Tras más de seis meses, coincidiendo con el regreso a las aulas, son muchos los clubes y colegios que retoman los entrenamientos y lo hacen con una gran incertidumbre y con un mar de dudas ante la preocupante situación sanitaria que nos está tocando vivir. El deporte vuelve poco a poco, pero, principalmente, en formación, no como lo conocíamos hasta ahora.

Por eso, ante las limitaciones con las que afrontar la vuelta a las canchas, los entrenadores tenemos que dar un paso al frente y, ahora sí, demostrar nuestra formación y conocimientos. Claro que puede resultar más complicado, sobre todo, para aquellos entrenadores, sin ánimo de criticar, que llevan toda la vida haciendo las mismas sesiones de entrenamiento, en las que el 5c5 ocupaba gran parte del tiempo.

El problema radica también en que cada federación autonómica ha realizado un protocolo distinto para las categorías de base, habiendo comunidades que han decidido posponer la actividad deportiva, algunas que no permiten el contacto, otras que lo permiten sin mascarilla tras haber pasado por diferentes fases e incluso las hay que permiten un entrenamiento normal, pero con los jugadores utilizando mascarilla en todo momento.

En lo que parece que hay, prácticamente, unanimidad es en retrasar el comienzo de las competiciones. Si ya es complicado controlar la situación en una liga profesional como la ACB, en cuya primera jornada se tuvieron que aplazar tres partidos por positivos en las plantillas, en categorías de formación en las que no se realizan test a los jugadores, es imposible.

Por eso, el desafío es mayor y tenemos que ser capaces de hacer entrenamientos atractivos con los que enganchar a los jugadores a falta de competición. En las zonas en las que no se permiten entrenar con contacto, la técnica individual cobra un protagonismo esencial y tenemos que hacer ver a los jugadores que no tiene porqué ser aburrida, todo dependerá de cómo la enfoquemos y de tirar de imaginación y originalidad. El problema es que, en muchas ocasiones, la técnica individual ha quedado en un segundo plano, incluso en benjamines y alevines, priorizando otros aspectos del juego y ahora puede resultar más complejo centrar las sesiones en ella.

Es básico adaptar el trabajo técnico a la edad de los jugadores, no por realizar situaciones más complejas vamos a ganarnos a los jugadores, quizá suceda al revés, ya que se pueden frustrar viendo que no les sale. Eso no quiere decir que no podamos incrementar la dificultad de los ejercicios y ponerles retos que tengan que ir superando. Es un buen momento para trabajar su mano no dominante y poder convertirles en jugadores más completos.

Además, este año resulta complicado hacer una planificación al uso, porque los picos de forma suele marcarlos la competición y al no saber la fecha de comienzo, lo dificulta todo aún más, sobre todo, porque puede arrancar y tener que volver a pararse en cualquier momento. Eso no quita para que sea un buen momento para trabajar el físico, pero no ponerles a correr por correr, se puede entrenar la flexibilidad, la resistencia, el equilibrio, la fuerza, la velocidad…  Al final, lo importante es que los jugadores puedan entrenar y seguir progresando.

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete técnico JGBasket

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