El Real Madrid ha vivido esta temporada en una montaña rusa continua que ha acabado con el título de la ACB tras imponerse 3-1 al Barça, arrebatándole el factor cancha en el primer duelo de la final. El dominio de los blancos en la pintura ha sido abrumador, con un Tavares gigante –MVP de la final–, que en el último duelo se consagró con 25 puntos y 13 rebotes para un total de 41 créditos de valoración, demostrando que no solo es el mejor defensor de la liga.

Pocos apostaban por los madridistas hace unos meses. Desangrándose en la pista y fuera de ella, los blancos, que vivieron la peor racha de la era Laso –17 derrotas en 25 partidos–, pusieron en peligro el factor cancha en la Euroliga y la segunda plaza en la ACB. Todo cambió a mediados de abril, la fragilidad en el juego y la falta de acierto ofensivo, se convirtió en una consistencia en defensa y la búsqueda de la mejor opción en ataque, que les dejó a una canasta de alzar la Euroliga y con el título de la ACB bajo el brazo. Desde entonces, solo dos derrotas –la final ante Efes y el segundo partido del playoff final–.

¿Cuáles fueron las claves de esa transformación? En primer lugar, el equipo recuperó el tono físico después de un maratón de partidos propiciados por los aplazamientos por COVID que tenían al límite a la plantilla. Con todo de cara, la falta de cohesión del equipo, con muchos jugadores nuevos, pasaba desapercibida, pero las derrotas hicieron que aflorase, el equipo necesitaba un impulso y se buscaron culpables, los damnificados fueron Heurtel y Thompkins y el toque de atención dio sus frutos.

A todo eso, hay que añadir, la importancia de Deck en ambos lados del campo, el argentino, que llego fuera de forma, ha crecido, demostrando su importancia. Las bajas, sobre todo en el puesto de base, lejos de hundirles, les unió ante la adversidad, igual que lo hizo el problema cardiaco que apartó a Laso de dirigir al club en las finales, dando la alternativa a Chus Mateo y dotando al equipo de un plus de motivación, que sirvió para pasar por encima de un Barça, que llegó al límite físicamente al último tramo de temporada.

Las grandes actuaciones de Causeur, la mejor versión de Hanga, la experiencia de Rudy, el acierto de Llull, el físico de Yabusele, el trabajo incansable de Deck y el dominio en la pintura de Poirier y, sobre todo, Tavares, fueron demasiado por los de Jasikevicius, que fueron claramente superados durante toda la eliminatoria y que sobrevivieron en el segundo choque en los instantes finales.

Lo que parecía ser una temporada decepcionante para los madridistas acabó de la mejor forma, mientras que el Barça, después de la enésima decepción en la Euroliga, buscaba un título con el que redimirse, pero lejos de ello, afronta el verano con muchas dudas y con su entrenador y varios jugadores importantes, en la cuerda floja, mientras que el Madrid de Laso sale reforzado y demuestra, una vez más, ese carácter ganador que le ha inculcado el técnico vasco.

Final

Barça, 75–Real Madrid, 88

Barça, 71–Real Madrid, 69

Real Madrid, 81–Barça, 66

Real Madrid, 81–Barça, 74

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete técnico JGBasket

Foto: ACB Photo

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