Don Alejandro para el gran Andrés Montes lleva cuatro décadas en el banquillo, con más de 1.000 partidos dirigidos en la . Por sus manos han pasado jóvenes talentos que ha pulido hasta convertirles en grandes jugadores: Andrés Jiménez, Jordi Villacampa, Rafa Jofresa, José Antonio Montero, , Navarro, Roberto Dueñas, Ricky Rubio, Rudy Fernández, Pau Ribas, Tomas Satoransky… El último diamante que ha pasado por sus manos ha sido el letón Porzingis, cuarto en el último draft y que ya se está ganando el corazón de los seguidores de los Knicks con su gran inicio de temporada.

Antes del Aíto , ese que todos conocemos, hubo uno jugador, que llegó a disputar diez temporadas en lo que ahora sería la ACB. Nacido en en 1946, empezó a jugar al en el infantil del y como buen canterano siguió su progresión hasta llegar al primer . Cinco temporadas y fichaje por el Barça. En el azulgrana pasó un lustro y llegó incluso a ser el capitán, pero con 26 años decidió colgar las botas. Era un base “inteligente, mal tirador y con unas condiciones físicas y técnicas medianas”, como él mismo se definió. De ahí que, viendo que su carrera se estancaba, decidiese dedicarse plenamente a su pasión por .

Una pasión que no era nueva para él, ya que en su última temporada en el Barça había compaginado su labor de jugador con la de entrenador del CB Esparraguera. Además, había dirigido, con anterioridad, equipos de minibasket en el Estudiantes, la selección catalana mini y había sido ayudante de la selección española júnior. Su primera oportunidad como entrenador le llegó en Badalona, sólo unos meses después de su retirada, en el Círculo Católico de Liga Nacional.

Poco a poco, Aíto fue haciendo un equipo sólido y difícil de batir. La gran labor del técnico madrileño le hizo lograr el galardón de mejor entrenador, concedido por la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto (AEEB), en la temporada 1975-76. Su gran año no pasó desapercibido para la Federación Española y le dieron las riendas de la selección juvenil española, al frente de la cual estuvo cuatro años, logrando una medalla de bronce en el Campeonato de Europa de Damasco en 1979.

El Círculo Católico pasó a denominarse Cotonificio en el año 1976, gracias al patrocinio de la empresa badalonesa, lo que dio paso a la época dorada del club. Sin ir más lejos, pocos equipos pueden presumir de haber tenido en el mismo cuerpo técnico a dos entrenadores de la talla de Aíto García Reneses y Manel Comas. Sí, así es, Manel Comas fue ayudante de Aíto durante dos temporadas (1977-78 y 1978-79). “Era un año mayor que yo, pero quiso ser mi ayudante y nos compenetrábamos a la perfección”, recordaba Aíto con motivo del fallecimiento del Sheriff. En la primera de ellas, consiguieron el cuarto puesto en la Liga –su mejor clasificación hasta entonces–, logrando también el billete para disputar la Copa Korac al año siguiente, en la que consiguieron llegar hasta las semifinales.

Si algo tenía aquel grupo eran unas ganas tremendas de trabajar y crecer. El técnico madrileño profesionalizó el equipo haciendo diarios, en sesiones de mañana y tarde, algo insólito por aquel entonces. Además, fichó a un joven Andrés Jiménez (luego se lo llevaría a la Penya y al Barça) al que, a pesar de sus 205 centímetros, empezó a utilizar como alero, adelantándose a los tiempos en el que el “3” alto se ha puesto de moda. Su equipo también fue un adelantado en la individual presionante, a la que los medios de la época calificaron como “karate-press” por su intensidad y continuo uso de las manos.

Entre las curiosidades de su etapa como entrenador en el Cotonificio, Aíto subía a entrenar con el primer equipo a José María Sanz, que más tarde se daría a conocer en el mundo de la música como Loquillo. El “Loco” siempre ha tenido palabras de elogio para su entrenador del que aprendió a “tener disciplina y creer en mí mismo”.

 

Por Víctor Escandón Prada
Periodista deportivo y entrenador superior de baloncesto
Gabinete comunicación JGBasket

Foto: Club Estudiantes