantes, o sea que yo encantado de la vida.
¿Fue algo inesperado para ti todo aquello, lo que lograste en los tres concursos de triples del All Star? En los dos primeros fuiste subcampeón y en el tercero campeón.
Los dos primeros sí, perdí la final contra Mark Davis. Pero en el tercero yo ya iba con aquello de que…siempre tienes un punto de nervios, que lo tienes que hacer tuyo para, lo que dicen, ayudas a la alerta, no estar pasivo… pero yo nunca he sido una persona que se ha puesto muy nerviosa jugando, he tenido la suerte de jugar relajado. Con pulsaciones altas sí, ¿pero nervioso? Difícil que llegase a puntos de aquello que: “Hostia, es que no sé qué hacer”. He tenido la suerte de poder controlarlo.
¿Te sentías en el concurso de triples más liberado por el hecho de ser tú mismo y no estar bajo la atenta mirada del entrenador?
Sí, te entiendo. Yo lo que aportaba al concurso de triples es que, lo haga bien o lo haga mal, era un concurso, es decir, es como cuando en un entreno preparas un concurso de triples, no pasa nada, no me estoy jugando el pan de nada, ni voy a ser mejor ni peor por hacer el concurso de una manera u otra. Entonces había un poco más de confianza en ti mismo porque era lo que me gustaba hacer, me gustaba tirar de 3, como en el fútbol hay gente que le gusta tirar faltas o penaltis, o lo que sea.
¿Recuerdas momentos de trash talking con tus rivales durante los concursos de triples?
No, eran concursos donde íbamos por faena y no interactuábamos mucho, a no ser que estuviesen también compañeros de equipo.
DIEGO MARTÍNEZ (DIRECTIVO DEL GRANOLLERS DURANTE MÁS DE 12 AÑOS) SOBRE ÓSCAR CERVANTES.
Cuando inauguramos el pabellón nuevo de Granolllers en 1986, se hizo una fiesta y un partido amistoso, como una especie de selección catalana. El partido vino precedido de un concurso de mates y triples. En el concurso de triples quedaron finalistas dos personas, una era Chichi Creus, y el otro un chavalito de 17 años que se llamaba Óscar Cervantes, con quien yo tengo una gran amistad. Habían empatado a triples, me acerco a ellos, y Chichi que de dinero tampoco iba sobraba y Óscar con 17 años… les digo: “Mira, tengo un premio de 25000 pesetas, tenéis que desempatar y se lo daré al que desempate. ¿Preferís repartir el dinero o queréis desempatar?”. Y ellos: “No, no, no, el dinero, danos el dinero que no lo repartimos” (risas). Y no hubo un ganador, hubo dos ganadores. Decidieron repartirse el dinero.
A Óscar Cervantes no lo conocíamos, pero desde entonces, yo he tenido una atención especial con él. Cuando vino Manel Comas al Cacaolat Granollers, que entrenaba a la selección española júnior, llamaba con la júnior a Óscar Cervantes, Manel Bosch, Santi Abad… que después acabaron en el Granollers. Te puedes imaginar por qué acabaron en el Granollers, porque su seleccionador se los trajo. Y al único jugador que Manel Comas no quería traer era a Óscar Cervantes. Me dio un listado y yo digo: “¿Y Óscar? ¿Por qué no lo traes?”. Y dice: “Porque no defiende bien”. Y yo: “Ya, pero es un gran triplista, podemos tener en un año al mejor triplista y al mejor matador de la liga. Coño, vamos a traerlo”. Y él: “Que no, que no, que no…”. Y al final cedió porque yo también había cedido antes con él a la hora de fichar a Oleart, ya que quería un segundo entrenador. A Oleart lo fiché yo en su casa, en un restaurante que tenía la mujer en Santa Coloma de Gramanet. Al final cedió y se fichó a Óscar Cervantes.
Te quedarías alucinado al ver a Óscar enchufar de 3 en ese concurso de triples, ¿no?
Claro. Era un júnior, pero era muy bueno. Sin embargo yo técnicamente no podía decir si defendía bien o mal. Manel Comas me hizo ver que no defendía bien, pero yo le dije: “Este es un trabajo que tienes que arreglar tú”.
Muchas gracias a Diego Martínez por su colaboración en esta entrevista.

Óscar con Diego Martínez en la actualidad (archivo Diego Martínez)
Por Javier Balmaseda.
Colaborador JGBasket
MIGUEL ÁNGEL FORNIÉS nació en Badalona el 18 de septiembre de 1952. Estudió en los Salesianos Badalona y en el Colegió Badalonés. Servicio Militar en Campo Soto, Cádiz.
Fotoperiodista de Devoción. Colaboró con Eco Badalonés, 5Todo Baloncesto. Desde 1981 con Nuevo Basket como fotógrafo. Primer fotoperiodista en viajar a ver y fotografiar partidos de la NBA en 1984. Europeo de 1973, cinco Mundiales Júnior (de 1983 a 1999). Quince meses trabajando, viviendo y jugando a baloncesto en Argelia (Sidi Bel Abbès).
Mundial de España 1986, Mundial de Argentina en 1990. JJOO de Barcelona 1992 como adjunto del jefe de prensa de baloncesto. Ha escrito dos libros, Crónica de un viaje alucinante (en 2009) y Memorias Vividas (en 2015). Durante 19 temporadas (1996-2014) responsable de prensa del Club Joventut Badalona.





Gracias por esta joya. Me trae muchos y buenos recuerdos de un basket nacional que fue la base para los éxitos que vinieron después. Me acuerdo perfectamente de Óscar Cervantes. Saludos.