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y la lámpara maravillosa.
“Sin lesiones y sin Pau Gasol, hubiera sido el mejor jugador de la historia del español”

La proclama de Charly Sainz se antoja el eslogan de una cerveza 0.0: “Sin lesiones y sin Pau Gasol, hubiera sido el mejor jugador de la historia del baloncesto español”. Las palabras de Sergio Scariolo suenan a declaración de amor de las de antes, a rendición en toda regla: “Han pasado 16 años desde que entrevisté a un niño de 19 para llevarlo a mi equipo, y sigo pensando lo mismo… que era el mejor”.

Hablamos del genio de la lámpara maravillosa, del faro que de inicio alumbró a una generación irrepetible, del base puro más completo y clarividente que haya dado nuestro basket. Hablamos de un alquimista de sueños, de exquisito caviar para los más exigentes paladares. Hablamos de talento puro, sin cortar. Hablamos de un perfume embriagador, mimético que durante casi dos décadas ha atraído por igual a entrenadores exigentes, compañeros hechizados y aficionados enamorados. Oro molido a granel. Hablamos de Raúl López. Pidan tres deseos, cierren los ojos y hablemos pues.

En la cuna del basket

Su padre abandonaba “La Tortuga”, el bar que regentaba en Vic, dos tardes a la semana para acercar al chico a los entrenamientos en Badalona. Los 70 kilómetros que separaban las ciudades suponían un quebranto familiar diario, así que en la Penya, convencidos por las cualidades que ya había apuntado el ojeador Josep Claret (alertado por Toni Martorell, su entrenador en el pueblo), decidieron el año siguiente incorporarlo al equipo y buscar el mejor acomodo, la casa de Miquel Nolis (uno de los mejores preparadores de cantera que ha dado nuestro baloncesto). El célebre moldeador de promesas se descubre: “Es uno de los jugadores más agradecidos que he entrenado… Era una esponja, lo captaba todo”. El cariñoso abrazo entre pupilo y tutor en el Olimpic tras el último encuentro en abril, reflejaba toneladas de admiración mutua.

El olfato de los verdinegros en la detección de talentos es ancestral y el de la ciudad del famoso fuet lo dejó meridiano cuando se proclamó Campeón de España Cadete en Málaga en la temporada 95-96. El Barsa llegaba a la Costa del Sol con el título catalán e invicto. En una semana los de Xavier Castillo se deshicieron en dos ocasiones de sus eternos oponentes. El histórico Ciudad Jardín abrió la despensa de trofeos de Raúl (Joventut 92-Barcelona 79) y el inicio de una rivalidad sana e intemporal con Juan Carlos Navarro. Lo que arrasaban en la selección autonómica (donde Raúl desplazaba a Juanqui al puesto de escolta), se lo disputaban a brazo partido en sus enfrentamientos de clubes.

De aquel tiempo vienen sus primeros contactos en la selección cadete con sus futuros compañeros de singular camada, aunque el estreno de Raúl fue un tanto desconcertante. Al chico le costaba hablar fluido castellano, tanto que en la primera jugada marcó “Vermell”, en lugar de “Rojo” ante el asombro ý la algarabía de todos. Incluso el estreno con Ángel Pardo (por entonces seleccionador cadete) había sido desastroso, pues se había marchado a la ducha sin anotar un solo punto en el derby catalán, pero en la grada el discípulo de Pinedo no se iba a llevar a engaño por una mala tarde del chaval. Su calidad y desparpajo saltaba a la vista.

Aquella muchachada abrió la caja de pandora en Manheim, en la primavera del 98, con el mérito añadido de que a la base americana en Alemania acudieron sin tres de sus puntales (Navarro, Antonio Bueno y Felipe Reyes). El peculiar torneo se tomaba como un Campeonato del Mundo Junior oficioso. Una derrota ante Rusia manchó una buena primera fase. En semifinales noqueron al combinado USA delante de unas gradas repletas de aficionados estadounidenses (108-101). En la final ante Australia, un cara a cara frontal maravilloso de Carlos Cabezas, resolvió el partido (80-78). Asomaba Pau Gasol (19 puntos), lucía el dúo badalonés que compartía piso (Dramec y Raúl con 13 puntos cada uno) y despuntaba el académico juego de pies de Germán Gabriel (12 puntos).

30 de abril de 1998. Último partido de temporada regular. Joventut recibe a Caja San Fernando. Alfred Julbe reserva a su base titular, el espejo en el que se mira Raúl, André Turner, con problemas lumbares, y tras sólo 5 entrenamientos con la primera plantilla, da la alternativa al mozo. Cuando está en la mesa de anotadores para sustituir a Iván Corrales le da una instrucción: “Sal ahí y diviértete. Sólo eso… diviértete”. El chaval, siempre obediente, se lo pasa bomba en su debut ACB con la mayoría de edad recién cruzada. En 18 minutos completa una actuación para rescatar de la hemeroteca: 10 puntos con 3/3 triples, 4 asistencias, 2 rebotes y 12 de valoración. La victoria (103-89) concedía la cuarta plaza previa a los playoffs.

El desenlace del curso resultó grandioso para los nacidos en el 80. El Campeonato de España Junior de Tenerife en mayo de 1998 probablemente arrojó la mayor cantidad de talento por metro cuadrado de parquet hasta entonces conocida. El Joventut después de coronarse en Cataluña, despachó al Madrid con un Dramec sideral (33 puntos y 13 rebotes) para colarse en semifinales. El Barsa saboreó su venganza frente a sus vecinos (80-78), pese a los 23 puntos y 6 asistencias de López. Por el otro lado del cuadro, Estudiantes entró en la final gracias a un descomunal Felipe Reyes (23 puntos y 29 rebotes) después de prórroga (80-72) ante los talentosos malagueños (Cabezas, Berni y Germán) de Unicaja. El Barsa de Joaquín Costa no dio opción en el encuentro definitivo (89-69) con Gasol (29 puntos) y Navarro (19) deslumbrantes. Las libretas de los ojeadores echaban humo, tanto que 5 españoles eran invitados al prestigioso Nike Euro Camp de Treviso: Raúl López (4º máximo anotador del torneo canario con 20 puntos de promedio), Navarro (20,6 puntos y 4,4 asistencias), Dramec (20 puntos, encabezando además la clasificación de balones robados), Gasol (5,8 intimidantes tapones por partido) y López Valera del Real Madrid. Curiosamente el máximo anotador del certamen fue Julio González (22,2 puntos), aquel fornido alero de tiro tan poco ortodoxo.

Juventud, divino tesoro

Varna, Bulgaria. Frontera con Grecia. La excursión desde Madrid fue lo más parecido a una odisea de 20 horas. Avión hasta Bucarest para continuar trayecto en una tartana por inhóspitas carreteras. En un determinado momento de la ardua travesía, el ayudante Carlos Sergio, socarrón, dio en el clavo: “Cuando lleguemos algún jugador ha dejado de ser junior”. Ya instalados, segundo contratiempo: derrota en la apertura (75-79) frente a la aguerrida Israel, a pesar de los 21 puntos de López. Por la noche, los jugadores se reúnen en la habitación de Raúl, el capitán, y se dicen las cosas a las claras. Mano de santo. Los búlgaros, pese a sus vergonzosas artimañas con la manipulación de los aros, son los primeros en caer: Felipe se pone las pilas (27 puntos) con Raúl al timón (12 puntos), apoyados por Pau (13) en la pintura. Frente a Lituania, Reyes sigue a lo suyo (13 puntos y 12 rebotes), Navarro afina puntería (19), auxiliado por el perímetro verdinegro (Dramec y Raúl convierten 10 por barba). La primera fase se concluye con dos victorias ante enemigos de tronío, Croacia e Italia. En cuartos empieza lo serio. Victoria clara sobre la Rusia de Kirilenko con un partidazo grupal (97-73) del que sobresale un atinadísimo Navarro (30). En semis llega el encuentro del torneo. Grecia opone un equipazo. Fotsis anota 10 puntos y Papadopoulos 24. Su ariete, Diamantopoulos, encuentra la canasta a falta de 13 segundos para subir su punto 34 al casillero y poner por delante a los helenos (87-88). Raúl López sube la pelota y se juega un 1×1 que culmina con un tiro desde la prolongación de la personal. Canastón, 27 puntos (5/6 triples y 6/8 en tiros de campo), y a la final. Los aficionados griegos no se lo toman bien. Invaden la pista y de una pedrada (que firmaría Obelix) hacen trizas un tablero. El tanteo de la final (España 81-Croacia 70) no refleja lo reñido del encuentro (35-33 al descanso). Zipi y Zape, López (15) y Navarro (17), vuelven a hacer de las suyas frente a Stosic (13), Zizic (23) y compañía. Gasol oscurece la zona con dos tapones providenciales y España estira la ventaja para proclamarse Campeona de Europa Junior ante las miradas emocionadas de la mayoría de los padres de las criaturas. Si hubiera habido una designación al mejor jugador, probablemente Raúl López hubiera sido el designado, no sólo por sus datos estadísticos (13,2 puntos, 3,2 asistencias en 25,2 minutos) sino por su ascendencia sobre el grupo y su dominio de situaciones y tiempos.

Verano maravilloso con el triunfo también de las chicas en la misma categoría. Algo estaba cambiando…

En septiembre el maestro Julbe abrió la puerta definitiva a López y Dramec como miembros de pleno derecho del primer equipo del Joventut. Raúl firma su primer contrato profesional: a la sazón 4 millones de pesetas por temporada y una clausula de salida de 500 millones. Con el desarrollo de la campaña, el base se fue ganando el respeto de compañeros y rivales: “ya no le presionan según salta a la cancha”, evidenciaba su técnico. Comparte posición con otro artista de paleta multicolor y trazo fino, Iván Corrales, disputa 500 minutos (a una media de 14,7 por partido y 4,4 puntos) y se postula como novato del año.
Los chicos de oro

Aquel verano del 99, preludio a un nuevo siglo, en Portugal cambió el paisaje del baloncesto español. Si los mayores alcanzaron una meritoria plata europea en Francia, los juniors espantaron miedos, ahuyentaron fantasmas y desterraron viejos complejos de inferioridad. Se sentían ganadores desde el hotel, salían a la cancha a competir sin importarles desafíos extraordinarios, oponentes insignes ni escenarios grandiosos.

El Mundial comenzaba con un hueso conocido, la Australia del magnífico David Andersen, a la que costó hincarle el diente: (80-75) con Navarro sobresaliente (28) y Raúl (14 puntos en 15 minutos) tomando el pulso al juego. La derrota ante Grecia (colosal Diamantopoulos con 25 puntos) por 10 puntos (78-68) obligaba a los chicos a ganar por más 7 puntos a Croacia para clasificarse. Si lo hacían por más de 13 se metían primeros y por 18 dejaban fuera a los croatas y entraban los griegos. Se ganó por 15, renunciando al último ataque con el consiguiente mosqueo de los helenos. Fin de la fase del Duero en Oporto.

Aguardaban, el Tajo, Lisboa y unas semifinales durísimas frente a una Argentina de mucha casta, pero en clara inferioridad de talento. Los albicelestes llevaron el choque a su terreno. Con uno abajo, Raúl López (17 puntos en 29 minutos) forzó una falta a falta de 3 segundos y convirtió los 2 tiros libres para dejar el marcador definitivo en 81-80 para España. Ruben Magnano se comía a los árbitros. Navarro (22) ajustaba la mirilla para la final, a la que Charly “son ganables, eso seguro” y su prole acudían con ambición y la seguridad de saberse buenos.

Día de Santiago, 25 de julio. Escenario majestuoso, el Pabellón Atlántico, ubicado en el recinto de la Expo 98, conocido por el “Pabellón de la Utopía” (qué bien traído el nombre).

Sainz de Aja mira al fondo del banquillo y concede agradecido la titularidad a Cesc Cabeza. Gran detalle. Los norteamericanos despegan en un cohete de la NASA (8-16), pero los hispanos reaccionan soltados los nervios iniciales y se colocan por delante 35-25 a 5 minutos y medio para el descanso. La dupla de bases, Logan y Dooling, meten la directa y llevan la igualdad a 47 al intermedio. En la reanudación, los ibéricos, apoyados por un público ojiplático, no dan un paso a atrás pese a recibir un parcial de 8-0 y situarse 5 puntos por debajo (64-69) a falta de 11 minutos. Germán Gabriel saca a bailar a sus parejas y da un curso acelerado al poste bajo, Felipe se viste el mono y rebaña todos los balones y Navarro (27 puntos y MVP de la final), acude al rescate, desempolva su muestrario de habilidades con canastas de todo tipo. Las ventajas españolas se mueven en torno a los 5 puntos, hasta que Carlos Cabezas (nuevamente capital) da la puntilla con un triple esquinado a un minuto de la conclusión. España 94 – Estados Unidos 87. La locura. ¡Campeones del Mundo!

Raúl y Germán (compañeros de habitación), Berni y el delegado Francis Tomé habían prometido hacerse un tatuaje si se alzaban con el título. Cuentan que la celebración en los alrededores de la Plaza de Comercio mereció la pena, que Pau Gasol se lanzó a cantar ópera y en Barajas, Raúl (13 puntos y 4 asistencias en 36 minutos en la final) exultante a la pregunta ¿y ahora qué? respondió entre risas: “Lo único que nos queda es que nos bajen unos marcianos”. Junto a Dooling se había revelado como el mejor base del mundo de su edad. En los 8 partidos había promediado 12,7 puntos, 1,5 asistencias, en 28,5 minutos. Pepe Sáez admitía que “el liderazgo de Raúl era grandísimo dentro y fuera y ese tipo de referencia había faltado otras veces”.

A la semana los respectivos clubs recibían a sus laureados retoños en las concentraciones de pretemporada sorprendidos: todos los chavales se habían teñido el pelo del color dorado de los campeones. El futuro era suyo.

Los de Canal +, siempre al quite, dedicaron una sección de su programa Generación Plus ACB a la hornada. Todas las semanas Epi y Montes repasaban en su “Los niños vienen de Lisboa” las andanzas de la quinta. Raúl, copaba así highlights y se establecía como primer base del Joventut, que había traído para tutelarle al gran Rafa Jofresa. En un mal año colectivo (con las salida de Julbe a mitad de curso), López se consolidó jugando 757 minutos en 32 partidos (20 como titular) con 10 puntos y 3 asistencias de media.

Traspaso al Real Madrid

Lamentablemente el Joventut tiene que venderle, le acucian las deudas y no cuenta con patrocinador. Barcelona y Real Madrid se lo disputan. El primero se sale de la puja al contratar a Jasikevicius y el Madrid cierra su fichaje en 300 millones de pesetas, la cifra más alta pagada por un jugador español. Lolo Sainz se lo lleva a la selección junto a Juan Carlos Navarro. La “pareja vidilla”, como los apoda, comparte habitación y el experimentado técnico se pliega a las virtudes de su joven base: “Tengo una fe enorme con Raúl. Es un jugador espectacular que nos puede ayudar”. Pero para el equipo nacional todavía es tiempo entre costuras y se despeña en los JJOO de Sidney 2000. El traje tardará todavía un poco en confeccionarse.

En el Madrid Scariolo le otorga plenos poderes: “Tiene algo que no he visto nunca, un amor por el juego impresionante. Disfruto viendo la ilusión que desprende. Da igual contra quién juegue. Me da vibraciones que no conocía”. Comparte posición con otro de sus referentes, Sasha Djordjevic (del que aprende una barbaridad), y suma incluso más minutos (906) y titularidades (26) que el serbio, al que se le amontonan las dolencias físicas. Se convierte en el mejor jugador del equipo, con Herreros de estilete anotador, pero al Madrid no le da responder ni en ni en Copa al Barsa de la explosión de Gasol y el dominio de Dueñas. Imposible.

En junio se presenta junto a la pareja azulgrana, Gasol y Navarro, al Draft de 2001. “Es un base eléctrico y espectacular con excelente visión de juego, habilidad en el pase y amplio campo de tiro. Veloz, hábil y rápido en los reversos. Necesita paciencia. La altura le limita”, citaba la Web de la . En un añada floja de bases (sólo Omar Cook y Jamaal Tinsley tienen un nivel comparable) sale elegido por los Utah Jazz (que piensan en el de Vic para sustituir al mito, John Stockton) en primera ronda, puesto 24. Sin llegar a ser la animalada de Pau Gasol (número 3), al que Raúl considera que “en dos o tres años estará al nivel de Chris Webber”, sigue la noticia entusiasmado de madrugada entre las radios e internet con su novia medio dormida. Incomprensiblemente el nombre de Juan Carlos Navarro no se pronuncia hasta la elección 40 realizada por los Wizards. Pero Raúl lo tiene claro: “Después de todo el esfuerzo que hizo el Madrid por mí, sería poco grato por mi parte querer marcharme ahora. He pasado un año fantástico en el Real, muy cómodo con el equipo y entrenador y me gustaría seguir más tiempo aquí… Tengo al mejor entrenador posible para evolucionar, luego ya se verá”.

Imbroda le convoca para el Europeo de Turquía y la chavalería responde en grande para colgarse su primera medalla con los mayores. Bronce con Gasol y Navarro sublimes.
La fatalidad

Noviembre de 2001. Recién iniciada la temporada, Raúl sufre la rotura del ligamento cruzado de su rodilla derecha frente al Forum en Valladolid. Le esperan 6 meses de baja, cuando nunca había estado parado más de 2 o 3 semanas. “Cuando me rompí se me cayó el mundo encima”, declararía, pero se puso en manos de Pablo Llanes, el fisio, en sesiones maratonianas. Chavales de la cantera que por entonces, como Javier Beiran, le idolatraban por la vistosidad de su juego, le encumbran como referente de compromiso, trabajo y amor por el juego. Le recuerdan siempre botando una pelota en la Antigua Ciudad Deportiva Blanca o lanzando tiros libres sentando en una silla. Regresa en primavera para los últimos encuentros de temporada regular con el Breogan como primer oponente y rescata sensaciones positivas (12 puntos en 16 minutos) y repite anotación subiendo minutaje (19) en la derrota frente al Lleida. Ante la inminencia de su vuelta a las canchas, los Jazz le habían susurrado la continuidad de Stockton. Le quieren para que se instruya a la vera del maestro y hace saber al Madrid sus pretensiones. En los playoffs se vive uno de los duelos más bonitos que se recuerda: Estudiantes y Real Madrid se baten el cobre en 5 históricos partidos con sus dos bases (Raúl López y Nacho Azofra) en estado de “maravillosa enajenación mental”. “Raúl nos permite jugar con fantasía”, diría Scariolo, que días después de la eliminación sería despedido.

Después de mucho tira y afloja los agentes de López consiguen rebajar la claúsula de salida a 1,5 millones de euros. Agradece la deferencia al Real “donde me han tratado mejor que en ningún sitio” y aterriza en Utah después de un trayecto de 15 horas. Recibe halagos de directivos “Preferimos que seas el primer Raúl López que el segundo John Stockton” y de su entrenador, poco dado a los mismos, Jerry Sloan: “Contamos contigo como pieza fundamental”. Él se muestra cauto “Vengo a ayudar a lo que sea, pero yo no soy Stockton, soy Raúl. Compararme a estas alturas me parece absurdo” y loco de contento “estoy entusiasmado con la posibilidad de cumplir mi sueño y llegar a la NBA, especialmente ahora que John Stockton ha anunciado que volverá”. Elige el número 24, pues el 14 le pertenece al venerado Hornacek, y acuerda un contrato inicial de 2,7 millones de $ por 3 años, pero no lo firma. Escucha alabanzas: “Es el mejor base de Europa. No le puede ir mal” (Pau Gasol), “Tendrá éxito seguro porque es rápido. Quizá tenga algún problema en defensa, pero su tiro de tres y su velocidad casi le asegura el triunfo” (Tony Parker) y voces que le impelían a coger más experiencia y dominar el basket europeo.

Todo se chafa en agosto cuando Raúl se destroza la misma rodilla en un encuentro preparatorio de la selección frente a Rusia en Estepona. Abandona la pista entre sollozos, roto. Ni el consuelo de su amigo Pau le sirve “Jugará en la NBA, que es su lugar. Lo único que deseo es que no pierda la ilusión. Debe recuperarse anímica y físicamente y volver a luchar por jugar al más alto nivel”. Durante días se encuentra en tierra de nadie y llegan declaraciones preocupantes desde el otro lado del Atlántico: “No tenemos contrato ni obligación con él. No podemos pagar a alguien que no sabemos si podremos utilizar”, que con el tiempo troncan en alentadoras “No conozco la gravedad de la lesión, pero tengo claro que el equipo le necesita” (Larry Miller, el propietario), “Seguimos queriendo que Raúl juegue con nosotros, ya sea dentro de 3 meses o de 8” (David Alfred). Mientras, el protagonista trataba de guardar la calma: “Ahora lo único que me importa es mi rodilla”. Finalmente se rubricó el acuerdo con la buena predisposición de todos y una rebaja en la ficha del jugador.

Antes de emprender el viaje a Salt City (la ciudad de los Lagos Salados), rodeada de bellísimos parajes naturales, Raúl, anhelante, visionó junto a su amigo Alex Mumbrú, el Mundial de Indianapolis donde España cayó en cuartos frente a la Alemania de Nowitski.

Encajó bien en el estado mormón y en un equipo peculiar “dónde tú no veras a Dennis Rodman con el uniforme de los Jazz”, según Andy Toolson. La larga estancia de su hermana allí aligeró el tedio y reforzó su confianza “si me he recuperado una vez porqué no puedo hacerlo otra vez”. Interminables sesiones en el gimnasio, la sala de pesas y la piscina condujeron a su rehabilitación. En julio de 2003, casi un año después del percance, volvía a jugar las ligas de verano en periodos muy breves (no superiores a los 5 minutos) para no sobrecargar sus rodillas. En octubre jugó su primer partido amistoso con la camiseta oficial de los Jazz en un atestado Palacio de los Deportes de Ciudad de Méjico. Disputó 25 minutos, sin rodillera, anotó 10 puntos y dio 4 asistencias. Había regresado de donde pocos vuelven.
Por fin cumple su sueño

Sloan, huérfano de Stockton y Karl Malone, sabedor del tremendo potencial del de Vic (había influido de manera determinante en su elección) ya lo había expresado en las previas: “Esperemos que contribuya con su enorme talento”. En el primer partido oficial de la temporada, Raúl se convertía en el tercer español en jugar en la NBA, tras Fernando Martín y Pau Gasol. Lo hacía durante 6 minutos, sin lanzar a canasta, repartiendo 3 asistencias y cogiendo un rebote, en la victoria ante los Blazers 99-92. “Mi sueño está cumplido, la lesión olvidada y tengo una gran ilusión por ser útil al equipo”, decía emocionado.

Pocos días más tarde, en el enfrentamiento en casa frente a los Grizzlies de su amigo Pau, se salió (12 puntos, 4 asistencias y 2 rebotes) en un último cuarto memorable ante su ídolo, Jason Williams. “Ha sido muy especial, muy bonito. Hemos hablado de muchas cosas antes, durante y después del partido” (Gasol).

Raúl demostraba que podía jugar allí y aprovechó la lesión de Carlos Arroyo (el titular, que tanto le ayudaba con el inglés) para aumentar su cuota de minutos y protagonismo. En la victoria sobre los Wolves de Minnesota había registrado 15 puntos, 8 asistencias y 4 rebotes en 35 ante Sam Cassell y frente a los Knicks rozaba el triple doble (12 puntos, 9 rebotes y 9 asistencias). Respondía a las exigencias físicas demandadas por Sloan que le había enseñado a poner bloqueos duros a los defensores de Kirilenko y Harpring. Ante los problemas físicos de éste, que le hicieron perderse muchos encuentros, Jerry había ideado sistemas para que Arroyo y López encontrasen una buena posición de tiro y reafirmasen su creatividad.

Ante los Lakers del fracasado proyecto de los 4 grandes (O´Neal, Bryant, Malone y Payton), Raúl se lució con 17 puntos, 5 asistencias y 4 tiros libres determinantes en la victoria 88-83. La temporada concluyó con derrota ante los Suns, record anotador de López (25 puntos y 5 asistencias) y un balance impensable de 42-40 que, sin embargo, no fue suficiente (en el Este si hubiera valido) para entrar en playoffs.

Para Raúl la hazaña viene de haber disputado los 82 partidos. “Me siento orgulloso del esfuerzo que hice por volver a jugar”. Sus promedios (19,7 minutos, 7 puntos y 3,7 asistencias) son mejores que los del primer Stockton (18 minutos, 5,6 puntos y 5,1 asistencias). Cae rendido ante el duro Sloan: “Le he escuchado muchísimas veces decir que se ha equivocado… Es un tío muy justo. Te exige todo, pero cuando lo haces bien es el primero en decírtelo”.

Muy a su pesar, renuncia a la selección en verano: “Nadie puede imaginar lo que me duele esta decisión… Pocos clubes son capaces de fichar a un tío que acaba de lesionarse y del cual no sabes si podrás disponer de él en el futuro. No tenían ninguna obligación contractual conmigo. Sólo un acuerdo verbal y lo respetaron de una manera admirable”. Juega en los parques de Badalona con sus amigos Francesc Cabeza, los hermanos Sada, Sergi Vidal o Alex Mumbrú y observa con envidia a sus compañeros en los Juegos de Atenas.

En el primer entrenamiento de la nueva temporada siente molestias y tiene que parar. Resultó premonitorio. Durante su ausencia, Howard Eisley entra como primer relevo de Arroyo (recién renovado por 16 millones de $ en 4 años tras sus exhibiciones atenienses) tras el fichaje de Mo Williams por los Bucks. Los Jazz retiran la camiseta con el nº 12 de su mito, John Stockton. Después de una artroscopia, Raúl recobra nivel en enero, hace 14 puntos y 14 asistencias ante los Suns de Steve Nash y Amare Stoudemire. Arroyo y Sloan chocan y el jugador sale en dirección a los Pistons. López convierte un triple ganador frente a los Lakers. En el triunfo ante los Sonics (109-100) completa su mejor partido del año con 20 puntos, 11 asistencias, 5 rebotes y 3 robos en 38 minutos y termina exhausto. En marzo saltan las alarmas, en un partido en el Staples Center su rodilla buena, la izquierda, emite signos de flaqueza. Se le diagnostica una osteocondritis y se le acaba la temporada. “Estaba hundido cuando hablé con él” (Sloan). “Me siento muy triste. Ha estado jugando muy bien, siendo una pieza importante para el equipo” (Carlos Boozer). Es operado en Barcelona por el doctor Ramón Cugat y en Salt City la franquicia empieza a desconfianzar de la salud del español: “Ésta ha sido su cuarta operación. Tendremos que ver qué sucede exactamente. Ha de admitir que está invirtiendo la mayor parte de su carrera en la rehabilitación”. Así las cosas entra en un traspaso múltiple que le había de llevar a Memphis, pero decide poner fin a su aventura americana y aceptar la oferta de Girona y regresa a la península.

Akaswayu

El ilusionante proyecto tenía una pinta excelente. Se presentó en una masía ante más de mil aficionados y se agotaron las camisetas con el número 24. Caras nuevas de relumbrón (Arriel McDonald, Terrrel Myers, Salenga, Kamerich, Dueñas, Thompson, Germán Gabriel y Fran Vázquez) en manos de un capaz Edu Torres, pero el plan quedó a medias. Accedieron a la Copa y se colaron en los playoffs ligueros, para caer 3-1 ante Tau Vitoria. Raúl aguantó bien la temporada completa, jugó 33 partidos (a una media de 24 minutos) con buenos dígitos: 9,9 puntos y 2,8 asistencias. Con la crisis inmobiliaria en el horizonte, el presupuesto se redujo y Raúl valora nuevas propuestas.

Vuelta al Madrid

Ramón Calderón gana las elecciones en el Madrid. Despide a Maljkovic. Aíto, Repesa, y Mahmuti le dan calabazas. Antonio Martín y Alberto Herreros saben de la buena sintonía de Joan Plaza (el segundo de Boza) con la plantilla. Cuando le ofrecen el puesto, su mujer incrédula, saca una foto del lugar de Irlanda donde su marido recibe la noticia. Plaza había coincido con López en la cantera de la Penya. Su fichaje (desembolsan los 500.000 $ que puso Girona para traerlo de Utah) supone un golpe mediático para la nueva directiva: “Raúl regresa a casa”, diría Calderón en la presentación.

Se complementa a la perfección con Tunceri (el base, mejor jugador de la liga turca) y el resto de los talentosos exteriores: Bullock, Marko Thomas, Charles Smith y Alex Mumbrú (fichado tras la negativa de Carlos Jiménez cansado de que le mareasen). El Madrid mina la zona con gladiadores (Felipe y Hervelle), potencia (Hamilton y Varda) y altura (Sonseca y Sinanovic). Un teórico diseño de perfil más bien bajo, deviene ganador. El Barsa de Ivanovic les revienta en el primer cuarto la Copa de Málaga, pero en Charleroi se proclama campeones de la Copa ULEB frente a Lietuvos Rytas con Charles Smith (19 puntos) en MVP y Raúl muy sólido (5 puntos y 3 asistencias en 27 minutos). El trofeo de corte menor entrega crédito al grupo.

En las semifinales ligueras llegan a Badalona con 1-2 en contra y dominio de los 3 bases verdinegros (Bennett, Huertas y Ricky). Raúl recobra el mando, para anotar 13 puntos en los partidos cuarto y quinto con triples fundamentales y acceder a la final. Al Barsa se le ventilan 3-1, con Raúl fundamental en los encuentros pares. Un triple suyo sentencia el último partido en el Palau. Felipe, MVP, inicia su leyenda.

Su juego en el siguiente curso, con exhibiciones fascinantes ante Panatinaikos en febrero o Barcelona (19 puntos con 4 triples) en mayo para cerrar la temporada regular le devuelve a la selección.

Plata en Pekín, Oro en Polonia y el frío de Moscú

Cuando parecía un capítulo cerrado, Aíto se lo lleva a los Juegos del 2008 junto a José Calderón y al emergente Ricky Rubio. Las vivencias de unos Juegos son especiales: Rafa Nadal subía continuamente a los apartamentos de los jugadores de basket porque se captaba la mejor cobertura de Wifi… Ricky como novato era el encargado de acudir al McDonald por provisiones… La experiencia de Raúl se manifiesta vital en el desenlace de la semifinal ante Lituania. Una zona atasca a los bálticos y su seguridad en los tiros libres (7 puntos, 3 asistencias y 2 robos) nos conduce a la célebre final olímpica. El restaurante Mare (de la mujer china del excantante de Aviador Dro) se convierte en el centro de las celebraciones del equipo.

Su salida del Madrid no termina de entenderla nadie, salvo el ponderado Ettore Messina que le dio por buscar un base y un alero cuando tenía a López y a Mumbrú. Su mastodóntico proyecto no cuajó con la directiva ni conectó con la grada.

Scariolo sí le tenía entre su personal de confianza y así le distinguió para el Europeo de Polonia (oro), en el que a partir de cuartos (providencial el encuentro de Raúl frente a la Francia de Parker) el equipo se mostró intratable con victorias de 20 puntos de media, y le embarcó para su aventura moscovita en el Kimkhi junto a Carlos Cabezas, donde al excéntrico dueño del equipo se le ocurrió replicar al milímetro el gimnasio de los Chicago Bulls o regalar unos magníficos gemelos Fabergé (a cada jugador una pareja de diferentes calidades en función de la importancia en el equipo, con el consiguiente lío). Hasta que se acabó la pasta, como casi siempre.
El Botxo

En Bilbao se reencuentra con Hervelle y Mumbrú y comparte posición con Aaron Jackson y Josh Fisher. Entra con el pie derecho, pues una recordada canasta suya en el último segundo da la victoria sobre el Montepaschi y pone a Bilbao a las puertas del Top 8 de la . “Para Raúl un tiro así es como una bandeja”, expondría Katsikaris, tras contemplar la demostración de su base (15 puntos en 15 minutos frente al mismísimo McCaleb). Con uno abajo en Málaga a falta de 2 minutos, Raúl se vuelve a hacer presente (un triple y una asistencia) para conceder el pase definitivo a las eliminatorias europeas.

A orillas del Nervión la gente le adora. Amén de su embaucador juego se valora su compromiso y cuando la huelga de marzo de 2014 y la posibilidad muy real de desaparición, el paisanaje sabe que desechó ofertas de otros lares (Scariolo lo quiso arrastrar en su vuelta a Gasteiz). El club cambia manos y la nueva directiva hereda una pella de 6 millones de euros. Los jugadores condonan parte de la misma para salir adelante. En verano el club es expulsado de la competición por la ACB, pero el TAD ordena su readmisión. Se confecciona una plantilla en días y la franquicia, de la mano de Sito Alonso, firma la mejor fase regular de la historia.

En 2016 se carga al Barsa en los cuartos coperos de La Coruña y sólo un triple sobre la bocina desde su campo de Joan Sastre ha dejado mudo Mirivilla y a Bilbao sin playoffs en el último partido del monstruo como jugador. Pese a la decepción, el homenaje de un pabellón y una afición entregada a la causa lo dice todo.

Un jugador único, evocador, germinal, vertebrador

Alumbró un tiempo nuevo. Su juego vistoso, alegre, entraba por los ojos, convocaba a la imaginación de cualquier aficionado avezado o novel. A todos impactaba por igual. Desvelaba a la vez impertinencia y sensatez. En él convergían planificación e improvisación. Su extraordinario inventario de recursos y fundamentos inagotables seducía a compañeros y rivales. Allá donde botó encontró la atención y el afecto de los hinchas. Su aspecto normal, del tipo tímido que te puedes cruzar en la escalera, llamaba a la adhesión en un universo de gigantes. De siempre resultó un armador excepcional de juego con una capacidad extrasensorial para crearse sus tiros y adivinar las situaciones más productivas de sus compañeros. Jamás se le conoció un mal gesto, se ganó el respeto reverencial del mundillo de la canasta. Su físico liviano, su minada carrocería, no sostuvo todo lo que su cabeza ideaba, pero su legado incalculable da para unos cuantos tratados. Su tesón, su fuerza de voluntad parecía incompatible con las virtudes que adornan a los genios, pero de otra manera hubiera sido imposible sus tres lustros en la élite.

“Tenía la capacidad de dejar al espectador con la boca abierta. Esa sensación de que con él en la cancha, nunca sabes lo que puede pasar de tantas posibilidades como tiene, incluida la de la sobriedad” (Alfred Julbe)

“De pequeño tenía mi habitación empapelada con posters de Jason Williams, Iverson, Jordan… y el único español que tenía era Raúl López. Su llegada a la NBA después de Pau fue la inspiración definitiva para ver ese viaje como algo posible” (Chacho Rodríguez),

La pregunta que siempre ha flotado en el ambiente, sólo admite una respuesta: de no haber caído lesionado, Raúl sólo hubiera vuelto a España de vacaciones a jugar con la selección y en febrero le hubiéramos visto en algún All Star con los mejores. No les quepa duda.

Estos días todos somos “hombres de negro” y vestimos con cierto luto. Se retira Raúl López, el preferido de muchos, el admirado por todos. GRACIAS Y MUCHA SUERTE CRACK

Por . Colaborador
Blog Contraataquede11
Foto: ACB Photo

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