El joven autor madrileño reunió a familia, amigos y aficionados en El Aleatorio para presentar su primer libro, editado por Ediciones JC: una crónica temporada a temporada de los Celtics de los años ochenta.

El jueves 8 de octubre, El Aleatorio, el bar cultural de la calle Ruiz en pleno Malasaña, se llenó de camisetas verdes y de nostalgia ochentera para la presentación de Los Boston Celtics de Larry Bird, el primer libro de Carlos Horcajada. Lo publica Ediciones JC, y en la mesa acompañaron al autor su editor, Juan Carlos Rentero, y Teresa Arredondo, escritora y editora de la página de baloncesto El dedo de Pocius. Carlos apareció con una chaqueta vintage de los Celtics y un trébol colgado al cuello, por si alguien tenía dudas de a qué equipo pertenece su corazón.

Juan Carlos Rentero abrió el acto con humor. Dijo que un editor poco puede decir de un libro propio, porque “un libro es como un hijo” y nadie le creería si dijera que es muy bueno. Prefirió animar al público a comprarlo y, quien ya lo tuviera, a llevarse otro para regalar, dedicado por un autor encantado de firmar ejemplares por primera vez. También agradeció a El Aleatorio que abriera sus puertas a la cultura y al baloncesto.

Teresa Arredondo, que confesó con gracia que la última vez que había cogido un micrófono fue ante un juez para defender a un cliente, explicó el origen de su vínculo con el autor. Carlos empezó a escribir en El dedo de Pocius con solo catorce años, gracias a la amistad entre su familia y el equipo de la página. Teresa se presentó como “suplente” de Óscar Villares, autor del prólogo, que no pudo viajar desde Bilbao. También destacó la apuesta de Ediciones JC: publicar en papel un libro de baloncesto de un autor joven y casi desconocido fuera de las redes, en plena era de la inteligencia artificial, le parece cosa de valientes.

Carlos, que tiene unos veinte años (“la mitad de cuarenta”, como él mismo dijo), contó que el libro nació de la constancia. Probó el fútbol a los cuatro años, pero a los seis ya estaba en una cancha de baloncesto y no la dejó. Empezó publicando pequeñas biografías de jugadores en Instagram y luego en El dedo de Pocius. Cuando se cansó del formato, decidió contar la historia de los Celtics desde los años cuarenta y cincuenta, la época de Cousy, Russell y Havlicek. Avanzando temporada a temporada llegó a Larry Bird. El verano en que terminó bachillerato, entre salidas con amigos, empezó a escribir casi cada noche y comprendió que ahí había un libro. Le llevó un par de veranos y algunos años de trabajo, y lo terminó “con la misma ilusión o más” que cuando lo empezó.

¿Qué aporta un libro más sobre Bird, del que tanto se ha escrito? Según su autor, una crónica año a año que busca los rincones menos conocidos de esa época y explica el porqué de cada cambio, que muchas veces no se decidía en la pista. Carlos insistió en que le interesa lo humano tanto como lo deportivo, aunque reconoció haber dejado fuera algunas intimidades que “no tocaban”. La documentación tuvo dificultades propias de quien no vivió aquellos años. Las estadísticas de los ochenta son fáciles de consultar en webs como Basketball Reference, pero ver los partidos completos se ha complicado desde que la NBA retiró buena parte de su archivo de YouTube. Algunos partidos los tuvo que reconstruir a partir de crónicas. También agradeció la ayuda de un podcast de historia del baloncesto con episodios que pueden durar decenas de horas.

La conversación recorrió el libro capítulo a capítulo, y el público pudo comprobar que Carlos sabe contar historias. Empieza con “Dulce introducción al caos”, un título en homenaje a Extremoduro y a Robe, escrito antes de su fallecimiento. Ese capítulo sitúa a unos Celtics acostumbrados a ganar que parecían abocados a años oscuros. Llega entonces Bird, que se negó a que lo llamaran “la gran esperanza blanca” y prefirió “la gran esperanza, a secas”. Carlos explicó la jugada de Red Auerbach de elegirlo en el draft un año antes de que terminara la universidad. Bird decidió acabar sus estudios en Indiana y llegó a Boston con capacidad de negociar, hasta convertirse en uno de los mejores pagados de la liga sin haber jugado un partido. El resultado fue inmediato: el equipo pasó de 29 a 61 victorias. Al año siguiente llegó el traspaso que los Warriors todavía lamentan, con Robert Parish y la elección con la que Boston se hizo con Kevin McHale.

También hubo espacio para los secundarios y las anécdotas, que son el sabor del libro. Cedric Maxwell fue MVP de las Finales del anillo de 1981. McHale, segundo mejor jugador del equipo, salía desde el banquillo por la jerarquía de veteranos que siempre ha marcado a los Celtics. Scott Wedman, vegetariano, sufría las bromas de un Bird que no entendía cómo fiarse de alguien que no comía hamburguesas. El cambio de Bill Fitch, un “sargento de hierro” que acabó chocando con el vestuario, por K. C. Jones abrió una nueva etapa. Llegó Dennis Johnson y se marchó Rick Robey, el mejor amigo de Bird y su compañero de bares, justo el año en que Bird ganó su primer MVP. La serie de 1985 contra los primeros Bad Boys de Detroit es, según el autor, la que más ha trabajado del libro. Esa temporada, una pelea en un bar le costó a Bird una lesión en el dedo que él mismo considera el mayor error de su carrera.

El tramo final fue más emotivo. Los Celtics de 1986, con Bill Walton como soplo de aire fresco, son quizá uno de los mejores equipos de la historia y solo perdieron un partido en el Boston Garden. Bird ganó los tres primeros concursos de triples tras preguntar en el vestuario quién iba a quedar segundo. La rivalidad con Magic Johnson enfrentó dos estilos: para Carlos, los Celtics eran la elegancia y los Lakers, el Showtime. Hubo también un guiño muy madrileño con el Open McDonald’s de 1988 en Madrid contra el Real Madrid. Ese partido fue la gran oportunidad de Drazen Petrovic ante la NBA, y la visita dejó fotos curiosas de los Celtics por la ciudad. Después llegó la parte más dura: las lesiones, la muerte de Len Bias poco después de ser elegido en el draft y la de Reggie Lewis. Ambas dejaron a la franquicia sin el relevo que necesitaba.

El cierre llegó con Barcelona 92. Bird ya había jugado su último partido con los Celtics, en el séptimo partido ante los Cavaliers, sin anunciar a nadie su retirada. Tenía la espalda destrozada y antes de ir le preguntó a la federación si lo querían por su nombre o porque todavía valía. Formó parte del Dream Team y, días después de los Juegos, anunció que lo dejaba. Carlos terminó la presentación con la frase que Magic pronunció en su homenaje, con una camiseta de los Celtics bajo el chándal de los Lakers: algún día habrá otro jugador como él, pero nunca habrá otro Larry Bird. El aplauso fue largo.

Los Boston Celtics de Larry Bird es un libro para nostálgicos de aquella NBA y para quienes quieran descubrirla. Basta con saber lo básico sobre el draft o los traspasos, y el autor explica bien los anglicismos inevitables. En JGBasket, que llevamos casi tres décadas compartiendo baloncesto formativo y cultura baloncestística, nos emociona ver a un chaval que empezó a escribir a los catorce años y hoy firma su primer libro rodeado de los suyos. Es la misma pasión que vemos cada temporada en las canchas, convertida ahora en páginas. El libro cuesta 20 euros y está publicado por Ediciones JC. Que sea el primero de muchos, Carlos.

Fotos y contenido Gabriel Alemany

libro para nostálgicos y para quienes quieran descubrir la NBA de los ochenta

Los Boston Celtics de Larry Bird, de Carlos Horcajada (Ediciones JC, 20 €). Una crónica temporada a temporada de los Celtics de Bird, Parish, McHale y compañía.