Brad Branson siempre será recordado por ser uno de los mejores pívots que jugó en la ACB a finales de los ochenta y comienzos de los noventa. Sin embargo, los que tuvimos la suerte de conocerlo, le recordaremos por su bondad y generosidad.

Hoy nos hemos enterado de la triste noticia del fallecimiento de Brad Branson, destacadísimo pívot del Real Madrid y Pamesa Valencia durante los ochenta y noventa. Tuve la suerte de entrevistarlo en varias ocasiones y hablar con él en muchas otras. Mi última conversación con él fue hace cuatro o cinco meses. Me comentaba su deseo de venir a España y su afán porque la gente conociese a fondo su historia. Ahora entiendo muchas cosas… Brad era una persona increíble, con un corazón gigante. Por este motivo, me gustaría recordarle recuperando una anécdota que me contó cuando lo entrevisté en Valencia para Jot Down Sport. Le preguntaba por su etapa en el Pamesa Valencia. Y esta fue su respuesta. Sirva esta historia para conocer al verdadero Brad Branson, al que había detrás del jugador de baloncesto. Siempre estarás en nuestros recuerdos, amigo.

 

Estuve a gusto, la gente era muy amable. Además, he podido seguir mi trabajo con niños minusválidos. Aquí, un año hice un torneo para más de 1500 niños minusválidos en la Feria de Muestras. ¡Más de 1500 niños! Vinieron de toda España. Creo que lo he hecho bien. Ese mismo año una falla me hizo un ninot con una canasta, y en lugar de una pelota pusieron un corazón. Y el corazón estaba dentro de la canasta. Este ninot fue indultado. Esto significa que la gente te aprecia, lo mismo que cuando cambiaron la ley con los minusválidos para las Fallas. Estas cosas son muy importantes para mí. Es muy importante que la gente te recuerde.

Ha habido gente que me ha venido a que le firmase y me han dicho que se pusieron el número 8 porque les gustaba mucho cómo jugaba. Eso es lo bonito del deporte, no que yo haya hecho 40 puntos contra Zalgiris y ganáramos la Korac. Lo importante es a la gente que he ayudado. Quiero contar una anécdota. Cuando estuve en Valencia, hace unos años, por el 30º aniversario del club, salía del restaurante después de la cena cuando vinieron dos hombres a saludarme, dos fans. Me dijeron: «Branson, ¿te acuerdas de nosotros?». Les dije que no me acordaba de ellos. Resulta que eran dos chavales, dos hermanos, que venían a todos los entrenamientos del Valencia cuando yo jugaba allí. Como no podían ir a los partidos porque su familia no podía pagar las entradas, faltaban a la escuela para ver los entrenamientos.

Pues bien, un día me paré a hablar con ellos: «¿Qué pasa? ¿Por qué no vais a la escuela?». Me contaron que no querían ir a la escuela, que no les gustaba. Les dije: «A partir de hoy, si vosotros vais a la escuela todos los días, si os comprometéis a ir todos los días, os compro un abono a cada uno por todos los años que esté jugando yo aquí». Finalmente, fueron dos años, hasta que me retiré. Le compré un abono a cada uno.

Aquel día, después de la cena del 30º aniversario, vinieron a darme las gracias y me comentaron que habían terminado el instituto, la universidad y que tenían su propio negocio. Yo estaba tan emocionado que no pude ni hablar. Esto es el baloncesto para mí. Enseñar que hay vida después del deporte. Después de 30 años, esta anécdota es uno de los mejores recuerdos que puedo tener del baloncesto. Esto es lo bueno de este deporte. También es muy bonito ganar partidos, títulos, pero es más bonito cuando tú puedes ayudar a los demás.

Por Javier Balmaseda
Colaborador JGBasket

 

 

 

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